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Estados Unidos

Estados Unidos se prepara para atravesar el desierto de Nevada con la megaconstrucción de 350 km de vías para un tren bala que alcanzará los 320 km/h tras una inversión de más de 12.000 millones de dólares

El proyecto conectará Las Vegas y Los Ángeles en apenas dos horas, pero aún no está terminado

Estados Unidos está creando por fin el tren de alta velocidad. Este país siempre ha sido conocido por ser desconfiado en crear este tipo de infraestructuras, pero ahora ha puesto en marcha un proyecto muy ambicioso. Este plan consiste en una línea de tren de alta velocidad de 350 kilómetros que atravesará el desierto de Nevada y California.

Un proyecto en desarrollo

Este proyecto, conocido como Brightline West, busca conectar dos ciudades muy importantes de Estados Unidos, Las Vegas con el área metropolitana de Los Ángeles, a través de una línea ferroviaria de alta velocidad.

La gran infraestructura recorrerá aproximadamente 250 kilómetros, siguiendo una gran parte del trazado de la autopista I-15, una de las rutas que más se congestionan de todo Estados Unidos.

Ya se han comenzado con los trabajos previos y con las primeras fases de construcción, pero el tren todavía no está en funcionamiento. La previsión de la puesta en marcha de esta línea es para finales de 2029.

Velocidad de 320 km/h

El gran desafío de este proyecto no está en que sea la primera vez que se hace, sino en su velocidad. Los trenes podrán alcanzar velocidades de hasta 320 km/h, igualando a los trenes más avanzados del mundo.

Esto permitirá en el futuro reducir un trayecto que hoy se hace en coche entre cinco y seis horas por la gran congestión de tráfico, en apenas dos horas, lo que reduce el tiempo en más de la mitad.

Además, estos trenes serán completamente eléctricos, lo que los convierte en una alternativa perfecta al coche o al avión, al ser mucho más sostenibles, además de que ayudarán a evitar mucho tráfico.

Inversión millonaria

El coste estimado de este proyecto supera los 12.000 millones de dólares, una cifra que refleja la apuesta de Estados Unidos por esta infraestructura, la magnitud de la obra y la complejidad técnica de llevarlo a cabo.

El proyecto cuenta tanto con apoyo público como privado y forma parte de una estrategia amplia para ir modernizando el transporte de Estados Unidos, donde el método de transporte más utilizado sigue siendo el coche.

De hecho, este país ha tenido a lo largo de los años muchas dificultades para poder desarrollar trenes de alta velocidad, debido a negaciones tanto de los políticos como de la sociedad.