Opinión

Basura para todos: la publicación de los archivos sobre Epstein conmocionan la escena política en Estados Unidos

  • Carlos Esteban
  • Columnista de Internacional. Quince años en el diario líder de información económica Expansión, entonces del Grupo Recoletos, luego en Intereconomía, donde fundó el semanario católico Alba, escribió opinión en Época, en La Gaceta y ahora como freelance en OKDIARIO.

De golpe, de un día para otro, mientras el mundo espera tenso que la flota norteamericana inicie el ataque definitivo contra Irán, ha estallado el archivo de Jeffrey Epstein.

Publicados por virtud de una ley aprobada casi por unanimidad en el Congreso y aceptada a regañadientes por Donald Trump, los archivos sobre el presunto proxeneta de los ricos y poderosos, «suicidado» misteriosamente en prisión, tienen a los estadounidenses en estado de shock. Hay material escandaloso para todos los gustos, de todos los pelajes y contra todos los bandos; para hundir al gobierno y para machacar a sus rivales demócratas. Abundan las acusaciones más peregrinas contra los personajes más conocidos del público americano y mundial, una confirmación aparente de las teorías conspiratorias más inverosímiles y un tsunami súbito de basura casi imposible de digerir para los ciudadanos. Correos, vídeos, fotos, declaraciones, chivatazos.

¿Ejemplos? Bill Gates contagiado de una enfermedad venérea por una de las chicas de Epstein, suplicando antibióticos que colar subrepticiamente en la comida de su esposa, de la que acabó, de hecho, separándose tras aparecer su nombre entre los habituales del Lolita Express, el avión privado en el que Epstein llevaba a sus invitados a su isla privada en las Islas Vírgenes Estadounidenses, Little St James. Y describiendo su miembro viril al propio Epstein en otro correo.

Vídeos de menores en el avión de marras preguntando al propio Epstein «¿a dónde me llevas?». Epstein viajando a París con Woody Allen para asistir, dice el correo, «a una convención de pedófilos». Un niño al que le cortan ritualmente los pies con una cimitarra (?) antes de ser violado por Bush padre y luego destripado. Correos que relacionan al príncipe Andrew con una esclava sexual torturada y asesinada. Orgías caníbales, torturas, rituales satánicos, bromas macabras.

Y nombres, muchos nombres: el exprimer ministro israelí Ehud Barak, el genio de la física Steven Hawkins, el intelectual referente de la izquierda americana Noam Chomsky, el exjefe de gabinete John Podesta (asociado en su día con el Pizzagate, otra formidable y desacreditada teoría de la conspiración de redes pedófilas), el jefe de estrategia de Trump al inicio de su primer mandato Steve Bannon, y el actual secretario de Comercio, Howard Lutnik. Y, naturalmente, Trump y Elon Musk.

Se necesitaría uno de esos corchos utilizados en las investigaciones policiales más complejas para establecer todas las relaciones, todas las revelaciones. El efecto de esta revelación podría ser devastadora para la vida política norteamericana de los próximos años, sino décadas. Y una de las razones de que esto sea así es que buena parte del público ignora o finge ignorar cómo funciona una investigación policial.

Me refiero a que en un caso así, tan inabordable, con tantas conexiones más o menos oscuras, la policía -en este caso, el FBI- tiene que registrar cualquier pista que llegue a sus manos, por disparatada que resulte. Y pueden estar seguros de que una porción enorme de todas esas pistas y de las denuncias son pura fantasía. Sucede siempre, y si usted ha leído algo de lo que he descrito con escepticismo, enhorabuena: casi con toda seguridad, es falso.

Muy poco de lo que se está publicando tiene por qué ser cierto. En ocasiones las propias fichas aclaran que se trata de acusaciones sin fundamento ni credibilidad. Pero al tuitero medio eso le da igual: es carnaza contra el enemigo favorito, y aquí hay material a gusto de todo el mundo.

Los documentos indudables, los correos electrónicos, dicen muy poco. Podrían perfectamente ser bromas secretas, chistes privados. Muchos de ellos admiten incontables interpretaciones, de las que el público suele elegir la más morbosa aunque no por ello más creíble. Nada o casi nada que se aceptase en un tribunal en un caso real.

Pero luego hay otra cosa, algo que sí puede hacer un daño irreparable incluso entre los más escépticos y sensatos: el tono, los contactos, la imagen que sale de todos estos correos de una élite política, económica y cultural en la que todos son amigos, incluso los que figuran como rivales o los que no deberían tener relaciones tan estrechas.

Mientras, los analistas se preguntan quién está realmente detrás de este diluvio que coincide con dos aprietos cruciales para la Administración Trump: una guerra a punto de iniciarse contra Irán con resultados inciertos y una situación de preguerra civil en Mineápolis a cuenta de las actuaciones de los agentes de inmigración.