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Dicen que es el marsupial más raro del mundo: solo hay 150 ejemplares libres y los zoólogos no saben qué hacer para salvarlo de la extinción

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Ejemplar de potoroo de Gilbert en su hábitat natural.
  • Sofía Narváez
  • Periodista multimedia graduada en la Universidad Francisco de Vitoria, con un Máster en Multiplataforma por la Universidad Loyola. Editora en Lisa News con experiencia en CNN y ABC.

Menos de 150 ejemplares del potoroo de Gilbert sobreviven en libertad, lo que convierte a este pequeño marsupial en el mamífero más raro del planeta. Los zoólogos llevan años buscando la forma de frenar su extinción, y ahora han encontrado una vía inesperada: analizar el ADN presente en sus excrementos para decidir dónde trasladarlos con garantías de supervivencia.

El animal, descubierto en 1841 y dado por perdido durante más de un siglo, fue redescubierto en 1994 en una pequeña zona costera del suroeste de Australia. Un incendio forestal arrasó en 2015 el 90% de su hábitat principal en Two Peoples Bay, lo que obligó a los conservacionistas a buscar nuevos territorios seguros donde reubicar a la especie antes de que fuera demasiado tarde.

En qué se diferencia el potoroo de Gilbert de un marsupial normal

El potoroo de Gilbert pertenece a la misma familia que los canguros y los ualabíes, con la que comparte el marsupio característico de estos animales, pero su aspecto y su dieta lo alejan por completo del estereotipo. Su tamaño apenas supera el de un conejo, muy lejos de los dos metros que puede alcanzar un canguro común, y su hocico puntiagudo se curva hacia abajo, una forma que le facilita excavar con sus fuertes garras delanteras en busca de alimento bajo tierra.

La diferencia más llamativa está en el menú. Mientras que los canguros comen pasto y arbustos y los koalas se alimentan casi exclusivamente de hojas de eucalipto, más del 90% de la dieta del potoroo de Gilbert consiste en trufas y hongos subterráneos, muchos de ellos todavía sin describir por la ciencia. Esta especialización extrema explica por qué trasladar a estos animales a un nuevo bosque resulta tan complicado: si el terreno no tiene las especies de hongos adecuadas, el potoroo no sobrevive.

Qué está haciendo la ciencia para salvar al potoroo de Gilbert

Investigadores de la Edith Cowan University, liderados por Rebecca Quah, utilizan una técnica llamada metabarcoding de ADN ambiental para resolver este problema. El proceso arranca con la recogida de muestras fecales en el bosque, tanto del propio potoroo como de otras especies que comparten su hábitat, como los bandicuts o los quokkas.

En el laboratorio se extrae el ADN y se amplifica mediante PCR utilizando marcadores genéticos que identifican de forma específica al reino de los hongos, antes de secuenciar millones de fragmentos y compararlos con bases de datos globales.

El resultado permite a los científicos saber con precisión qué especies de trufas subterráneas habitan un terreno concreto, sin necesidad de excavar el suelo ni de capturar o molestar a los animales. Si el análisis de las heces de otras especies revela que ya se alimentan de los mismos hongos que necesita el potoroo, el bosque se convierte en un candidato seguro para una nueva liberación. Este método sustituye a las técnicas anteriores, que obligaban a revisar manualmente esporas bajo el microscopio con resultados mucho menos precisos.

La necesidad de esta herramienta surgió de un fracaso previo. Un intento de liberación de emergencia en la isla Michaelmas no funcionó porque los potoroos trasladados no encontraron suficiente alimento en su nuevo entorno.

Desde entonces, el Gobierno de Australia Occidental ha establecido varias poblaciones de reserva en ubicaciones más estudiadas: Bald Island, libre de zorros y gatos salvajes desde 2005 y el refugio más exitoso hasta la fecha; Middle Island, en el archipiélago de la Recherche, donde guardaparques indígenas monitorean el crecimiento de la población desde 2017; y el santuario vallado de Waychinicup, un entorno controlado en tierra firme protegido con un cercado especial contra depredadores invasores.

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