César Millán, experto en adiestramiento canino: «A un perro es imposible mentirle sobre tu estado de ánimo»

César Millán, experto en adiestramiento canino: «A un perro es imposible mentirle sobre tu estado de ánimo»
Elena García

Hay personas que llegan a casa después de un día agotador intentando aparentar normalidad. Saludan, sonríen, se sientan en el sofá. Y el perro, sin que nadie le haya dicho nada, se acerca, apoya la cabeza y no se mueve. No ha leído ninguna señal verbal, no ha escuchado ninguna queja. Pero sabe. César Millán, uno de los expertos en comportamiento canino más reconocidos del mundo, tiene una explicación para ese fenómeno que va más allá de la intuición o el misterio: «A un perro es imposible mentirle sobre tu estado de ánimo».

Lo que el perro lee antes de que uno hable

Millán lleva décadas estudiando y documentando la forma en que los perros perciben el mundo emocional de las personas con las que conviven. Y su conclusión es consistente: los perros no procesan las emociones humanas a través del lenguaje sino a través de un conjunto de señales físicas que el ser humano emite de forma continua y en su mayor parte inconsciente.

El tono de voz es uno de los canales más importantes. Un mismo mensaje pronunciado con calma o con tensión produce respuestas completamente distintas en un perro, independientemente de las palabras utilizadas. La postura corporal, la rigidez o la relajación muscular, el ritmo de la respiración y la mirada son otras de las señales que los perros monitorizan de forma constante en las personas de su entorno.

A eso se suma algo que los humanos no pueden controlar: la química del cuerpo. El estrés, el miedo, la tristeza o la alegría producen cambios en la composición del sudor y en otras secreciones corporales que el olfato del perro, infinitamente más desarrollado que el humano, detecta con una precisión que ningún gesto consciente puede disimular. Por eso, cuando alguien intenta aparentar tranquilidad estando nervioso, el perro no se deja engañar. El cuerpo dice una cosa distinta a la que la persona intenta proyectar, y el perro lee el cuerpo.

Por qué se acercan cuando algo va mal

Esa capacidad de lectura emocional explica uno de los comportamientos más frecuentes y más comentados por quienes conviven con perros: la tendencia del animal a acercarse, quedarse quieto y no separarse cuando la persona está pasando por un momento difícil. No es casualidad ni costumbre. Es una respuesta directa a las señales que el cuerpo humano está emitiendo.

Millán insiste en que este comportamiento no debe interpretarse únicamente como empatía en el sentido humano del término, sino como el resultado de miles de años de coevolución entre perros y personas. Los perros que mejor leían el estado emocional de los humanos con los que vivían tenían más probabilidades de prosperar. Esa habilidad se fue perfeccionando generación tras generación hasta convertirse en lo que hoy se observa: un animal capaz de detectar matices emocionales que incluso las personas más cercanas pasan por alto.

Lo que eso implica para quien tiene un perro

La afirmación de Millán tiene una consecuencia práctica que muchos propietarios de perros no siempre tienen en cuenta: el estado emocional de la persona influye directamente en el comportamiento del animal. Un perro que convive con alguien que vive en un estado de ansiedad constante tenderá a reflejar esa tensión en su propio comportamiento. Y al revés, la calma y la coherencia emocional de la persona que lo cuida son uno de los factores más determinantes para el equilibrio del animal.

No se puede fingir delante de un perro. Y eso, según Millán, es precisamente lo que los hace tan valiosos: son el único ser del entorno cotidiano ante el que no es posible mantener una máscara.

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