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Un militar de EEUU lo reconoce tras compartir misión con los Eurofighter españoles en Albacete: «También podemos aprender de ellos»

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Eurofighter en el aire. (Foto: Wikipedia)
Blanca Espada

Los ejercicios militares conjuntos sirven para comprobar hasta qué punto fuerzas aéreas de distintos países son capaces de trabajar como una sola cuando cada una llega con sus propios aviones, procedimientos y experiencia. Eso fue precisamente lo que ocurrió en Albacete durante una edición del Tactical Leadership Programme, donde cazas F-15C estadounidenses compartieron misión con Eurofighter españoles en un entrenamiento que obligaba a sus tripulaciones a entenderse en apenas unas horas.

El entonces comandante Manny Gomez, director de operaciones del Destacamento 1 del War Preparation Center estadounidense en el TLP, resumió aquella experiencia con una frase en la que dejó claro que Estados Unidos podía aportar lo aprendido en sus operaciones alrededor del mundo, pero la relación no era de una sola dirección. «Al mismo tiempo, también podemos aprender de ellos porque tienen diferentes formas de hacer las cosas», reconoció al hablar de sus aliados europeos.

Un militar de EEUU lo reconoce tras compartir misión con los Eurofighter españoles en Albacete: «También podemos aprender de ellos»

El ejercicio se desarrolló en enero de 2013 en la Base Aérea de Albacete. El 493.º Escuadrón de Caza estadounidense, procedente de RAF Lakenheath, en Reino Unido, participaba con sus F-15C Eagle junto a fuerzas de Bélgica, Francia, Grecia, Italia, España y Reino Unido.

En algunas de las misiones, dos F-15C debían emparejarse con dos Eurofighter Typhoon españoles. Pero no sólo era cuestión de volar juntos, sino que las tripulaciones tenían que preparar una misión común sabiendo que cada plataforma tenía capacidades diferentes y que sus pilotos estaban acostumbrados a procedimientos propios. Gomez explicaba que precisamente esa mezcla obligaba a las tripulaciones a trabajar de una manera distinta a la que utilizaban habitualmente en sus unidades. La Fuerza Aérea de Estados Unidos destacaba entonces que este tipo de entrenamiento permitía identificar las diferencias operativas antes de tener que afrontarlas en una misión real.

Sólo cinco horas para preparar la misión

El teniente coronel Mike Casey, entonces jefe del 493.º Escuadrón, explicó que los participantes llegaban a las diez de la mañana y tenían hasta las tres de la tarde para preparar todo el vuelo. A esa hora despegaban para ejecutar lo que acababan de diseñar. Es decir, que sólo tenían cinco horas para repartir funciones, analizar el escenario, coordinar comunicaciones y decidir cómo utilizar aparatos que no trabajaban juntos de manera habitual.

«Es un plazo de planificación de misión muy limitado al que no estamos acostumbrados en ningún otro lugar», reconocía Casey en la información difundida entonces por la Fuerza Aérea estadounidense. Durante el programa, los jefes de misión asistían además a clases teóricas y se enfrentaban después a escenarios cada vez más exigentes. La edición descrita por Estados Unidos contemplaba más de 16 misiones a lo largo del curso. El planteamiento permitía comprobar en el aire si las decisiones tomadas horas antes funcionaban realmente cuando entraban en juego diferentes aeronaves y distintas formas de operar.

Qué buscaba Estados Unidos al entrenar con España

Manny Gomez explicaba que este tipo de integración se parecía cada vez más a la realidad de las operaciones internacionales. Según señalaba entonces, Estados Unidos rara vez desplegaba completamente solo y lo habitual era hacerlo como parte de una coalición, probablemente junto a socios de la OTAN.

Eso hacía especialmente útil entrenar con ellos antes de que apareciera una situación real. Los estadounidenses aportaban experiencia adquirida en operaciones y despliegues por distintos lugares del mundo, pero Gomez insistía en que también existía aprendizaje en sentido contrario. Los aliados tenían otras formas de trabajar y eso podía ofrecer soluciones diferentes a un mismo problema. La importancia del TLP está precisamente en ese intercambio. El programa nació para mejorar el liderazgo táctico y la planificación de misiones aéreas conjuntas. Actualmente sigue teniendo su sede en Albacete y reúne a personal de distintas fuerzas aéreas para entrenar operaciones combinadas.

Albacete, un escenario para entrenar con decenas de aviones

La ubicación española tampoco era casual. La Base Aérea de Albacete dispone de una amplia estructura de espacio aéreo y unas condiciones meteorológicas que permiten desarrollar entrenamientos complejos durante buena parte del año. En el ejercicio de 2013 podían llegar a operar simultáneamente entre 25 y 30 aeronaves. Reunirlas en una misma base tenía además otra ventaja: los pilotos podían preparar las misiones y analizarlas después cara a cara.

Casey destacaba precisamente esa posibilidad de trabajar directamente con aeronaves y fuerzas nacionales con las que normalmente no operaban de forma integrada. La edición de 2013 no fue la primera participación del 493.º Escuadrón en el Tactical Leadership Programme. La unidad ya había acudido en 2009 y su intención era seguir enviando pilotos tanto por el valor del entrenamiento como por la cooperación que se generaba entre países aliados.

En Albacete, los F-15C estadounidenses y los Eurofighter españoles tenían que dejar durante unas horas sus rutinas habituales para encontrar una forma común de trabajar. Y eso era, precisamente, lo que Gomez consideraba valioso: aportar experiencia propia, pero también estar dispuesto a aprender de la forma en la que operaban los demás.

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