Messi Vs. Lamine Yamal: la final que el fútbol comenzó a escribir en una bañera hace 19 años
Messi sostuvo en brazos a Lamine cuando apenas tenía cinco meses y, 19 años después, se enfrentarán por la Copa del Mundo
El último baile del rey se cruza con la irrupción definitiva de su heredero en una final España - Argentina cargada de emoción
Messi sobre la foto con Lamine Yamal: «Es una locura que ahora nos enfrentemos por un Mundial»

El fútbol, de vez en cuando, escribe historias que ningún guionista se atrevería a imaginar. En diciembre de 2007, Lionel Messi tenía 20 años y comenzaba a conquistar el mundo. Durante una sesión fotográfica para un calendario solidario de UNICEF y el diario Sport, el argentino apareció bañando a un bebé de apenas cinco meses. Aquel niño, elegido después de que su familia ganara un sorteo organizado en Mataró, era Lamine Yamal. Casi 19 años después, los dos volverán a compartir escenario. Esta vez no habrá una bañera ni una cámara como testigos. Habrá una Copa del Mundo en juego.
Aquella fotografía ya es patrimonio sentimental del fútbol. Messi sostenía con cuidado a un bebé que todavía no podía saber que algún día heredaría su dorsal, jugaría en su misma banda y provocaría comparaciones con quien estaba ayudando a bañarle. Lo que entonces fue una imagen inocente y solidaria se contempla hoy como una especie de bautismo de gloria. Una bendición involuntaria del mayor genio de una generación al futbolista llamado a gobernar la siguiente.
El rey frente al heredero
El destino los ha colocado cara a cara en el partido más importante del planeta. Messi llega a la final con 39 años, después de haberlo ganado prácticamente todo y convertido ya en una figura eterna. Lamine acaba de cumplir 19 y todavía está comenzando a escribir una historia que parece no tener límites. Entre ambos existen dos décadas de diferencia, pero también un hilo invisible que los conecta desde aquella mañana de 2007.
Los dos crecieron futbolísticamente en La Masia, aprendieron a interpretar el juego en el Barcelona y convirtieron la banda derecha en su territorio. Lamine ha heredado el ’10¡ azulgrana y también esa capacidad para detener el tiempo cada vez que recibe el balón. Sus regates, su zurda y su desparpajo recuerdan inevitablemente al primer Messi, aunque el internacional español está empeñado en construir un camino propio. Ya no es solamente el niño de la foto. Es una de las grandes amenazas que separan a Argentina de su cuarta estrella.
La final que reclamaba el destino
España y Argentina estaban destinadas a encontrarse mucho antes. Ambas selecciones debían disputar la Finalissima el pasado 27 de marzo en Qatar, pero los problemas de seguridad en Oriente Medio y los desacuerdos sobre la sede terminaron impidiendo el encuentro. El fútbol aplazó aquel duelo porque, quizá, estaba guardando un escenario mucho más grande.
Lo que no pudo celebrarse en marzo se disputará ahora con el planeta entero mirando. Ya no habrá un título intercontinental en juego, sino la posibilidad de bordar una estrella en el pecho. Messi lidera a Argentina desde la pausa y la inteligencia. Ya no necesita recorrer medio campo para decidir un partido: le basta con levantar la cabeza y encontrar un pase que nadie más ha visto, como demostró con sus dos asistencias ante Inglaterra.
Lamine representa todo lo contrario y, al mismo tiempo, exactamente lo mismo. Es electricidad, inconsciencia, regate y atrevimiento. Juega cada partido como si todavía estuviera en el patio del colegio, sin sentir el peso del escenario ni la dimensión de la camiseta. Francia comprobó en semifinales que cada balón que pasa por su izquierda puede convertirse en una amenaza.
La final del Mundial cerrará un círculo mágico. El hombre que bañó a Lamine cuando era un bebé tratará ahora de apagar su talento en el partido de sus vidas. El rey se resiste a abandonar el trono y el heredero ya está llamando a la puerta. Pase lo que pase, cuando Messi y Lamine se miren sobre el césped, aquella fotografía regresará a la memoria de todos. Porque el fútbol los presentó en una bañera y, casi 19 años después, ha decidido reunirlos de nuevo junto a la Copa del Mundo.