El ex presidente de Sudán Al-Bashir es condenado a pasar dos años en un reformatorio por corrupción

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El ex presidente de SUdán, Omar Al-Bashir, se sienta en la jaula del acusado en corte del país africano. Foto: AFP
  • Pablo Rubio | atalayar.com

Omar al-Bashir, expresidente de Sudán, ha sido condenado por corrupción. El mandatario, derrocado en abril tras meses de protestas, deberá pasar dos años en un reformatorio por delitos de enriquecimiento ilícito y tráfico de divisas. Unos días después de que fuera depuesto, se encontraron en su domicilio siete millones de euros, además de un elevado capital en libras sudanesas.

En prisión desde que fue apartado del poder, Al-Bashir ha acudido a la vista final de la causa ataviado con la túnica y el turbante blancos tradicionales de su país. Al-Sadiq Abdelrahman, el juez encargado de emitir el veredicto, ha explicado que, por razones de edad, ha decidido no enviar al expresidente a la cárcel, sino a un reformatorio. No es, sin embargo, la única sanción con que se ha saldado la causa. Se ha ordenado, del mismo modo, que queden confiscadas las sumas monetarias que, en su día, fueron incautadas.

El expresidente había alegado que el dinero que tenía en su casa formaba parte de una donación de 25 millones de dólares efectuada por Mohamed bin Salman, príncipe heredero de Arabia Saudí. Según la versión del exmandatario, ese capital había de servir para ayudar al país a través de inversiones en servicios e infraestructuras públicas. Ambos países tienen un largo historial de colaboración económica. Sin embargo, los argumentos de Al-Bashir no han convencido al juez. Su condena comenzará a hacerse efectiva cuando se publique la sentencia por otra causa abierta en Sudán. Se le acusa de haber ordenado el asesinato de manifestantes durante los cuatro meses de protestas a principios de este año.

La sentencia que se ha emitido este sábado representa un hito importante en la transición hacia la democracia del país africano, que está tratando de eliminar cualquier influencia procedente del régimen anterior. El pasado mes de noviembre, el Tribunal de Apelaciones de Jartum falló a favor de disolver el Partido del Congreso Nacional, la formación de ideología islamista en la que militó Al-Bashir.

Complicada transición

Sudán lucha por establecer un Estado de derecho sólido y con garantías después de dos décadas de poder autoritario de Al B.ashir, un periodo caracterizado por la influencia de los clérigos más conservadores y las fuerzas armadas. El nuevo primer ministro Abdallah Hamdok se ha comprometido en repetidas ocasiones a restaurar la paz en la frontera sur, así como a atender las demandas de la población y mejorar la situación económica del país.

No será fácil conseguirlo. A pesar de los avances, las movilizaciones ciudadanas no se han detenido. Además, sanear la economía nacional no es sencillo. El país arrastra muchos años de corrupción sistémica y de sanciones internacionales, puesto que está incluido en la lista de Estados que patrocinan el terrorismo. Hamdok se ha reunido recientemente con Donald Trump para que se borre a Sudán de esa relación, pero, de momento, la Casa Blanca ha desechado esa posibilidad.

Casos abiertos

Al-Bashir también es requerido por la justicia fuera de Sudán. Desde el año 2009, la Corte Penal Internacional le achaca cinco cargos por crímenes contra la humanidad, dos por crímenes de guerra y tres por genocidio.  Presuntamente, estas violaciones fueron perpetradas por el Ejército de Sudán y milicias afines entre los años 2003 y 2008 en el marco del conflicto de Darfur, que ha dado lugar a una de las mayores crisis humanitarias del siglo XXI. No obstante, ni Sudán ha ratificado el Estatuto de Roma -indispensable para juzgar a nacionales de un país en la instancia internacional- ni tales acusaciones han sido presentadas, aún, por las instituciones de justicia nacionales, de modo que es difícil que Al-Bashir sea finalmente condenado por estos crímenes.

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