Naturaleza

Aumenta la preocupación de los mariscadores gallegos por la elevada mortalidad de ostras y mejillones

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Recreación artística de un mariscador gallego. Foto: elaboración propia con IA
  • Ana López Vera
  • Máster en Periodismo Deportivo. Pasé por medios como Diario AS y ABC de Sevilla. También colaboré con la Real Federación de Fútbol Andaluza.

El cambio climático está poniendo a prueba la resistencia de las rías gallegas. Durante los últimos meses, los mariscadores y productores de bivalvos han comprobado cómo las alteraciones de temperatura y salinidad afectan cada vez más a los cultivos.

La elevada mortalidad de mejillones y ostras preocupa especialmente en un sector del que dependen miles de familias y que tiene en Galicia uno de sus principales referentes.

La mortalidad de mejillones y ostras preocupa en las rías gallegas

La situación resulta especialmente delicada en la ría de Arousa. Los productores han localizado mejillones muertos incluso a unos dos metros de profundidad, una zona que normalmente queda menos expuesta a los efectos de episodios intensos de lluvias. El hallazgo ha encendido las alarmas porque apunta a que las alteraciones ambientales están afectando a distintas capas del agua.

Uno de los factores determinantes es la salinidad. Los registros de la estación de control de Cortegada reflejaron durante el invierno de 2026 valores inferiores a diez partes por mil durante cinco días consecutivos, con mínimos de cinco.

El dato resulta especialmente preocupante para el mejillón gallego (Mytilus galloprovincialis), cuya tolerancia se sitúa en torno a los doce partes por mil.

El origen de este descenso está relacionado con las abundantes precipitaciones. Diez borrascas consecutivas en apenas 45 días aportaron grandes cantidades de agua dulce a las rías.

Este cambio brusco modifica las condiciones habituales del medio marino y somete a los bivalvos a un estrés adicional, especialmente cuando coincide con otros episodios de temperaturas elevadas.

El calentamiento del agua agrava el problema de la acuicultura

La evolución de la acuicultura marina tampoco invita al optimismo. Según los datos del Instituto Gallego de Estadística, la producción pasó de 231.973 toneladas en 2022 a 190.407 en 2023.

En los años posteriores se mantuvo en niveles próximos a las 189.000 toneladas anuales, dentro de una tendencia especialmente negativa para una comunidad que concentra alrededor del 97% de la producción nacional de mejillón.

El aumento de la temperatura del agua añade otra dificultad. Las anomalías térmicas pueden perjudicar tanto los desoves como el asentamiento de las semillas, dos procesos fundamentales para garantizar la continuidad de los cultivos.

Además, Galicia no es el único territorio donde los bivalvos están sufriendo las consecuencias de un mar cada vez más cálido. Según informa Antonio Figueras Huerta, profesor de investigación del CSIC, en The Converstation, el caso de Japón sirve como referencia de la magnitud que pueden alcanzar estos episodios, con descensos de hasta el 90% en determinados cultivos de ostras.

Menos viento y más calor en las rías gallegas

Durante este verano, el calentamiento del agua se ha convertido en otra de las grandes preocupaciones. En la ría de Vigo se acumularon 15 días consecutivos con temperaturas de 20 grados o más en sus playas.

La estación científica de Torallamar, vinculada a la Universidad de Vigo, registró además una temperatura media superior a los 19 grados en julio, casi dos grados por encima del promedio de la última década.

Por otro lado, la falta de viento desempeña un papel importante. El afloramiento costero permite que aguas profundas, frías y ricas en nutrientes asciendan hacia la superficie.

Cuando los vientos pierden intensidad, este mecanismo se debilita y el agua superficial se calienta con mayor rapidez. La estratificación térmica resultante dificulta la renovación de las condiciones que necesitan los organismos marinos.

Ante esta situación, investigadores del Instituto de Investigaciones Marinas (IIM-CSIC) plantean reforzar la monitorización en tiempo real de las bateas. Medir de forma continua la temperatura, el oxígeno y la salinidad permitiría detectar situaciones de riesgo antes de que el daño sea irreversible.

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