Bloqueo de Ormuz… y de las negociaciones por el fin de la guerra
La guerra desencadenada el pasado 28 de febrero por Donald Trump en coalición con Israel contra la dictadura teocrática de los ayatolás iraníes se ha convertido en un grave conflicto de difícil final. El primer día del ataque de Furia Épica sobre la capital, Teherán, fue de una precisión extraordinaria, acabando con la cúpula religiosa, política y militar del régimen, con el ayatolá Ali Jamenei en cabeza. La similitud de ese comienzo con lo sucedido en Venezuela y el derrocamiento de la dictadura chavista de Maduro, quizás hizo pensar por parte de alguien en un final análogo en Irán. Si así fue, el error ha sido extraordinario y acreditaría un gran desconocimiento de la diferencia existente entre ambos países y sus respectivas sociedades.
Venezuela, un país hispano de raíces cristianas, e Irán, sucesor de la histórica Persia, y musulmán en su cultura y valores. Hoy ya han transcurrido 44 días del comienzo de la guerra, y la última noticia es que la negociación para alcanzar un final acordado de la misma entre EEUU e Irán está en un momento de tensión y crisis nada más comenzar las conversaciones. La capital paquistaní, Islamabad, es el lugar elegido para las mismas, en atención al papel mediador jugado por el Primer Ministro de Pakistán para conseguir un «alto el fuego» durante dos semanas en la región de Oriente Medio. Plazo dado para esa negociación, que desde el primer momento ha tenido un inicio convulso al considerar Israel que el Líbano no estaba incluido en ese alto el fuego, frente a la opinión iraní.
Su consecuencia, como es sabido, ha sido un gran ataque israelí contra el sur libanés, donde la milicia chiita Hezbolá está asentada y desde allí ataca a Israel. Es la frontera norte del Estado de Israel, al igual que Gaza está al sur. Con sendas milicias chiíes, Hezbolá y Hamás, dirigidas por la Guardia Revolucionaria iraní y asentadas en ellos como virtuales tentáculos armados suyos antiisraelíes. Las cuestiones claves para alcanzar un acuerdo negociado de paz, además de este, son el estrecho de Ormuz, por donde se transporta el 20% del petróleo mundial, y el uranio enriquecido. Necesario para conseguir armamento nuclear, objetivo estratégico de Irán para ser la potencia dominante en Oriente Medio. Lo que es incompatible con la mera subsistencia del Estado de Israel, dada su continuada voluntad de acabar con él y «echar a los judíos al mar».
La evolución de los acontecimientos es continua y basta recordar lo que comentamos la pasada semana acerca del «lenguaje trumpista», utilizado para exigir su apertura a la navegación libre y segura, tras haber lanzado otro ultimátum a los ayatolás amenazando con la absoluta desaparición de su civilización. Finalmente, tras sentarse a negociar un acuerdo de paz en Islamabad y negociar durante 21 horas, ambas partes se han ausentado por considerar Irán inaceptables las condiciones impuestas por EEUU. De manera especial por no aceptar renunciar a su programa nuclear y a no controlar el estrecho de Ormuz. El vicepresidente J. D. Vance, que encabeza la delegación estadounidense, regresó ayer a su país para exponer a Trump con la debida precisión las diferencias existentes. Y la primera reacción del presidente ya se conoce: un estricto bloqueo naval en Ormuz. Con la orden a su fuerza naval de impedir el acceso y la salida de cualquier embarcación en el estrecho, aunque oficialmente ambas partes no dan por rota la tregua, que consideran una suspensión temporal de la misma.
El bloqueo de Ormuz afecta seriamente a la economía iraní, que ha establecido un peaje de dos millones de dólares por cada embarcación que lo atraviesa. Entre tanto, el precio del gas y del barril de petróleo se ha disparado con un gran impacto en la economía de los estadounidenses, lo que tiene un efecto político muy sensible para Trump. Con elecciones en noviembre de «mitad de mandato», en las que, de ser derrotado, perdería el control del Congreso, lo que le impediría poder legislar. Una situación que remite a la que tenemos en España con el sanchismo sin mayoría en el Congreso y el Senado, y sin ningún presupuesto aprobado en toda la legislatura. Llamativa similitud entre el gobierno de Sánchez y Trump.