Casa y cuartel, ETA contra la Benemérita

guardia civil
  • Pedro Corral
  • Escritor, investigador de la Guerra Civil y periodista. Ex asesor de asuntos culturales en el gabinete de presidencia durante la última legislatura de José María Aznar. Actual diputado en la Asamblea de Madrid. Escribo sobre política y cultura.

La casa-cuartel nació con la Benemérita, en concreto con su Reglamento para el servicio de la Guardia Civil, aprobado por decreto en 1844, año de la fundación del instituto armado a instancias de un bilbaíno, Manuel de Mazarredo, ministro de la Guerra, y de un pamplonés, el duque de Ahumada, su primer director.

En el citado reglamento se establecía que «en las poblaciones grandes donde se reúnan más de 50 hombres de la Guardia Civil, se facilitará por el ministerio de la Gobernación de la Península una casa-cuartel». Asimismo, se dictó que se fueran proporcionando casa-cuarteles en los demás pueblos.

La historia de la Guardia Civil está vinculada a esa singular forma de presencia en el territorio. Su hoja de servicios a España no puede entenderse sin esa comunión entre agentes y familias, que es parte sustancial también de los valores y el espíritu de la Benemérita.

La Fundación Miguel Ángel Blanco, que preside Marimar Blanco, ha realizado un extraordinario documental sobre el sacrificio de los guardias civiles y sus familias en la lucha contra el terrorismo. Los datos son heroicos y elocuentes: 210 guardias civiles asesinados y 468 heridos; 17 familiares muertos, 11 de ellos niños y dos adolescentes, y 170 heridos; además de 389 personas ajenas al instituto heridas en atentados contra la Benemérita.

Son las cifras reflejadas en la película Casa y cuartel. ETA contra la Benemérita, con Cristina Cuesta como productora ejecutiva. Se trata del sexto rodaje del director y guionista Felipe Hernández Cava para la fundación que lleva el nombre del concejal de Ermua asesinado. A esta serie pertenecen títulos ya imprescindibles como Una familia vasca. Los Baglietto, Las buenas sombras o Un viernes y trece.

La mirada de Hernández Cava a los protagonistas casi invisibles de la historia nos devuelve el relato de lo cotidiano, doméstico y familiar violentado por los zarpazos más inmisericordes e inhumanos de la barbarie etarra. La figura que hilvana el filme es la de Juan Manuel Piñuel Villalón, guardia civil muerto con 41 años en la explosión de una furgoneta cargada de explosivos ante la casa-cuartel de Legutiano (Álava) en la madrugada del 24 de mayo de 2008.

El documental señala la coincidencia de que Piñuel naciera en 1967, el mismo año en que ETA hizo llegar a los agentes de la Guardia Civil una carta en la que les conminaba bajo amenaza a abandonar el País Vasco. A esta misiva le siguió en 1968 una segunda, dirigida esta vez a las mujeres, para que sus maridos abandonaran el instituto armado o sus destinos.

Manuela Simón, cabo primero de la Guardia Civil, coautora de Historia de un desafío, afirma que la casa-cuartel «era casi la única representación del Estado» en las pequeñas localidades del País Vasco y Navarra. A pesar de los ataques etarras, y el riesgo que conllevaba para sus familias, «supimos sufrir y seguir sirviendo a los ciudadanos», subraya Simón, porque si los guardias civiles hubieran dejado de cumplir su labor para limitarse a la autoprotección, «habría sido el triunfo de ETA».

La estrategia de acoso y hostigamiento a los miembros de la Benemérita y sus familias se hizo con la complicidad o la indiferencia de gran parte de la población vasca. Miguel Ángel Cano, autor de El síndrome del Norte, recuerda cómo un carnicero, al ver entrar en su negocio a la que después sería viuda de un agente asesinado por ETA, llegó a decir: «Guardia civil nuevo, pijama de madera»

Guardias y vecinos que tenían un trato amable en privado, en público se negaban el saludo por la seguridad de ambos, como recuerda Antonio Valenzuela, destinado como agente del Seprona en la casa-cuartel de Urdax (Navarra), en la que vivió uno de los atentados con granadas anticarro que sufrió la instalación.

Esther Salgueiro era la segunda de los siete hijos de Aurelio Salgueiro, cabo primero de la guardia civil, destinado en la casa-cuartel de Mondragón y asesinado en 1978 por los Comandos Autónomos. En el filme de Hernández Cava cuenta cómo el lechero que les llevaba la leche dejó de hacerlo porque le amenazaron de muerte si seguía sirviendo a los guardias civiles y a sus familias.

El día que asesinaron al padre de Esther, un vecino se acercó ya avanzada la noche a la casa-cuartel para dejar un ramo de flores y después salir raudo de allí antes de que alguien lo viera. «Había gente muy cerrada, pero también había gente muy buena», recuerda Juan Carlos Espetón, guardia civil destinado en la casa-cuartel de Durango, donde fue herido en el atentado con coche bomba de 2007.

Los ataques a las casa-cuarteles fueron creciendo en los años de plomo con explosivos colocados en el exterior, lanzamiento de granadas o ametrallamiento a los agentes de guardia. ETA empezaba ya a mostrar su perfil más siniestro, con varios niños heridos en los atentados contra las de Laredo, Lecumberri, Las Arenas y Araya.

Pero es en 1987 cuando ETA da su definitivo salto a las más altas cotas de vileza y cobardía criminales con el ataque contra la casa-cuartel de Zaragoza, en la que vivían 40 familias, más de 180 personas. La explosión de un coche bomba cargado con 250 kilos de amonal redujo la edificación a escombros, causando once muertos -tres guardias, dos mujeres y seis niños- y ochenta y ocho heridos, la mayoría civiles.

Los ataúdes blancos no arredraron a los etarras, sino todo lo contrario. En 1989, la banda terrorista intenta una nueva masacre en la de Llodio (Vizcaya), donde vivían cincuenta guardias, nueve mujeres y ocho niños. Utilizaron las alcantarillas para explosionar media tonelada de explosivos. No hubo que lamentar ni siquiera heridos.

Dos años más tarde, ETA destruye la de Vich con un coche bomba con 216 kilos de amonal que hace estallar en el mismo patio de la casa-cuartel. La deflagración acaba con nueve vidas -la de dos guardias, dos mujeres y cinco menores de edad- y causa 44 heridos.

En 2002 vuelven a intentar una matanza de mujeres y niños en la casa-cuartel de Urdax (Navarra). Ese mismo 2002 atentan contra la de Santa Pola (Alicante) asesinando a una niña de seis años, hija de un guardia civil, y a un jubilado.

En 2007 atacan la de Durango (Vizcaya), en 2008 se produce el atentado contra la de Legutiano (Álava) y en 2009 el ataque contra la de Burgos, que pudo haber sido la mayor masacre de guardias y familiares, con 700 kilos de explosivos, que causó 64 heridos, entre ellos seis niños y dos mujeres embarazadas.

El documental dirigido por Hernández Cava es un conmovedor homenaje a las familias de los guardias civiles, y especialmente a sus mujeres. Su apoyo incondicional a sus maridos, compartiendo sacrificios, pesares e inquietudes, al tiempo que sacaban adelante a sus hijos, es uno de los más elevados ejemplos de patriotismo que se han escrito en las páginas de la Historia de España.

A la vez, como subraya Esther Salgueiro al recordar a su madre, que apenas sabía firmar porque casi no había podido ir al colegio, la lucha de estas mujeres ya viudas para dar un futuro a sus hijos es una lección imborrable de valor y fortaleza. Como imborrable es también la que dio a los etarras y sus cómplices un ingeniero santanderino que trabajaba en Vitoria: Javier Pernía, que todas las semanas pasaba por las ruinas de la casa-cuartel de Legutiano donde había sido asesinado Juan Manuel Piñuel para dejar unas flores en recuerdo del agente, de su viuda y de su hijo.

Los proetarras destruían cada semana el pequeño monumento en memoria de aquel héroe de la Guardia Civil y cada semana Pernía lo volvía a instalar. «No les bastó con matarlo, fueron contra él hasta después de muerto», afirma el ingeniero.

Este ejemplar ciudadano ha hecho del solar donde antaño se levantaba la casa-cuartel de Legutiano un monumento sin límites, un espacio infinito lleno de gratitud y de admiración a los hombres y mujeres de la Guardia Civil y a quienes los siguieron en su sacrificio por la libertad de todos los españoles por una razón tan simple y valiosa, y a veces tan hermosamente indescifrable, como el amor, que todo lo vence.

Lo último en Opinión

Últimas noticias