Hito en la agricultura española: un joven germina semillas de tomate de 1916 en una pequeña huerta de Soria y consigue el sabor de siempre
Un agricultor de 27 años de Soria que se ha hecho viral por recuperar el sabor de los tomates de antaño
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Hay sabores que mucha gente da ya por perdidos. Es el caso del tomate con olor intenso, piel imperfecta y ese gusto que recordaba a las huertas de antes y que parece haberse ido apagando poco a poco entre variedades pensadas para durar más en estanterías y soportar viajes de cientos de kilómetros. Sin embargo, en una pequeña huerta vinculada a Soria, un joven agricultor ha conseguido recuperar algo muy parecido a aquel tomate que se comía hace más de un siglo. En concreto, plantó las semillas de un tomate de 1916 y el resultado ha sido increíble.
La historia tiene como protagonista a Emilio Medina, un agricultor palentino que ha logrado germinar semillas documentadas en Soria en el año 1916. Lo ha hecho lejos de laboratorios y grandes centros de investigación, utilizando métodos tradicionales, paciencia y el conocimiento que durante años ha ido recopilando de agricultores mayores. El resultado ha llamado la atención incluso fuera del ámbito agrícola. Según explicó en el programa Poniendo las Calles de COPE, el sabor obtenido es «muy, muy, muy similar» al de aquellos tomates que cultivaban y consumían nuestros antepasados hace más de cien años. Un trabajo que, además de recuperar una variedad histórica, vuelve a poner sobre la mesa el debate sobre cómo ha cambiado el sabor de muchos alimentos.
Un tomate de 1916 cultivado de nuevo en una huerta
Todo empezó con la recuperación de semillas antiguas conservadas por agricultores y familias rurales. Emilio Medina lleva años recopilando variedades tradicionales de distintas zonas, muchas de ellas guardadas durante décadas en bodegas, desvanes o pequeñas cajas olvidadas.
Entre todas ellas apareció una variedad de tomate documentada en Soria en 1916. A partir de ahí comenzó un proceso lento y muy manual: sembrar, seleccionar las mejores plantas y volver a guardar las semillas para mantener sus características generación tras generación. El agricultor explicó en COPE que la intención no era sólo conseguir que germinaran, sino recuperar también las propiedades originales del tomate, especialmente el sabor. Y según cuenta, el resultado ha sido sorprendente.
«Prácticamente será muy, muy, muy similar, con el mismo sabor que aquel tomate que comían nuestros antepasados en aquellos años», aseguró durante la entrevista. La afirmación contrasta bastante con la percepción que tienen muchos consumidores actuales, acostumbrados a tomates visualmente perfectos pero con menos aromay menos intensidad de sabor.
Un banco de semillas construido gracias a agricultores mayores
Detrás de este proyecto hay años de trabajo silencioso y mucha colaboración con personas mayores del entorno rural. Emilio Medina reconoce que gran parte de las semillas que conserva proceden precisamente de agricultores veteranos que seguían guardando variedades tradicionales en sus casas. Él mismo define su colección como un «banco de semillas personal», aunque lejos de limitarse a almacenarlas, las cultiva periódicamente para mantenerlas vivas y conservar su capacidad de germinación.
Actualmente cuenta con más de mil variedades distintas. Algunas llegaron desde pequeños pueblos y otras aparecieron casi por casualidad en lugares donde llevaban décadas guardadas. El trabajo también tiene una parte técnica importante. Los semilleros comienzan a germinar en casa utilizando sistemas tradicionales de calor desde el suelo, similares al antiguo hipocausto. En apenas unos días aparecen los primeros brotes, que después se adaptan progresivamente al exterior antes de pasar a la huerta.
Todo el proceso busca respetar al máximo el comportamiento natural de cada variedad y evitar una selección artificial basada únicamente en la apariencia o en la resistencia al transporte.
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Por qué estos tomates saben diferente
Una de las claves está precisamente en cómo se seleccionaron durante décadas las variedades comerciales. Muchas de las que hoy llenan supermercados fueron diseñadas pensando sobre todo en la producción masiva, la conservación y el transporte. Eso permitió tomates más resistentes y uniformes, pero en muchos casos también provocó una pérdida de sabor y diversidad genética. Las variedades antiguas que cultiva Emilio Medina funcionan de otra manera. Son plantas adaptadas durante generaciones al terreno concreto donde crecían, al clima y a las condiciones de cada comarca.
Según explica el propio agricultor, estas semillas tradicionales están acostumbradas a suelos duros, terrenos arcillosos, sequías y olas de calor. Esa adaptación natural les da una resistencia diferente y una personalidad muy marcada. «No tiene absolutamente nada que ver. Es otra liga», aseguró al comparar sus tomates con muchos de los que se venden habitualmente en grandes superficies.
Además, insiste en una idea que considera clave: cada territorio tenía sus propias semillas y muchas eran únicas. Por eso defiende la importancia de conservarlas antes de que desaparezcan definitivamente.
Una forma distinta de entender la agricultura
Mientras sigue trabajando también como bombero forestal, Emilio Medina ha convertido este proyecto en una forma de recuperar parte de la memoria agrícola que durante años fue desapareciendo silenciosamente. Más allá de la nostalgia, su trabajo plantea también otra manera de entender el campo, basada en la diversidad, la adaptación natural y la conservación de variedades locales.
En un momento en el que la agricultura intensiva domina gran parte de la producción alimentaria, iniciativas como esta vuelven a despertar interés entre consumidores que buscan productos con más sabor y más conexión con el territorio.