Esto es España: ¡¡¡campeones!!!
España conquista su segundo Mundial tras derrotar a Argentina en la prórroga con un gol de Ferran Torres
Dominio absoluto de la selección de Luis de la Fuente, que mereció ganar en los 90 minutos de juego, ante una Argentina que se limitó a defender y resistir

Que sí, que somos campeones del mundo otra vez. Sufrimos, sí, pero lo merecimos y lo merecimos de largo porque España fue el único equipo que quiso jugar al fútbol en la final del Mundial. Argentina no quería (o no podía) jugar al fútbol, sólo iba a la pendencia. Ellos también fueron campeones del mundo, pero de las patadas, de las provocaciones y de las marrullerías. La selección de Luis de la Fuente bordó su segunda estrella en el pecho aunque tuvimos que esperar a la prórroga. Allí Ferran Torres fue nuestro Iniesta y logró el gol de la victoria en el minuto 106, que pasará a la historia de nuestro fútbol en la noche que volvimos a ser los reyes del mundo.
Luis de la Fuente quería seguir bordándolo. Era la noche perfecta para zurcir al pecho al segunda estrella y el seleccionador de España repitió soldados para la última batalla. Era la noche de sus vidas. Enfrente la Argentina de Messi, vigente campeona del mundo, una selección tosca y doliente, capaz de resistir cualquier embestida y experta en hacerse el muerto cuando en realidad está de parranda. La Argentina de Infantino, llamada por los malpensados VARgentina o ArgenFIFA. Por sus penaltis los conoceréis.
Nuestra alineación, la que ustedes ya conocen de memoria porque son nuestros once superhéroes, era la esperada: Unai; Porro, Cubarsí, Laporte, Cucurella; Rodri, Fabián; Lamine Yamal, Olmo, Baena; y Oyarzabal. Así de bien sonaba el once de España.
Scaloni sí que movía su equipo. Le sobraban los motivos porque a Argentina se le ha visto tremendas costuras de juego en muchos partidos de este Mundial camino a la final. Entraban Montiel por Molina, que habría sido un caramelito, De Paul por Leandro Paredes y Nico González por el vástago de Simeone. A mí, así sobre el papel, me daban más miedo los que entraban que los que salían del once.
La alineación de Argentina sonaba así: Dibu Martínez; Montiel, Romero, Lisandro, Tagliafico; De Paul, Mac Allister, Enzo, Nico González; Messi y Julián Álvarez.
Sonó el himno yanki, salieron los cantantes, apareció Tom Cruise, sonaron los himnos de España (muy mal interpretado por unos trompetistas) y Argentina, pegó cuatro voces el speaker de la UFC y con seis minutos de retraso, que ya los firmaba Óscar Puente para sus trenes, empezó la final del Mundial. Finalísima, con acento en la í. Raudo se adueñó de la pelota España y a la misma velocidad retrocedió Argentina.
Perdona Lamine
La tuvo Lamine en el minuto 4 tras una soberbia asistencia de Dani Olmo. Nuestra estrella, ya en el área pequeña, pecó de exceso de confianza y definió con una cesión que se envenenó tras tocar en Lisandro, pero que sacó con los pies el heterodoxo Dibu Martínez. Era el primer aviso de España. Respondió Argentina con una ocasión generada por una torpeza de Unai Simón, que se la dio sin querer a Julián Álvarez, que no supo cómo abrir el regalo por suerte para nosotros.
A la siguiente Vincic perdonó una falta de amarilla a Mac Allister en la frontal. El mediocentro argentino sujetó con el brazo a Pedro Porro y frenó una contra de manual. Fue un paréntesis de susto en el dominio español. La pelota era propiedad privada del equipo de Luis de la Fuente, que echaba de menos que Lamine se conectara al juego. Invisible, igual que Messi, en los primeros diez minutos.
En el 14 otra vez Mac Allister se llevó puesto a un jugador español, esta vez Dani Olmo. Vincic sí que pitó la falta pero volvió a guardarse celosamente la amarilla. Fue el momento en que Lamine compareció a la final, un minuto después de que Baena le hubiera enseñado el antebrazo a Messi. España, que jugaba como si estuviera en el Monumental, seguía manejando el duelo ante una Argentina que se pone menos nerviosa que un artificiero.
España trataba de ir cansando al rival con posesiones largas. Era un trabajo arduo y a veces poco vistoso, pero era una forma de ir amasando a Argentina antes de meterla en el horno. Nos faltaba un pelín de ritmo a lo que tampoco contribuían las innumerables interrupciones del equipo de Scaloni, las señaladas por Vincic y las que no.
Manda España, resiste Argentina
Pasamos la media hora sin que hubiera claras ocasiones en la final, aunque a los puntos estábamos por delante. Quizá nos faltaba algún disparo desde fuera del área para encerrar a una Argentina que no paraba ni de retroceder ni de resistir. Mandaba descaradamente España ya en la recta final de la primera parte. Se mascaba el gol de los nuestros, que evitó el Dibu al parar abajo un disparo raso de Oyarzabal desde fuera del área.
Gobernaba el partido Rodri con mano de hierro y pie de seda. España apretó hasta el final y cercó el área argentina, pero nos falló el estoque. En el 42 fue Cucurella el que sacó un zurdazo cruzado que se marchó a la izquierda de la portería del Dibu Martínez. Entonces se echó al suelo el central Lisandro, que había sido amonestado. Entró en su lugar Otamendi, más conocido como Hostiamendi, un central que sería respetado en el patio de cualquier prisión.
No hubo tiempo para más, así que nos fuimos al descanso de la final con 0-0 entre España y Argentina y Messi protestando al árbitro para variar. Llegó el show de descanso, que se alargó media horita. Bien empleada sólo por ver a Ronaldo Nazario, con su panza cervecera, en chándal. Scaloni aprovechó para meter a Leandro Paredes, para blindar el centro del campo, por Nico González.
Avisó Baena nada más iniciarse la segunda parte con un disparo que se envenenó tras botar delante de las narices del Dibu, pero que supo sacarse de encima el portero de Argentina. España siguió a los mandos de la final. Leandro Paredes le dio un pescozón (no muy fuerte) a Rodri, que cayó fulminado. El argentino se llevó la amarilla y sus compañeros hicieron corrillo a Vincic.
De la Fuente mueve el árbol
En el 54 perdonó España una contra que corrió bien Fabián pero que finalizamos mal con un último pase defectuoso de Oyarzabal que adivinó la zaga Argentina. Los nuestros volvían a rondar el gol. Sufría la albiceleste. Scaloni hizo más cambios en el 57: fuera Montiel y dentro Nauel Molina. Respondió De la Fuente con una doble sustitución: entraron Ferran Torres y Pedri y se fueron Oyarzabal y Fabián.
Dani Olmo probó al antiportero Martínez con un disparo lejano que casi se le cuela tras botarle en sus narices. España había puesto una marcha más y El Dibu empezaba a cantar más que Shakira en el descanso. Argentina ya ni salía de su propio campo y aún le quedaba media hora larga de resistencia, que se antojaba una labor titánica, para llegar a la prórroga.
Córner a córner España sometió a Argentina. Ellos bailaban un tango agarraditos con nuestros atacantes, pero no les iban a pitar un penalti en contra, claro. Ferran Torres la tuvo en su cabeza con un remate que le salió demasiado centrado. En la pausa de hidratación Scaloni tuvo que hacer dos cambios más, los dos últimos: fuera Romero y De Paul, tiesísimos, dentro Medina y Giuliano Simeone.
Argentina parecía en reserva. De la Fuente olió la sangre y metió de golpe a Nico Williams y Merino por Baena y Dani Olmo. Eran cambios obligados porque Lamine, que había enseñado pocas cositas en la final, es intocable. El monólogo de España parecía preceder al gol. La albiceleste sólo podía achicar agua en su frontal.
Asedio español
Empezamos a acumular ocasiones y llegadas sin parar y El Dibu se ganaba un plus de productividad. Sólo nos faltaba el gol para encarrilar la segunda estrella. Pero, claro, se dice pronto: el gol. El asedio de España era directamente proporcional a la resistencia, casi ya sin resuello, de Argentina. Estaba al caer el gol de Merino. Bueno, o del que fuera.
La tuvo Ferran Torres en el 86 tras un gran pase de Mikel Merino pero El Tiburón la pegó mordida y fuera. Se nos iba agotando el tiempo pero el partido estaba totalmente inclinado hacia el área argentina. En el 92 Enzo Fernández vio una amarilla, que era casi naranja, por un entradón a Cubarsí. Como ya tenía una, pues eso, a la calle. Protestó él, protestó Messi, protestó medio equipo pero la segunda amarilla era indiscutible.
En el 97 tuvimos una falta para ganar el Mundial. Fue una coz enorme de Paredes a Ferran. La falta se la disputaban entre Porro y Lamine. Lanzó Yamal al palo del portero y El Dibu la sacó con una palomita acrobática y sencilla. Fue la última ocasión de España antes de la prórroga, a la que Argentina llegó sin parar de protestar. Vamos, lo que ha hecho todo el campeonato.
Siguió el asedio en la prórroga. En el 92 El Dibu le sacó una mano imposible a un cabezazo peinado a bocajarro por Nico Williams. España merecía el gol hacía tiempo ya. Lo marcó en el 95 el propio Nico, pero Vincic se apresuró a anularlo por una falta inexistente de Merino a Otamendi, que fingió a lo Busquets. Era un gol que parecía legal pero los del VAR no hicieron ademán de revisar nada. Vistas las imágenes hasta 20 veces, quien esto escribe no encontró falta alguna por la que anular el gol, igual Vincic ve cosas que sólo existen en su imaginación.
Sufrimiento en la prórroga
Entonces De la Fuente tuvo que sustituir a Laporte, roto, y a Rodri, que ya no podía más, para meter a Eric García y Zubimendi, que debutaba en el Mundial. Estábamos en el 99 y Argentina seguía resistiendo. España merecía el triunfo pero el gol se nos resistía. Scaloni quitó a Julián Álvarez para meter a un defensa: Senesi. En el 102 no llegó por centímetros el gol de Merino, cuyo cabezazo se marchó desviado por poquísimo.
Fue la última antes del pequeño descanso de la prórroga. Tenía que caer el gol de España porque Argentina no se tenía en pie. Cayó rápido. Fue en el 106. Centro Pedro Porro al segundo palo, Nico Williams le robó la cartera a Nauel Molina y prolongó la pelota hacia atrás. Allí apareció Ferran Torres para volear con el alma y hacer el 1-0 que llevaba nuestra selección mereciendo desde hacía más de media hora.
Argentina quedó rota y España exultante. Nos daba tiempo incluso a hacer el segundo. Lo logró Ferran en el 113 pero su tanto fue anulado por un justo fuera de juego. La albiceleste tiró de orgullo y, a lomos de Messi al más puro estilo Cid Campeador, sacó un córner de la nada. Y luego otra ocasión que sacó bajo palos Merino, en una acción de valor gol. Argentina, tiesa y con uno menos, no se rendía. Messi botó un córner en el 120 y Vincic dio cinco de prolongación. Otro córner. España entera se mordía las uñas. Messi la puso al área y Simeone voleó a las nubes. Nos salvamos en una de las últimas ocasiones del partido.
En el añadido final España no supo esconder la pelota, pero sí sufrir. Al final, pese a las embestidas de Argentina, más por orgullo que por fútbol, aguantamos el 1-0 y levantamos la Copa del Mundo. Cosimos al pecho nuestra segunda estrella, sufrida al final, pero muy pero que muy merecida porque somos los reyes del mundo.