Embajador de Marruecos en España

Embajador de Marruecos en España

Hoy Pedro Sánchez, en su comparecencia en el Congreso de los Diputados en la que tenía que informar sobre la gestión de su Gobierno en relación con la invasión que viene sufriendo Ceuta desde el pasado día 30 de julio, se ha dignado a informar a la ciudadanía a la que preside de que, hace dos semanas, el pasado 21 de agosto, su Gobierno convocó a la embajadora formal de Marruecos en España, Karima Benyaich, para protestar por las declaraciones públicas efectuadas días antes por dos ministros marroquís, el de Justicia, Abdellatif Ouahbi, y el de Asuntos Islámicos, Ahmed Tufiq, en las que habían reivindicado los «derechos históricos y geográficos» de Marruecos sobre Ceuta y Melilla, hablando también de una «lucha sagrada para liberar las ciudades ocupadas». Ambas declaraciones fueron públicas. La protesta del Gobierno español fue privada y secreta y solo nos hemos enterado medio mes después, cuando a Sánchez le ha convenido.

Convocar a un embajador extranjero para comunicar una discrepancia es, por un lado, una medida protocolaria que sirve para tratar de reconducir la relación entre ambos países y para advertir de las consecuencias que tendría la persistencia en esas acciones que se consideran inaceptables. Pero también debe ser un instrumento que sirva para mostrar públicamente, tanto ante la ciudadanía propia, como ante los aliados y la opinión pública de ese país extranjero, que el Gobierno ha reaccionado y ha dejado claro los efectos que tendría mantener esa actitud que se rechaza tajantemente. En este caso, Pedro Sánchez ha demostrado que él prefería que las opiniones públicas tanto de España como de Marruecos, no se enterasen de ese rechazo que, en lugar de incidente diplomático quizá debería calificarse mejor como insignificante malentendido que convenía aclarar sin hacer demasiado ruido ni molestar mucho a su majestad el rey Mohamed VI, comendador de los creyentes, que Alá le asista.

Una hora y diez minutos se ha pasado Pedro Sánchez en la tribuna del Congreso, aburriendo a las ovejas y haciendo bostezar hasta a sus propios diputados. Y casi el noventa por ciento de su intervención ha sido para repetir una y otra vez que él no sabía nada. Casi una hora completa ha dedicado el presidente del Gobierno en insistir en que nadie, ni la policía, ni el ejército, ni nuestros servicios secretos, le contaron a él que uno de cada cinco habitantes de Tetuán (capital del Protectorado español que tiene unos 423.000 habitantes a unos 30 km de Ceuta) y Castillejos (ciudad costera marroquí limítrofe con Ceuta, de 77.000 habitantes), se habían puesto de acuerdo para acercarse, todos juntos, hasta la frontera con España con la clara intención de traspasarla ilegalmente. Más de 100.000 personas se juntaron en la frontera y más de 80.000 lograron cruzarla, sin que nadie advirtiera a Pedro Sánchez. Eso es lo que pretende que nos creamos y a eso ha dedicado su soporífera intervención en el Congreso.

Los jueces prevarican contra él y su familia. La policía actúa a sus espaldas y le oculta información vital. La prensa confabula contra él fabricando bulos. Rusia, Israel, Elon Musk y la internacional ultraderechista, le tienen manía. Todo eso quiere que nos traguemos sin masticar. Pedro Sánchez solamente tiene un «socio absolutamente fiable», «aliado imprescindible», «vecino amigo» y «colaborador ejemplar y leal», el rey Mohamed VI de Marruecos, el del software espía Pegasus. Ese por el que hemos perdido a nuestro principal suministrador de gas natural, Argelia, con quien nos hemos enfrentado al entregarle el Sáhara a Marruecos sin contar con nadie. El país cuyos gendarmes nos envían a 100.000 invasores al mismo tiempo que sus ministros reivindican nuestras ciudades. No tiene ningún sentido que Pedro Sánchez convoque en secreto a la embajadora de Marruecos en España, es más, el vecino magrebí no necesita tener ningún diplomático en nuestro país, porque Pedro Sánchez ya ejerce como el mejor embajador de Marruecos en España.

Lo último en Opinión

Últimas noticias