Ballenas Estrecho de Gibraltar

Las ballenas están gritando desesperadas en el Estrecho de Gibraltar y su voz ya no se escucha: el problema es más grave de lo que pensábamos

La ciencia está observando que las ballenas de la zona están gritando para comunicarse con sus grupos, aunque el esfuerzo es en vano

El ‘tiempo negativo’ es real y los físicos lo han confirmado: qué significa y cómo se puede ir hacía atrás

Estrecho de Gibraltar (Adobe)
Estrecho de Gibraltar

El océano ya no es lo que es aquel paisaje silencioso que solía ser. Bajo la superficie del mar hay motores, hélices y cascos de embarcaciones gigantes que está afectando y generando un problema grave en la vida marina, sobre todo en las ballenas.

No hay que irse muy lejos para comprender el problema. En el Estrecho de Gibraltar, los cetáceos están viviendo al límite. De hecho, la ciencia está observando que las ballenas de la zona están gritando para comunicarse con sus grupos, aunque el esfuerzo es en vano. Y es que los datos revelan que apenas están logrando llegar a la mitad del nivel de ruido que genera el tráfico marítimo.

La pregunta más lógica que nos haríamos todos es por qué no es más fuerte esa llamada. La realidad es que existe un límite fisiológico en sus laringes que hace imposible que alcen más la voz, a pesar de que la anatomía vocal de las ballenas está adaptada a esas profundidades.

Impacto en la zona del Estrecho de Gibraltar

A este problema, se le añade otro que es el comportamiento de las ballenas, ya que la naturaleza les ha preparado para lidiar con el ruido natural del océano pero el humano les es ajeno. No procesan el sonido de un barco como una amenaza de la que deban huir o a la que deban adaptarse hasta que es demasiado tarde y acaba en catástrofe.

Todo esto obliga a estos animales a abandonar las zonas de alimentación ricas por áreas más empobrecidas. Otro problema añadido es que, al no comunicarse entre ellos, las tasas de encuentro para reproducirse caen. Al final, es un problema muy grave, que ha llevado a diferentes instituciones como el Ministerio para la Transición Ecológica a monitorizar estos puntos calientes de ruido en el mar Mediterráneo que está alterando el comportamiento de la fauna.

Más de la mitad del ruido submarino de origen humano procede del sector del transporte marítimo comercial, según los estudios científicos citados en la encuesta. El sonido es la señal principal que utilizan los animales marinos, desde las ballenas más grandes hasta el plancton más diminuto, para comunicarse, orientarse, encontrar alimento y evitar depredadores.

Los europeos opinan

En este sentido y en este contexto, una encuesta encargada por la organización de protección animal IFAW y realizada por Ipsos bva en febrero de 2026 entre 5.000 personas de cinco países (Francia, Alemania, los Países Bajos, España y Suecia) revela que el 89% de los encuestados considera que el problema debe abordarse de forma urgente.

La misma mayoría respalda medidas concretas: el 84% apoya reducir la velocidad de los buques comerciales y de recreo, incluso asumiendo que ello implique mayores costes de envío y retrasos en las entregas. El informe, publicado en marzo de 2026, llega en un momento en que el debate sobre la regulación del ruido submarino cobra fuerza en las instituciones europeas.