Los expertos en bienestar animal advierten: «Para que tu perro no tenga pulgas, la higiene es mejor que los collares»
La primavera y el aumento de las temperaturas activan la proliferación de parásitos mucho antes de lo que solemos pensar. Imke Marks, experta en nutracéutica animal, advierte que los métodos tradicionales no bastan por sí solos para proteger a los perros.
Un enfoque integral que combina higiene profunda, refuerzo del sistema inmunológico y cuidado de la barrera cutánea resulta fundamental para proteger eficazmente a nuestras mascotas.
Prioriza la higiene y el cuidado integral de tu perro frente a los métodos antiparasitarios convencionales
La prevención de parásitos externos en perros requiere un cambio de mentalidad por parte de los propietarios. Ya no basta con actuar únicamente cuando detectamos el problema. El secreto reside en adoptar hábitos constantes que fortalezcan la salud del animal desde diferentes frentes.
Según explica la fundadora de Mooiza, Imke Marks, la prevención no constituye una opción estacional, sino un hábito que marca la diferencia en el bienestar animal a largo plazo.
Aunque los collares, pipetas y espráis cumplen su función, la higiene se posiciona como la primera línea de defensa o «escudo invisible». Durante los meses primaverales, el mayor contacto con zonas verdes y la exploración de nuevos entornos incrementan notablemente el riesgo de infestación por pulgas y garrapatas.
Por ello, el cepillado frecuente es obligatorio para eliminar el pelo muerto y detectar posibles agentes externos antes de que se asienten en el animal.
¿Por qué la higiene del hogar es fundamental en la prevención de pulgas y garrapatas?
Muchos propietarios cometen el error de centrarse exclusivamente en el cuerpo de su perro, olvidando que los parásitos no viven únicamente sobre la mascota. Es vital limpiar y desinfectar con regularidad las camas, mantas y espacios de descanso habituales.
Asimismo, la experta Imke Marks recomienda mantener una piel sana como barrera natural primaria. Durante la época de muda, la piel se vuelve más sensible y vulnerable. Realizar baños moderados cada tres o cuatro semanas, respetando siempre el pH cutáneo del animal, ayuda a mantener esta defensa biológica intacta.
Si debilitamos la barrera cutánea mediante descubrimiento o productos inadecuados, facilitamos el acceso a los parásitos.
Refuerzo nutricional de tu perro: la salud interna es crucial contra los parásitos externos
La protección más efectiva comienza en el interior del organismo. Una nutrición avanzada permite que el cabello crezca con mayor densidad, calidad y un brillo saludable, lo que dificulta la fijación de parásitos.
El uso de aceites de pescado y borraja, ricos en ácidos grasos esenciales, mantiene la hidratación y la integridad de la barrera cutánea. Estos nutrientes actúan como antioxidantes que refuerzan la resistencia de la mascota frente a los desafíos ambientales de la primavera.
Por otro lado, el sistema digestivo desempeña un papel importante en la inmunidad general. La experta señala que una microbiota equilibrada fortalece las defensas naturales, permitiendo que el organismo responda con mayor eficacia ante cualquier agente patógeno externo.
La suplementación con prebióticos y probióticos, presentes en gamas como Mooiza Biotic, ayuda a estabilizar el intestino y mejorar el bienestar general, especialmente cuando los cambios de rutina primaverales afectan la digestión del animal.
¿Qué hacer si mi perro sigue rascándose a pesar de la protección?
Es fundamental entender que el rascado o el lamido excesivo no siempre indican la presencia de pulgas. Si un animal mantiene una protección antiparasitaria correcta y aún así muestra molestias, los propietarios deben buscar otras causas subyacentes.
Según advierte Marks, las alergias ambientales al polen, las intolerancias alimentarias o incluso cuadros de estrés pueden manifestar síntomas cutáneos similares a una infestación parasitaria.
En estos casos, la observación clínica y la consulta veterinaria permiten descartar dermatitis o problemas articulares que el animal intenta aliviar mediante el lamido de sus extremidades.