Monedero critica al Rey por no sumarse al show de la espada de Bolívar del ex terrorista Petro

Vox
El Rey Felipe VI en la toma de posesión de Gustavo Petro.

El imputado por presunto blanqueo de capitales Juan Carlos Monedero ha liderado las críticas contra el Rey Felipe VI por no sumarse al show montado por el ex terrorista Gustavo Petro en su toma de posesión, pidiendo que se llevara ante su presencia la espada de Simón Bolivar. El cofundador de Podemos no ha desaprovechado la ocasión para criticas al Rey, a la que se han sumado los independentistas catalanes.

Como todo gran líder populista, el ex miembro de la narcoguerrilla del Movimiento 19 de abril (M-19) Gustavo Petro ha protagonizado durante su toma de posesión uno de los momentos efectistas que tanto gustan a la izquierda y que se están convirtiendo en habituales últimamente en el continente americano.

Petro pidió con gran solemnidad que llevaran la espada del ‘libertador’ Simon Bolívar ante su presencia, antes de dar su discurso de investidura y justo tras jurar cargo. Mientras un grupo de militares transportaban el simbólico acero que recuerda la independencia de Colombia de España, los allí presentes se pusieron en pie, se hicieron selfies y aplaudieron a rabiar la presencia de la espada.

Todos menos uno. El Rey Felipe VI mantuvo la compostura en pleno show populista y fue el más llamativo, porque, otro que no rompió el protocolo y se mantuvo sentado en su lugar fue el presidente argentino Alberto Fernández, como se puede apreciar en la instantánea.

Esto le ha valido todo tipo de críticas de la jauría comunista e independentista que campa por España. La voz cantante de un nuevo ataque a la Corona la ha llevado Juan Carlos Monedero. «Los generales valientes, aún cuando son derrotados, rinden homenaje a los que les han vencido en buena lid. Que el Rey Felipe VI se quede sentado cuando todo el pueblo decente de Colombia vibra de pie cuando llega la espada de Bolívar es triste. Respeto», ha escrito en sus redes sociales el imputado por presunto blanqueo de capitales de dinero procedente del chavismo. Monedero considera una victoria «en buena lid» que Bolívar dependiera de la financiación inglesa para destrozar a España, hasta el punto de que el ‘libertador’ mercadeó con el futuro de Panamá y Nicaragua, a las que pretendía ceder a los ingleses a cambio de armas y navíos.

Pero no ha sido el único. Otros enemigos de la Monarquía se han sumado al cofundador de Podemos. Desde ERC, socios del Gobierno de Pedro Sánchez, han arremetido contra el Rey al que han calificado como «un impresentable digno heredero de muchos impresentables. Un hombre que ha renunciado a ser persona por ser un digno sucesor de una monarquía golpista, corrupta y profascista», ha dicho el diputado de los independentistas Jordi Salvador.

Josep Rull, indultado tras ser condenado por el golpe de Estado en Cataluña, ha dicho que Felipe VI «es patético».

 

La espada de Bolívar

Para el ex terrorista Petro, la espada de Bolívar tiene un gran simbolismo. No sólo representan la independencia del pueblo colombiano. La primera acción de la narcoguerrilla M-19, a la que perteneció el ahora presidente de Colombia, fue robar este símbolo histórico de Colombia.

El robo se produjo el 17 de enero de 1974 y se produjo en la Quinta de Bolívar, el museo donde se exponía. El M-19 devolvió la espada de Bolívar en 1990, después de firmar un acuerdo de paz con el Gobierno colombiano.

En los 16 años de vigencia como grupo armado, el M-19 llevó a cabo todo tipo de acciones que sembraron el terror en Colombia. Asesinatos, secuestros, tomas de poblaciones.

La toma del Palacio de Justicia

La toma del Palacio de Justicia fue una joint venture entre los terroristas del M-19, deseosos de desestabilizar el Gobierno de Belisario Betancur, y el cártel de Medellín del sanguinario Pablo Escobar, que buscaba frenar los procesos de extradición de los narcos a Estados Unidos. Un grupo terrorista y un banda de narcotraficantes le había declarado la guerra frontal al Estado colombiano. Escobar entregó armas y dos millones de dólares a Iván Marino Ospina, jefe militar del M-19, para llevar a cabo la operación que acabaría en masacre. Buscaban una guerra y la tendrían.

Escobar se sentía traicionado por Betancur, al que financió con cinco millones de dólares en campaña, por haber nombrado a Rodrigo Lara Bonilla como Ministro de Justicia. Lara Bonilla persiguió a los narcos por tierra, mar y aire hasta que un 30 de abril de 1984 dos sicarios en moto emboscaron el Mercedes blanco en el que viajaba y lo acribillaron a tiros. “Lo difícil no es encontrar las respuestas, sino aceptarlas”, dijo su hijo Jorge Bonilla, que tenía siete años el día que mataron a su padre. Siendo adulto urdió un fallido plan para asesinar en venganza al hijo de Escobar en Suiza. Acabaron haciéndose amigos.

Cuando Escobar se enteró que el M-19 planeaba tomar el Palacio de Justicia decidió financiar la operación para que los terroristas una vez dentro quemaran los documentos con los que la Corte Suprema de Justicia pensaba extraditarle a EEUU. «El plan ‘A’ era que se metieran en el Senado, no en el Palacio, porque era allí donde Betancur iba a pelear la extradición. El plan ‘B’ era matar la mayor cantidad de magistrados y quemar los expedientes, que fue el que finalmente se llevó a cabo», confesó el sicario Popeye, la mano derecha de Escobar, a la revista Semana.

Tras incendiar el edificio, los terroristas secuestraron a sus ocupantes con la idea de poner al Gobierno de Betancur de rodillas y obligarlo a aceptar sus condiciones. Pero éste se negó tajantemente a dialogar con una frase que humillaría hoy a Pedro Sánchez: «El Gobierno no negocia cuando están por medio las instituciones», y añadió que él asumía las responsabilidades del asalto porque había tomado «personalmente» las decisiones.

Betancur plantó los tanques del Ejército delante del Palacio de Justicia dispuesto a liberar a los rehenes y acabar con los terroristas. El saldo fueron 28 horas de pánico, muerte y destrucción con 101 muertos -entre ellos 11 magistrados- y varios desaparecidos. Treinta y siete años después de aquella masacra, a la entrada del edificio todavía puede leerse la frase de Francisco de Paula Santander, uno de los padres fundadores de Colombia: «A los colombianos las armas os han dado la independencia, pero sólo las leyes os darán la libertad».

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