Los expertos piden no bajar las persianas por completo en verano para evitar el calor: es un error y pocos lo saben
Si bajamos las persianas del todo podemos crear un efecto invernadero dentro de casa con más calor
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Con el verano de 2026 ya metido de lleno en el mes de agosto y con las olas de calor que hemos pasado, y que parece que seguiremos pasando, muchos son los que no dudan en bajar las persianas de casa del todo durante prácticamente todo el día. Es de hecho, un gesto casi automático que hacemos para de alguna manera bloquear la entrada del sol.
Sin embargo, hacer eso mismo se puede convertir más en un problema que en una solución ya que al cerrar la persiana por completo, entre esta y el cristal se forma un pequeño espacio donde el aire queda prácticamente atrapado. De este modo, con el sol incidiendo durante horas, ese aire se va calentando poco a poco y no tiene salida así que ese calor que se va acumulando se acaba filtrando hacia el interior de la vivienda sin que apenas se note. Por eso, cada vez más expertos insisten en la idea de que no es necesario realmente, bajar la persiana del todo. Basta con dejar una pequeña rendija que permita que ese aire caliente no se concentre tanto y que ayude a que la casa se mantenga algo más fresca y soportable durante las horas de más calor.
Los expertos piden no bajar las persianas por completo en verano
En la mayoría de pisos y casas de España la persiana está colocada por fuera del cristal, de modo que en verano, recibe directamente el impacto del sol calentándose de forma rápida y constante. Pero si además la bajamos del todo, el aire que ahí queda atrapado no circula, y con el paso de las horas comienza a calentarse más y más. y lo peor es que acaba entrando en el interior de la vivienda. Es por ello que al entrar en una casa que tiene todo abierto pero con las persianas completamente bajadas, notamos muchísimo el calor acumulado y la situación es peor en casas con poco aislamiento.
Dejar una rendija es la solución
Cuando se deja una pequeña apertura, la situación cambia. No hace falta abrir la persiana entera, basta con no cerrarla completamente o inclinar ligeramente las lamas. De este modo el aire caliente, al ser más ligero, tiende a subir y si tiene por dónde salir, lo hace. Y al mismo tiempo, entra algo de aire más fresco por la parte inferior. No es una ventilación como tal, pero sí evita que ese calor se quede atrapado. Y eso, aunque no lo parezca, se acaba notando dentro de casa.
Más luz y menos calor
Cerrar del todo también tiene otra consecuencia y es que la casa se queda a oscuras. Y eso obliga a encender la luz incluso a pleno día. Puede parecer un detalle sin importancia, pero no lo es tanto si tenemos en cuenta que cualquier bombilla genera calor cuando está encendida. Es poco, sí, pero en verano todo suma así que si dejamos pasar algo de luz natural evitaremos tener que recurrir a esa iluminación artificial. Y con ello, también se reducirá ese pequeño aporte extra de calor que, acumulado, acaba influyendo.
No todo es la temperatura sino que el aire también cuenta
A veces se piensa sólo en los grados, pero no es lo único que influye en cómo se está dentro de casa. Hay días en los que el termómetro no marca tanto y, aun así, el ambiente se siente pesado. Ahí es donde entra la humedad, aunque no siempre se le preste atención que además se genera inconscientemente al cocinar, ducharnos o simplemente estando dentro. Todo eso hace que el ambiente se vuelva más denso, más incómodo.
Y cuando hay demasiada humedad, el cuerpo lo nota si bien cuesta más refrescarse porque el sudor no se evapora igual, y aparece esa sensación de bochorno que resulta tan desagradable. Por eso, dejar la persiana completamente bajada tampoco ayuda en este sentido. En cambio, si se mantiene una pequeña apertura, aunque sea mínima, el aire puede renovarse un poco y bajaremos el nivel de humedad.
Cómo usar correctamente las persianas en verano
La clave no está en dejar las persianas completamente abiertas ni totalmente cerradas, sino en encontrar un punto intermedio. Lo recomendable es bajarlas para bloquear la radiación directa, pero como ya mencionamos, dejando una rendija o inclinando las lamas.
De este modo, se limita la entrada de calor sin impedir que el aire circule. Además, se aprovecha la luz natural y se evita crear esa cámara de aire caliente que termina elevando la temperatura interior. Es un gesto sencillo, pero que puede marcar la diferencia en el día a día. Especialmente en viviendas donde no hay aire acondicionado o donde se busca reducir su uso.
Por otro lado, es aconsejable subirlas por completo cuando sea de noche y refresque o a primera hora de la mañana para que la casa pueda ventilarse del todo y el ambiente se refresque. Y luego cuando ya haya amanecido entonces sí que podemos volver a bajarlas un poco.
En definitiva, no se trata de hacer grandes cambios ni de invertir en soluciones complejas. A veces, pequeños detalles como cómo o cuando se bajan las persianas pueden influir más de lo que parece en el confort dentro de casa.