Brasil se topa con una roca llamada Marruecos
Los de Ancelotti encallan ante la solidez y buen hacer marroquí
Marruecos, que fue de más a menos en el partido, respondió a las altas expectativas previas
Brasil creció a lo largo del partido, pero no gozó de superioridad coral
«Somos la Brasil de África», decía Achraf con una sonrisa tan gingival como certera. Marruecos fue, por momentos, más brasileña que la Seleçao con el desborde y la verticalidad planteada. También demostraron poseer inteligencia para interpretar el tiempo y ritmo del partido, tal vez sea ese el mayor aprendizaje que se llevan de Nueva York. Brasil no aleja su incertidumbre. Fue de menos a más y logró neutralizar (1-1) la vaselina de Saibari con un derechazo de Vinicius, pero no transmitió el vigor de otras épocas vigorosas. Marruecos ya está aquí, en la élite, mientras que Brasil camina como un funambulista por ella.
El ritmo es relativo en el Mundial, cambia en cuestión de horas. Demasiado lento cuando Qatar y Suiza pelean por el balón y tremendamente vertiginoso desde que Brasil y Marruecos se visten de corto. Como si fueran dos deportes diferentes. De la imprecisión y el cemento armado del primer partido mencionado, a la intensidad y verticalidad del segundo. Es lo que abrazan los Casemiro, Bouaddi —qué carta de presentación la suya—, Raphinha, Ounahi, Vinicius, Brahim y compañía.
Brasil siempre ofrece show en un Mundial. Cuando no es en los despachos, es en el terreno de juego y, en ocasiones, como la actual, en ambos escenarios. A caballo entre purgar la destitución del ya ex presidente por presunto fraude y la confección de una plantilla de garantías para pelear por su sexta estrella. La situación de Marruecos es antagónica. Mantiene la flecha hacia arriba, plenamente en vertical. Viene de llegar a semifinales en el pasado Mundial; alcanzar la final de la Copa África; conquistar el Mundial Sub-20.
Palabras mayores. Las inercias se notan. El inicio del partido tuvo acento marroquí. Momento para Bouaddi que se presentó en sociedad para que le tenga en cuenta quien desconocía su existencia. Su rostro, de barba pospúber y melena revoltosa, esconde una determinación impropia para sus tiernas 18 primaveras. Siempre bien colocado, acumuló varios robos de balón gracias a su rigor defensivo y dio salida limpia a la posesión. Con el balón no camina, levita. Control del espacio y el tiempo para encontrar al compañero libre de marca.
Ounahi redobló el músculo y dio el último pase; Brahim gambeteos por el área; Saibiri presencia arriba y Achraf y Mazraoui velocidad por bandas. Es Marruecos un equipo de segunda generación. El Mundial de Qatar 2022 fue el germen con el cuarto puesto y la consecución del Mundial Sub-20 descorchó el talento futbolístico. El relevo ya se ha dado. En el banquillo, con la subida de Ouahbi de la Sub-20 campeona a la Absoluta, y en el terreno de juego con solamente cuatro futbolistas de Qatar. El resto, savia nueva.
La primera Brasil de Ancelotti fue una amalgama entre veteranía y picos de rendimiento. Marquinhos, Casemiro y Alisson en el primer cajón; Vinicius, Raphinha, Gabriel y Guimaraes. El partido fue un intercambio de estilos en el que Marruecos se hizo respetar a través de la táctica. Y aquella frase de Achraf, se encargó Brahim de humanizarla con un pase entre líneas que valió medio gol. El 50% restante lo añadió Saibari con una vaselina exquisita, propia de la Brasil de siempre.
La seleçao apenas encontró el balón. Revitalizó tras la primera pausa de hidratación, convertida en un espacio para las televisiones. Puro show estadounidense. Las alternativas se igualaron tras la pausa, aunque con el denominador común de Bouaddi, que siguió con su clase magistral de colocación y pulcritud. Tanto con balón como sin él. Hasta que Vinicius se sacó un latigazo marca de la casa para rescatar a su querido Ancelotti y Alisson sostuvo un mano a mano en el tramo final. La Brasil de África manda un aviso, aquí están. La de Sudamérica sigue buscándose.