VALLE DE LOS CAÍDOS

OKDIARIO en el Valle de los Caídos: «Es una maravilla y es historia, el Valle no se debe tocar»

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Sira Lobato

La resignificación del Valle de los Caídos ha vuelto a situarse en el centro del debate público tras el inicio de las obras previas impulsadas por el Gobierno de Pedro Sánchez. La llegada de la maquinaria pesada esta misma semana, que al día siguiente amaneció con pintadas de protesta, ha reavivado un rechazo total ciudadano a las obras: «Es patrimonio histórico de España que no se debería tocar, sería una barbarie».

Frente al propio enclave histórico, la mayoría de los ciudadanos (e incluso turistas) muestran su absoluto rechazo a la alteración del Valle de los Caídos, defendiendo su valor histórico, artístico y patrimonial frente a lo que consideran un gasto público innecesario y una decisión tomada a espaldas de la población.

«Sería una barbarie quitar todo esto»

Para muchos de los visitantes, el recinto trasciende el debate político para enmarcarse en el ámbito puramente patrimonial y cultural. «Yo prefiero que el Valle de los Caídos no se toque, que se quede como está. Sería una barbarie quitar todo esto», señala uno de los ciudadanos que venía desde Asturias a visitarlo. A su vez, destacaba la importancia de que las nuevas generaciones «sepan la realidad de las cosas y lo que hay actualmente».

La monumentalidad de la obra es uno de los argumentos más repetidos para oponerse a su resignificación. «Tiene un significado, bueno o malo dependiendo de la persona, pero al final es arte, y el arte no se quita», argumenta una joven. Esta visión es compartida por quienes se acercan a la zona: «Viendo esto desde el punto de vista de turista, es espectacular. Deberían respetarlo. Independientemente de la política, modificar algo que es histórico no tiene mucho sentido. No podemos eliminar la historia».

Agujeros en la piedra de granito hechos por las obras de la resignificación del Valle de los Caídos

Críticas al gasto público y falta de consulta ciudadana

Más allá del valor arquitectónico del conjunto, el inicio de las obras ha generado malestar por la gestión de los fondos públicos. Para varios visitantes, el desembolso estatal de 30 millones de euros resulta «algo completamente innecesario y muy triste».

«El Estado tiene que estar para los españoles y para las necesidades de los mismos: educación, sanidad, carreteras, transportes. No disponemos de servicios en condiciones y creen que el problema principal es destruir algo que es patrimonio de los españoles», denuncia un ciudadano, que califica la medida de «intolerable».

A esta crítica económica se suma la percepción de que las decisiones se están ejecutando de manera unilateral. Algunos ciudadanos justifican las pintadas aparecidas en las máquinas de obra como consecuencia de este descontento civil: «No han preguntado a los ciudadanos qué opinan; lo han votado políticos que no reflejan la opinión de la gente. Me parece una buena forma de reivindicar que no se quite». No obstante, otros ciudadanos, aunque comparten el fondo del mensaje, matizan las formas: «Entiendo a la gente que quiera defender que no hagan obras, pero tampoco que vandalicen el material».

Lugar donde estuvieron ubicadas las maquinarias para la resignificación del Valle de los Caídos

La visita papal como «cortina de humo» de P.S.

Uno de los aspectos más polémicos señalados por los entrevistados es el momento exacto elegido por el Gobierno de P.S. para empezar las obras en las piedras. Varios testimonios apuntan a una intencionalidad política al hacer coincidir el despliegue de maquinaria con el reciente viaje papal de León XIV a la capital de España.

«Me parece escabroso que hubiesen utilizado la presencia del Papa como cortina para que la gente no se diera cuenta y protestara», critica tajantemente un visitante. Para este sector de la población, el Gobierno socialista pretende «dejar su mala huella y acabar con todo lo que puedan», un objetivo que, aseguran, «no lograrán».

El sentir de los testimonios recogidos apela a la aceptación y conservación intacta del Valle de los Caídos como recordatorio del pasado. «No creo que nadie esté orgulloso de la historia que tuvimos hace sesenta años, pero fue lo que ocurrió y vamos a dejarlo ahí. No podemos politizar nada ni cerrarnos con nuestros pensamientos. Esto es historia de España y hay que asumirla», concluyen de forma contundente.

Interior de la Basílica del Valle de los Caídos

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