Irán castiga a la Nobel Narges Mohammadi con 7 años más de cárcel por estar en huelga de hambre
La defensora de derechos humanos iraní, Premio Nobel de la Paz 2023, fue castigada por el régimen tras iniciar una huelga de hambre en protesta por su encarcelamiento

Irán endurece su represión y condena a la Nobel Narges Mohammadi a siete años más de cárcel. El régimen de los ayatolás de Teherán ha vuelto a demostrar su intolerancia hacia la disidencia y los defensores de los derechos humanos. La defensora de los derechos humanos en Irán y Premio Nobel de la Paz Narges Mohammadi, reconocida internacionalmente por su lucha por los derechos de las mujeres en Irán, ha sido condenada a más de siete años adicionales de prisión tras mantener una huelga de hambre en protesta por su situación.
Según su abogado, Mostafa Nili, un tribunal revolucionario de Mashhad dictó seis años de cárcel por «reunión y colusión», un año y medio por «propaganda contra el sistema» y una prohibición de viajar durante dos años. Mohammadi, que ya había sido liberada temporalmente por motivos médicos, fue arrestada nuevamente en diciembre de 2025 durante un homenaje a Khosrow Alikordi, abogado y defensor de los derechos humanos asesinado en Mashhad. En la imagen que ilustra esta información se ve a Narges Mohammad, premio Nobel de la Paz, en Teherán tras ser liberada por motivos médicos en diciembre de 2024. En el mensaje en su palma dice en persa: «Acabemos con el apartheid de género».
La defensora de los derechos humanos se ha convertido en un símbolo global de la lucha por las libertades en un país donde el régimen reprime cualquier forma de protesta. Su condena coincide con un momento crítico en la política iraní, mientras el país negocia con Estados Unidos sobre su programa nuclear para evitar un posible conflicto militar.
A sus 53 años, Mohammadi sigue enfrentándose a un sistema que persigue a quienes defienden la justicia y los derechos civiles. Su Premio Nobel de la Paz en 2023 se convirtió en un reconocimiento a su coraje y a su compromiso con la libertad, en medio de un régimen que no perdona la disidencia.
La noticia sobre la condena de Narges Mohammadi, activista iraní y Premio Nobel de la Paz, llega en un momento de máxima tensión diplomática entre Irán y Estados Unidos. Mientras Mohammadi enfrenta más de siete años adicionales de prisión, Irán mantiene su firme posición sobre su programa nuclear, un punto crítico en las negociaciones internacionales.
El ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, declaró ante diplomáticos reunidos en un cónclave en Teherán que el país continuará defendiendo su derecho a enriquecer uranio, a pesar de las objeciones de Estados Unidos, que en junio llevó a cabo bombardeos sobre instalaciones nucleares iraníes durante el conflicto de 12 días con Israel. Araghchi subrayó que la verdadera fortaleza de Irán reside en su capacidad de «decir no a las grandes potencias», asegurando que la república islámica no persigue un arma nuclear, sino que su «bomba atómica» es precisamente la determinación de resistir presiones externas.
La situación se complica además con los movimientos militares y diplomáticos de Estados Unidos. El portaaviones USS Abraham Lincoln, acompañado de buques y aeronaves, fue desplegado en Medio Oriente como medida de presión sobre Teherán y con capacidad de intervenir militarmente si el presidente estadounidense lo considera necesario. En paralelo, se espera que el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, viaje esta semana a Washington, donde Irán será uno de los temas centrales de las discusiones.
A pesar de estas tensiones, el presidente iraní Masoud Pezeshkian calificó las recientes conversaciones en Omán con representantes estadounidenses como «un paso adelante», aunque las declaraciones de Araghchi evidencian los desafíos que enfrenta cualquier acuerdo. La combinación de presión internacional y firme represión interna, ejemplificada en la sentencia contra Mohammadi, refleja la compleja situación de Irán, atrapado entre la confrontación externa y la creciente protesta interna que exige más libertades y respeto a los derechos humanos.
En este contexto, la condena de Mohammadi no solo tiene un significado personal y legal: simboliza la resistencia del régimen frente a quienes buscan promover la democracia y los derechos civiles, mientras Irán se mantiene firme en su política nuclear y en su retórica de desafío frente a las potencias mundiales.
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