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Los veterinarios coinciden: los gatos que miran al exterior desde la ventana enriquecen su estimulación mental y se mantienen más activos

gatos ventana
Blanca Espada

Si tienes gato puede que en más de una ocasión le hayas pillado mirando a la calle por la ventana. Son animales curiosos y pueden estar mirando durante mucho rato a la gente que pasa, los pájaros en los árboles o los perros que pasean. Una imagen que de hecho para muchos dueños de gatos es habitual o cotidiana pero que en realidad, está revelando mucho más de lo que parece.

En los últimos años, cada vez más veterinarios y especialistas en comportamiento felino han empezado a fijarse en este tipo de hábitos ya que aunque a priori no parece que estén fuera de lo común, lo cierto es que ayudan a entender mejor cómo se adaptan los gatos a la vida en interiores. Y la conclusión es bastante clara si bien lo que ocurre al otro lado del cristal tiene un impacto directo en su bienestar. Esto cobra especial importancia en gatos que no salen de casa. A diferencia de los que tienen acceso al exterior, su mundo es mucho más limitado, con las mismas habitaciones, mismos sonidos y mismos recorridos cada día. Por eso, cualquier elemento que introduzca algo de variación puede marcar la diferencia. Y la ventana, sin necesidad de hacer nada especial, se convierte en una especie de pantalla llena de estímulos.

Los gatos que miran al exterior desde la ventana enriquecen su estimulación mental

Aunque no puedan salir, los gatos no dejan de reaccionar a lo que ocurre en su entorno. Cuando miran por la ventana, no están desconectados, todo lo contrario. Están atentos a pequeños detalles que muchas veces pasan desapercibidos para las personas ya sea una hoja que se cae de un árbol, un pájaro que se posa, alguien que camina, etc… cualquier cambio es suficiente para captar su atención. Y no es casualidad. Su instinto está preparado para detectar movimiento y reaccionar.

Esa respuesta, aunque no termine en una acción real, activa procesos mentales importantes. Es como si su cerebro practicara lo que haría en una situación real y de alguna forma, hace que se mantengan conectados con su comportamiento natural, aunque vivan en un entorno cerrado.

Una forma de romper la rutina

Uno de los mayores problemas de los gatos que viven siempre dentro de casa es la monotonía. De este modo, cuando todo es previsible, es fácil que pierdan interés por lo que les rodea así que mirar por la ventana introduce algo que cambia constantemente. No hay dos momentos iguales, a veces hay más movimiento, otras menos, pero siempre hay algo distinto.

Eso hace que el gato esté más pendiente, más activo a nivel mental. Puede parecer que está quieto, pero en realidad está procesando información, siguiendo movimientos y reaccionando a ellos, aunque sea con pequeños gestos. Con el tiempo, esto ayuda a evitar el aburrimiento. Y eso no es un detalle menor ya que un gato aburrido puede desarrollar conductas que, en muchos casos, acaban siendo un problema en casa.

No todo es juego físico

Cuando se habla de estimular a un gato, lo primero que suele venir a la cabeza es jugar con él. Y es algo importante, claro, pero no es la única forma. La estimulación visual también cuenta. Y, en algunos casos, es más constante. Mientras el juego depende de momentos concretos, la ventana está ahí todo el día. Esto permite que el gato se entretenga por sí solo, sin necesidad de intervención constante. Algo que, en la práctica, resulta bastante útil en el día a día dado que no sustituye al juego, pero lo complementa. Y esa combinación es la que realmente ayuda a mantenerlo activo y equilibrado.

Cómo aprovechar mejor este hábito

No hace falta hacer grandes cambios para que el gato aproveche mejor este tipo de estímulo. A veces basta con observar dónde se coloca de forma natural. Muchos buscan puntos altos cerca de la ventana. Si no los tienen, intentan improvisarlos. Por eso, añadir una pequeña superficie, una repisa o una cama elevada puede ser suficiente para que utilicen ese espacio más tiempo.

Por otro lado, debemos tener en cuenta que también influye la comodidad. Si el lugar es estable y les permite tumbarse o sentarse sin problema, lo usarán más. No es algo complicado, pero sí marca la diferencia entre mirar de vez en cuando y convertirlo en una rutina.

Aun así, no conviene quedarse sólo con la ventana. Los gatos necesitan distintos tipos de estímulo de modo que no pueden faltarles juguetes, rascadores, zonas para trepar o incluso pequeños cambios en el entorno que ayuden a mantener su interés ya que si todo es siempre igual, acaba perdiendo efecto. Por eso, lo ideal es combinar varias cosas. La ventana aporta variedad visual, pero el resto del entorno también debe ofrecer opciones.

Cuidado con la seguridad

Hay un punto importante que no se puede pasar por alto y es que cuando un gato se concentra en algo, puede perder la noción de lo que le rodea y si la ventana está abierta o el balcón no está protegido, existe riesgo de caída. Y no siempre ocurre por imprudencia, sino por una reacción rápida ante un estímulo. Por eso, si se quiere que el gato disfrute de ese espacio con tranquilidad, lo mejor es asegurarlo con redes, cerramientos o sistemas de protección que evitan problemas sin impedir que pueda observar el exterior.

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