España
crisis migratoria en ceuta

‘Estado de excepción migratorio’ de Ceuta en la peor crisis fronteriza de su historia

Las fuerzas de seguridad informan de okupaciones de viviendas vacías, hurtos y tensiones

  • María Ruiz
  • Portadista. Especialista en 'breaking news' y noticias de nacional e internacional. Nací al periodismo en Abc, ayudé a fundar La Razón y viví en Las Provincias.

Ceuta amaneció este viernes transformada y caótica. Lo que el jueves se convirtió en la mayor crisis fronteriza de su historia —entre 50.000 y 60.000 personas según las estimaciones de Interior y del presidente de la ciudad autónoma, Juan Jesús Vivas— dejó la ciudad, de unos 83.600 habitantes, prácticamente desbordada. La cifra equivalía a sumar de golpe entre el 60 y el 70% de su población. La mayoría eran jóvenes marroquíes que cruzaron a nado bordeando el espigón de El Tarajal, a pie por el rompeolas o incluso por la frontera terrestre, muchos en bañador y con lo puesto.

La noche del jueves al viernes fue caótica y dramática. Cientos de recién llegados durmieron en parques, bancos, gasolineras y calles. Comercios cerraron, supermercados y grandes superficies bajaron la persiana. En el lado marroquí, en Fnideq (Castillejos), la tensión no bajó: se quemaron vehículos y un autobús, y las autoridades desplegaron cañones de agua y material antidisturbios para frenar nuevos intentos. Algunos grupos siguieron intentando cruzar de madrugada, pero el refuerzo de las fuerzas españolas (Ejército de Tierra, Guardia Civil y Policía Nacional) y el despliegue marroquí redujeron el flujo.

El balance humano es trágico. Las cifras de fallecidos al intentar la travesía a nado se fueron actualizando a lo largo del día: de 19 cuerpos recuperados al inicio a 41, 43 y, hasta el momento, al menos 57, según fuentes policiales. La mayoría se ahogaron al intentar bordear el espigón.

Lo más llamativo del viernes, sin embargo, ha sido el retorno masivo que ha relatado el ministerio de Marlaska, que ha asegurado que 38.300 personas ya habían vuelto de Ceuta hacia Marruecos. Muchos lo hacían «de forma voluntaria» al comprobar que no había paso fácil hacia la península y que las autoridades negociaban devoluciones rápidas. El Gobierno español y el de  Marruecos han acordado «agilizar los trámites» para devolver «lo antes posible» a quienes entraron de forma irregular.

Pedro Sánchez y el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, han viajado este viernes a la ciudad. El presidente del Gobierno ha calificado la entrada masiva de «violación y ataque a la integridad territorial de España», ha atribuido el fenómeno a las mafias que habrían aprovechado una sentencia del Tribunal Supremo (que limita las devoluciones en caliente de quienes llegan por mar) y ha anunciado medidas de contención, como el despliegue de boyas. Ha rechazado declarar la emergencia nacional que pedían Vivas y la oposición. El presidente de Ceuta insistió en que la situación era «insostenible» y reclamó más recursos.

La oposición (PP y Vox) habla abiertamente de «invasión», critica la gestión del Gobierno y pide el cierre de la frontera y el despliegue masivo del Ejército. En el plano internacional, voces como la de Giorgia Meloni o la Casa Blanca cargan contra las políticas migratorias españolas. Marruecos, por su parte, habló de organizaciones criminales y destacó su colaboración.

La ciudad ha suspendido su feria de verano por falta de garantías de seguridad. Las fuerzas de seguridad informan de okupaciones de viviendas vacías, hurtos y tensiones, aunque el ambiente general se describía como de «calma tensa» a medida que avanzaba el retorno.

Al cierre de este viernes, Ceuta sigue en una especie de estado de excepción migratorio. Muchos de los que entraron el jueves ya han regresado o están en proceso de devolución, pero la ciudad ha vivido la mayor crisis fronteriza de la ciudad, superando con creces la de 2021.