ELECCIONES PERÚ

Keiko Fujimori llegaría al poder en Perú con el narco en su contra, un Congreso hostil y una causa judicial pendiente

Le ha costado 15 años, pero parece que al final Keiko Fujimori va a llegar a Casa Pizarro

Keiko Fujimori
Keiko Fujimori. (Efe)
  • Pedro Fernández Barbadillo
  • Columnista de Internacional. En la editorial Homo Legens ha publicado 'Eternamente Franco' y 'Los césares del imperio americano'. Su último libro es 'Eso no estaba en mi libro de historia del Imperio español' (Almuzara).

Le ha costado 15 años, pero al final Keiko Fujimori parece que va a cumplir su objetivo de establecerse en la Casa Pizarro como presidenta, a partir del 28 de julio. Y lo hará gracias a un puñado de votos emitidos fuera del Perú.

Aparte de las impugnaciones (están en juego casi 340.000 sufragios, de los que más de la mitad se los podría atribuir Keiko), se siguen contando papeletas en el exterior, desde España a Japón, que son favorables a hija de Alberto Fujimori en una proporción general del 60%. El recuento en el interior del país vuelve a mostrar la enorme división de éste, entre la costa y la sierra, entre la capital y Callao, que reúnen casi el 40% de la población, y el resto. Un tajo que ningún gobernante ha remediado.

Fujimori encabeza Fuerza Popular, el partido más organizado del Perú, cuyo programa consiste en el conservadurismo, la propiedad privada, el antiglobalismo y la promoción del orden público. En estas elecciones ella ha sido el único candidato que se pronunció en contra del aborto; también ha dirigido campañas contra la introducción de la ideología de género en la enseñanza y el matrimonio homosexual. Casó en 2004 con un empresario norteamericano, Mark Vito, con el que tuvo dos hijos. El matrimonio se rompió en 2022.

A Fujimori se le puede hacer el mismo reproche, quizás intrascendente, que a Donald Trump, Javier Milei, o José Luis Rodríguez Zapatero: carece de experiencia de gobierno. Fue primera dama del Perú a los 19 años, cuando sus padres de separaron, en 1994, y hasta 2000, cuando cayó el régimen de su padre. Y, después, congresista por Lima entre 2006 y 2011, cuando recibió la mayor votación de un candidato parlamentario, más de 600.000 papeletas. Desde entonces, se ha volcado en su partido y en preparar las presidenciales, en las que pasaba a la segunda vuelta, pero perdía por el odio que provoca su padre, Alberto Fujimori, en sectores que van desde la oligarquía criolla y liberal a los indios pobres de la sierra.

En 2011, perdió en la segunda vuelta frente al indigenista Ollanta Humala, aupado por la ola del socialismo del siglo XXI. En 2016, le derroto el liberal Pedro Pablo Kuczynski. Y en 2021, a pesar de contar con el apoyo de Mario Vargas Llosa, enemigo de su padre, el socialista Pedro Castillo le superó por poco más de 40.000 sufragios, en un recuento que ella denunció como fraudulento.

De acuerdo con su programa y con la herencia de su padre, autor del desarrollo económico del Perú en los 90, durante su régimen autoritario, es de esperar que se mantenga el crecimiento, basado en la minería; la atracción de inversiones extranjeras; y la estabilidad monetaria, obra esta última de Julio Velarde, gobernador del Banco de Reserva. España es el primer inversor de la UE en el país.

Sin embargo, Keiko podría ser víctima de la agitada política nacional. En la última década, los Congresos han cumplido su legislatura de cinco años, a diferencia de los presidentes. Desde 2016, se han sucedido ocho jefes de estado, sea por destitución por el Congreso o por dimisión.

Sobre ella pende la amenaza de una investigación judicial por lavado de dinero proveniente de la empresa brasileña Odebrecht (esta trama se ha llevado por delante a varios gobernantes sudamericanos). Debido a este proceso, estuvo unas semanas en prisión provisional en 2020 y ha tenido prohibida la salida de Perú.

En el Congreso, formado por 130 diputados (por primera vez desde 1993, se ha restaurado el Senado), Fuerza Popular tiene la mayor bancada, con 41 escaños. Podría aliarse con Renovación Popular, el partido de Rafael López-Aliaga, echado de la segunda vuelta en beneficio del socialista Roberto Sánchez, por los manejos de la izquierda atrincherada en los organismos electorales; pero éste sólo tiene 15 diputados. Sin embargo, esa minoría en el Parlamento no será el mayor problema de la nueva presidenta.

Keiko Fujimori va a encontrar una resistencia dura por parte de la delincuencia organizada. En el sur del país, donde Sánchez ha ganado por unas cifras similares a las del peronismo argentino o el chavismo venezolano, varios representantes de las comunidades indígenas han declarado que no la reconocerán. Estos aymaras pertenecen a la misma etnia del boliviano Evo Morales, que ha sublevado su feudo de Cochabamba contra el presidente Rodrigo Paz para evitar su juicio por tráfico de personas y estupro.

En la provincia de Puno, Sánchez ha sacado 72 puntos de ventaja a Fujimori: casi 610.000 votos frente a menos de 100.000. En esta región y en otras fronterizas con Bolivia, no sólo influye el agravio respecto a Lima y la costa, sino también el deseo por parte de las mafias de narcos y contrabando de impedir el afianzamiento del Estado, que reduciría sus negocios. Por eso, los delincuentes prefieren a unos candidatos de izquierdas (Humala, Castillo, o Sánchez) con los que suelen pactar, porque todos son enemigos del Ejército y la Policía.

El recuerdo de su padre, que derrotó a la banda terrorista de extrema izquierda Sendero Luminoso, y sus promesas de imponer el orden son dos de los principales factores que le han dado la victoria.

Parte de la burguesía limeña, tanto la conservadora como la caviarada, que detesta a los Fujimori por sus orígenes y sus modales, le boicoteará. Si la abstención en los barrios más exclusivos de Lima (Miraflores, Barranco, Surco, San Isidro y La Molina) hubiera sido unos pocos puntos inferior a la registrada, Keiko habría recibido varios miles de sufragios que habrían ahorrado a los peruanos esta agonía. Aquí se confirma que algunos son capaces que quedarse ciegos con tal de que su odiado enemigo se quede tuerto.

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