Descubrimiento botánico

Cuando los científicos creían haberlo visto todo, el ADN saca a la luz una nueva especie de árbol baobab en Madagascar

nueva especie de árbol baobab
Baobabs. Foto: Pexels.
  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

Identificar una nueva especie de árbol baobab en pleno siglo XXI parecía tarea imposible. Los baobabs malgaches llevan generaciones estudiados por botánicos de medio mundo, catalogados, fotografiados y convertidos en símbolo turístico de Madagascar.

Sin embargo, un grupo de investigadores acaba de demostrar que, bajo esa apariencia de tema cerrado, todavía quedaban preguntas básicas por responder sobre cuántas especies distintas se esconden realmente entre sus ramas y sus enormes troncos centenarios.

‘Adansonia bozy’: así se llama la nueva especie de árbol baobab hallada en Madagascar

El hallazgo que abordaremos a continuación llegó de la mano de un equipo de genetistas que decidió mirar más allá de las hojas y las flores, la forma tradicional de distinguir un baobab de otro. Analizaron el ADN de decenas de ejemplares repartidos por distintas regiones de la isla y compararon secuencias genéticas completas.

Y por fin dieron con algo que les llamó la atención y le pusieron nombre científico: Adansonia bozy. Durante décadas, los ejemplares del norte de Madagascar se dieron por simples variantes de Adansonia za, la especie más extendida del sur de la isla, debido a su parecido en hojas y tallos.

El análisis genético reveló que en realidad se trata de una nueva especie de árbol baobab, más emparentada con otros dos linajes del norte malgache que con su supuesta pariente sureña.

Adansonia za. Foto: Hectonichus / CC BY-SA 3.0.
Así luce el adansonia za. Foto: Hectonichus / CC BY-SA 3.0.

En lo que respecta al método aplicado del estudio, publicado en la revista ‘Taxon’ y liderado por la investigadora Nisa Karimi (Missouri Botanical Garden, en colaboración con las universidades de Wisconsin-Madison e Iowa State), este se apoyó en tecnología de secuenciación genética dirigida.

¿Por qué esta especie de baobab pasó desapercibida durante más de cien años?

El motivo por el que nadie había separado antes ambas especies tiene que ver con lo difícil que resulta distinguir un baobab de otro solo mirando sus hojas.

«Es sorprendente que todavía estemos respondiendo preguntas biológicas básicas sobre los baobabs, en términos de cuántas especies existen realmente en el paisaje», reconoce Nisa Karimi, autora principal del estudio publicado en julio de 2026.

Cabe remarcar que, para saber realmente qué especie tienen delante, los botánicos necesitan ver los árboles en flor, algo que solo ocurre durante un breve periodo del año y con flores que se abren después del anochecer, muchas veces a más de 30 metros de altura.

«Para saber qué estás mirando, tienes que verlos florecer», resume en la misma línea la investigadora, que atribuye a esta dificultad de campo el retraso de más de un siglo en corregir la clasificación.

Lo que cambia esta nueva especie de baobab para la conservación en Madagascar

El descubrimiento obliga a actualizar los libros de botánica. Antes de este estudio, Madagascar tenía seis especies endémicas de baobab; ahora pasan a ser siete, lo que eleva a nueve el número total de especies del género Adansonia repartidas entre la isla, el continente africano y Australia.

Y ojo, que no se trata de un simple ajuste de nombres: cada especie reconocida formalmente puede acceder a fondos y programas de conservación propios.

Adansonia bozy crece en la región del río Sambirano, en el noroeste de la isla, un área cada vez más presionada por la tala para plantaciones de cacao y por la agricultura de tala y quema de arroz.

Ahora, todo apunta a que la nueva especie entrará en la Lista Roja de la UICN dentro de la categoría en peligro, mientras que Adansonia za, al perder parte de su territorio norteño, también podría necesitar una revisión de su estatus de conservación.

El reto pendiente para esta nueva especie de árbol: nombrarlo para poder protegerlo

Para el equipo de Karimi, este hallazgo demuestra que la taxonomía sigue siendo una herramienta de conservación, no solo un ejercicio académico. «No se puede conservar nada si no sabes cómo describirlo y nombrarlo, ni cómo se relaciona con lo demás en el paisaje», resume la investigadora.

Dicho esto, el siguiente paso pasa por mapear con precisión cuántos ejemplares de Adansonia bozy quedan en pie y en qué estado se encuentran sus bosques.

Cabe recordar entonces que Madagascar concentra ahora siete de las nueve especies de baobab conocidas en el planeta, frente a la única que crece en el continente africano y la que sobrevive en el norte de Australia.

Por último, los propios autores del estudio no descartan que, al revisar con la misma técnica genética otras poblaciones aisladas de la isla, aparezcan más sorpresas escondidas entre las ramas de estos árboles milenarios.

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