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Víctor Mañero, adiestrador canino: «Me llaman porque tienen un problema con el perro, pero en realidad el problema está en casa»

Perro, animales, mascotas
Un perro con su dueño. Foto: Freepik
  • Ana López Vera
  • Máster en Periodismo Deportivo. Pasé por medios como Diario AS y ABC de Sevilla. También colaboré con la Real Federación de Fútbol Andaluza.

Cuando un perro ladra demasiado, no obedece o muestra una dependencia excesiva, la primera reacción suele ser pensar que el problema está en el animal. Sin embargo, el adiestrador canino Víctor Mañero plantea otra perspectiva.

Antes de corregir al perro, los propietarios deberían analizar cómo actúan ellos mismos en casa y qué comportamientos pueden estar reforzando sin darse cuenta.

Mañero, fundador de Adican, pone el foco en la relación entre las personas y sus mascotas. Su planteamiento parte de una idea sencilla: la educación de un perro no se desarrolla de forma aislada, sino dentro de un entorno en el que las rutinas, las normas y las respuestas de la familia tienen un peso importante.

¿Cómo puede influir el dueño en el comportamiento del perro?

La convivencia genera aprendizajes constantes. Un perro puede asociar determinadas conductas con una recompensa aunque su propietario no tenga intención de premiarlas. Por ejemplo, si recibe atención cada vez que ladra, salta sobre una persona o reclama algo de forma insistente, puede entender que esa conducta funciona.

Por eso, corregir un problema de comportamiento no consiste siempre en enseñar al animal qué debe hacer. También requiere revisar la reacción de quienes conviven con él.

La coherencia resulta especialmente importante, ya que si una persona permite una conducta y otra la prohíbe, el perro recibe mensajes contradictorios y el proceso educativo puede complicarse.

La importancia de los límites, las rutinas y la educación canina

El cariño forma parte de la convivencia, pero no sustituye a unas pautas claras. Un perro necesita saber qué comportamientos son aceptables y encontrar respuestas previsibles por parte de las personas que lo rodean. Las rutinas también ayudan a estructurar el día y pueden facilitar la adaptación del animal a determinadas situaciones.

Por otro lado, Mañero defiende, en declaraciones para el pódcast López & López , la importancia de trabajar la relación entre propietario y perro. En su método CPC concede relevancia al vínculo entre ambos y a la transformación de los hábitos humanos durante el proceso educativo.

No obstante, responsabilizar al dueño de todos los problemas de conducta sería simplificar demasiado.

El comportamiento canino puede estar condicionado por diferentes factores: experiencias anteriores, aprendizaje, entorno, genética o necesidades concretas del animal. Ante una conducta problemática, identificar su origen es esencial antes de decidir cómo abordarla.

¿Qué quiere decir Mañero cuando apunta al problema en casa?

La frase del adiestrador pretende llamar la atención sobre una parte del proceso que a menudo pasa desapercibida: el papel de la familia. Antes de preguntarse qué está haciendo mal el perro, puede resultar útil observar qué ocurre justo antes y después de esa conducta y qué respuesta recibe del propietario.

Su planteamiento no implica que todos los problemas tengan una única explicación. La clave está en entender que educar a un perro también exige revisar las costumbres de quienes conviven con él.

Cambiar una respuesta, establecer límites coherentes o modificar una rutina puede formar parte de ese proceso y mejorar la convivencia diaria con tu mascota.

La reflexión del adiestrador canino va más allá de la conducta visible del perro. Cuando aparece un conflicto, también conviene preguntarse qué ocurre en casa, cómo responde la familia y qué hábitos pueden estar influyendo en el comportamiento del animal.

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