'GATOGATE'

Jésica le rompió una pata a Pequeño Ratón, el gato que adoptó con Ábalos, tras estamparlo contra la pared en un ataque de ira

El gato negro que Jésica adoptó por Ábalos acabó con la pata rota tras una patada de la joven

Jésica Ábalos gato
Luis Balcarce

Un gato negro llamado Pequeño Ratón se coló por la ventana del Tribunal Supremo sin que José Luis Ábalos lo esperara. Su ex pareja Jésica Rodríguez lo mencionó ante los magistrados con una naturalidad que heló al ex ministro: había adoptado al animal por él y eso le había dificultado encontrar piso en Madrid cuando todo se rompió. Pero la joven olvidó contar que en un ataque de ira estampó al gato contra una pared de una patada rompiéndole una pata.

La sorpresa en el rostro de Ábalos lo decía todo. Nadie esperaba que un gato negro llamado Pequeño Ratón se convirtiera en uno de los momentos más reveladores del juicio del caso Mascarillas. Como si de una venganza se tratara, Jésica sacó de la oscuridad al gato que tanto les unía y que hoy cuida Andrea de la Torre, actual pareja de Ábalos.

Pequeño Ratón es el nombre del gato negro adoptado por Jésica durante su relación sentimental con Ábalos, que duró desde octubre de 2018 hasta noviembre de 2019. Y fue el inocente animal el que pagó con una pata rota la rabia acumulada de una joven que esperaba que el hombre que le había prometido una vida entera cumpliera su palabra.

Porque Jésica sabía desde el principio que Ábalos no iba a dejar a su mujer mientras fuera ministro. Lo sabía y lo aceptó. Hasta que dejó de aceptarlo. Hasta que la promesa de una vida a su lado chocó con la realidad de un político que había decidido mantener su vida familiar «de cara a la sociedad» y relegar a Jésica al compartimento estanco de lo que él mismo llamaba su «vida paralela». Ábalos, según sus palabras, «no iba a divorciarse mientras fuese ministro».

Fue en ese contexto de frustración y de promesas rotas donde estalló la ira. Pequeño Ratón pagó las consecuencias. Y Ábalos, que según la propia Jésica «se sentía culpable» por haberla hecho cambiar de vida sin cumplir lo que le había prometido, asumió la responsabilidad. Como asumía todo lo demás: el piso de Plaza de España, la matrícula universitaria, el teléfono móvil. Una deuda moral que intentaba saldar en metálico.

La existencia del gato condicionó además la decisión de Ábalos de mantenerle la vivienda tras la ruptura. La propia Jésica explicó a los magistrados que encontrar piso en Madrid siendo estudiante ya era difícil de por sí. «Imagínate con un animal», llegó a decir. Ese argumento reforzó la justificación del ex ministro para seguir costeando el apartamento de Plaza de España, cuyo alquiler —2.700 euros mensuales durante 32 meses— fue abonado por el empresario Víctor de Aldama a través de sociedades interpuestas.

El gato negro aparece incluso en el material audiovisual incorporado a la causa del caso Mascarillas. En un vídeo de felicitación que Jésica envió a Ábalos por su cumpleaños figuran imágenes de Pequeño Ratón junto a los textos «Nuestro Pequeño Ratón» y «Familia». Una palabra que lo resume todo: familia. La que Jésica creyó que iban a formar. La que Ábalos nunca estuvo dispuesto a abandonar.

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