El 1 de mayo: manifestación contra… ellos mismos

1 mayo

El 1 de mayo era el día de los trabajadores contra el poder.
Ahora es el día del poder disfrazado de trabajador.

Este año hemos visto a Yolanda Díaz y María Jesús Montero en la manifestación. Pancarta en mano. Gesto serio. Foto perfecta. Sólo hay un pequeño problema: ellas son el poder.

La escena es difícil de mejorar. El Gobierno manifestándose. El Ejecutivo protestando. Los responsables quejándose de… los responsables. Un concepto político nuevo: la automanifestación.

¿Contra quién protestan exactamente? ¿Contra Pedro Sánchez? ¿Contra su propio Consejo de Ministros? ¿Contra el BOE que ellos mismos aprueban?

Es como ver a un equipo celebrando un gol en propia puerta.

La izquierda española ha perfeccionado un arte: gobernar como si estuviera en la oposición. Tomar decisiones… y luego salir a la calle a protestar por sus consecuencias. Firmar medidas por la mañana y sujetar pancartas por la tarde.

Responsabilidad cero. Escenografía diez.

Y en medio, los sindicatos. Que antes apretaban al poder y ahora, en demasiadas ocasiones, parecen más cómodos acompañándolo. De contrapoder a comparsa. De tensión a coreografía.

Todo muy reivindicativo. Todo muy simbólico. Todo muy… vacío.

Porque mientras se hacen fotos, la realidad sigue ahí: sueldos que no llegan, alquileres imposibles, jóvenes que no se pueden ir de casa. Pero eso no sale en la pancarta. Eso no queda bien en campaña.

El 1 de mayo debería incomodar al Gobierno. Pero si el Gobierno encabeza la manifestación, se acabó la incomodidad. Queda el teatro.

Un teatro en el que los mismos que mandan hacen de manifestantes, los que deberían protestar aplauden y nadie asume nada.

Y así, año tras año, hemos conseguido algo brillante: convertir una jornada de reivindicación en un acto de propaganda.

Porque cuando el poder se manifiesta… ya no queda nadie contra quien manifestarse

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