China instala más eólica en un año que Estados Unidos en toda su historia para ganar soberanía energética
La apuesta visionaria de China hace dos décadas por la energía eólica desafía a Europa y a Estados Unidos
Instaló 120 GW de eólica en 2025, frente a los 7 GW de EE.UU. y 19 GW de Europa
La directiva de Pekín de 2005 forjó la industria que hoy domina el mercado global de turbinas

China instaló en 2025 más capacidad de energía eólica que Estados Unidos en toda su historia, una hazaña que refleja dos décadas de planificación industrial visionaria y que sitúa al gigante asiático como potencia dominante en la transición energética global.
La apuesta del gigante asiático por la eólica no es sólo una respuesta al cambio climático es, ante todo, una estrategia de soberanía energética frente a la dependencia del petróleo y el gas del Golfo Pérsico.
El año de los récords
Según los datos publicados por el Consejo Mundial de Energía Eólica (GWEC), la industria instaló 165 gigavatios (GW) de nueva capacidad en 2025, un 40% más que el año anterior, el mayor salto anual registrado. De ese total, China aportó 120,5 GW, es decir, tres de cada cuatro megavatios instalados en el planeta fueron chinos. El contraste con el resto del mundo resulta revelador: Europa sumó 19,1 GW y Estados Unidos apenas 6,9 GW.
La capacidad eólica acumulada mundial alcanzó los 1.299 GW a finales de 2025. La potencia combinada de eólica y solar de China supera 1,6 teravatios, cifra que ya sobrepasa a la generación térmica tradicional del país.
La directiva que lo cambió todo
El origen de este dominio tiene fecha concreta: 2005. Ese año, Pekín promulgó la llamada Directiva 1204, que exigía a todos los parques eólicos instalados en China que al menos el 70% de sus equipos procediera de fabricantes nacionales.
Los proyectos que no cumplieran ese umbral no recibirían autorización. La medida forzó a multinacionales como Vestas, General Electric, Gamesa o Suzlon a construir fábricas en el país y a transferir tecnología a cientos de proveedores locales.
El resultado fue paradójico para las empresas extranjeras. Gamesa, que entonces controlaba el 30% del mercado chino, localizó casi toda su producción hasta ensamblar con un 95% de componentes chinos en 2009. Esos mismos proveedores comenzaron a abastecer a rivales domésticos emergentes, y la cuota de Gamesa se desplomó hasta el 3% en apenas unos años.

Pekín convierte la eólica en sector estratégico
Cuando Estados Unidos impugnó ante la Organización Mundial del Comercio las exigencias de contenido local en 2009, China retiró formalmente la norma. Sin embargo, Pekín redesignó de inmediato la energía eólica como sector estratégico y orientó la política de compras de los parques nacionales en favor exclusivo de fabricantes domésticos. Las empresas extranjeras cerraron oficinas de ventas y reconvirtieron sus fábricas chinas hacia la exportación.
El Estado también volcó subvenciones masivas en los campeones nacionales. Cuando Ming Yang Smart Energy salió a bolsa en 2010, su folleto detallaba cómo los gobiernos municipales le cedían suelo y le reservaban contratos en exclusiva. Hoy es el tercer fabricante mundial de turbinas. Los seis primeros puestos del ránking global son todos chinos.
La brecha con Europa y Estados Unidos
Las cifras de 2025 ilustran con crudeza la distancia entre modelos. China instaló en un sólo año más capacidad eólica que la que Estados Unidos ha desplegado acumulativamente desde que comenzó a desarrollar esta tecnología.
La Unión Europea, con 15,1 GW incorporados ese año, sigue por debajo del ritmo anual necesario para cumplir sus objetivos climáticos de 2030, según el propio GWEC.
En Estados Unidos, la administración Trump ha devuelto el foco a los combustibles fósiles. En seis semanas, destinó casi 2.000 millones de dólares a compensar a empresas energéticas que abandonaban proyectos de eólica marina, y paralizó más de 150 parques al retrasar revisiones militares antes consideradas rutinarias.
Eólica como escudo geopolítico
La guerra en Irán y el cierre parcial del estrecho de Ormuz durante dos meses han dado razón estratégica a la apuesta china. Mientras los vecinos asiáticos dependientes del petróleo del Golfo luchan por asegurar suministros, China, con sus enormes reservas de energía renovable y una red eléctrica de ultra alta tensión que transporta corriente a miles de kilómetros, ha gestionado la crisis con mayor comodidad.
Xi Jinping lo verbalizó en marzo: «La energía es un tema estratégico para el desarrollo; nuestro pionero desarrollo de la energía eólica y la tecnología solar ha demostrado ser visionario». La frase no era retórica: la eólica ya suministra el 10% de la electricidad china y esa cifra crece aproximadamente un punto porcentual cada año, mientras el carbón pierde dos puntos anuales.

El salto al mar y al mundo
China avanza también en la eólica marina, un segmento más complejo y con mayor potencial. China ya fabrica de manera íntegramente nacional todos los componentes clave de sus plataformas flotantes para aguas profundas, donde el potencial eólico se multiplica.
El pasado abril, China Huaneng Group completó el parque eólico marino más profundo del país, con turbinas a 45 millas de la costa en aguas de 55 metros de calado.
Las exportaciones de turbinas y componentes al conjunto de la Unión Europea crecieron un 66% en 2025, mientras los envíos a los países de la Ruta de la Seda se dispararon un 74%. En Oriente Medio y África, las empresas chinas captaron el 95% de la nueva capacidad regional instalada el año pasado.
El horizonte de los dos teravatios
El Consejo Mundial de Energía Eólica prevé que entre 2026 y 2030 se instalen 969 GW adicionales, con un promedio de 194 GW anuales hasta el final de la década. Si se mantiene esta tendencia, la capacidad global podría superar los 2 teravatios antes de 2030.
La energía eólica ha dejado de ser un vector climático secundario para convertirse en infraestructura estratégica nacional. China lleva dos décadas construyendo esa infraestructura con una disciplina y una escala que Occidente aún no ha igualado. El gigante asiático no sólo domina la producción de turbinas: aspira a definir las reglas del nuevo sistema energético global.