AYUNTAMIENTO DE MADRID

La Dehesa de la Villa exige a Almeida que quite ya los ‘palitroques’: «El que hizo esto debe ir a la cárcel»

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Sira Lobato

El parque de la Dehesa de la Villa sigue secuestrado por una polémica urbanística que parece no tener fin. Ha pasado ya más de un año desde que el Ayuntamiento de Madrid decidió arrasar una explanada de intensa actividad deportiva y social para instalar más de 400 troncos de madera clavados en cemento. Esta estructura, bautizada popularmente por los vecinos como los palitroques, ha supuesto un despilfarro público de casi 600.000 euros y ha desatado una ola de indignación vecinal sin precedentes. Las asociaciones denuncian la total falta de consulta ciudadana y el grave daño patrimonial a un entorno protegido, un conflicto que ya ha derivado en una denuncia ante la Fiscalía por prevaricación. Hoy, el abandono de la zona y la pérdida de este espacio se resumen en un clamor unánime a pie de calle: «El que ha hecho esta salvajada debería estar en la cárcel».

Una «salvajada» que arrasó con el espacio infantil

El contexto de esta situación agrava aún más la indignación vecinal, ya que entra de lleno en los despachos judiciales y la legalidad patrimonial. La Dehesa de la Villa fue declarada formalmente Bien de Interés Cultural (BIC) en la categoría de Paisaje Cultural el 11 de diciembre de 2024, mediante el Decreto 112/2024 del Consejo de Gobierno de la Comunidad de Madrid.

Sin embargo, los trámites administrativos se habían adelantado a esta protección. Meses antes, el 18 de agosto de 2024, el Ayuntamiento de Almeida adjudicó la obra a la empresa LAPPET ESPAÑA V.R., ganadora de la licitación por un importe de 493.371 euros (que ascienden a 599.984,05 euros sumando el IVA).

Enrique García, actual presidente de la Asociación de Vecinos San Nicolás Dehesa de la Villa, no oculta su profunda indignación ante el despropósito. «El parque estaba fenómeno. Han destrozado una zona plana donde los niños montaban en bicicleta, jugaban al fútbol e incluso había una cancha de baloncesto», lamenta García. En su lugar, el Ayuntamiento colocó alrededor de 400 troncos de madera.

«A quien se le ha ocurrido esta salvajada creo que tendría que estar en la cárcel, como mínimo, por haberse cargado la Dehesa de esta manera. Esto es un desmadre total, lo hacen todo sin consultar a nadie. Una auténtica vergüenza», sentencia el presidente de la asociación.

Medio millón de euros, un BIC y una denuncia en la Fiscalía

Lo que desde la administración se proyectó como un parque temático, para los vecinos ha supuesto la destrucción de uno de los puntos de encuentro más vitales. Luis Díez, anterior presidente de la asociación vecinal, detalla cómo se ejecutó la obra de la noche a la mañana, clavando enormes troncos con cemento a un metro de profundidad. Al tratarse de un BIC, cualquier intervención agresiva requería la aprobación previa de la Dirección General de Patrimonio de la Comunidad de Madrid, un trámite que, según denuncian, se omitió.

La gravedad de estos hechos provocó que en enero de este mismo año se presentara una denuncia ante la Fiscalía por prevaricación contra el Ayuntamiento de Madrid, amparada en el Artículo 404 del Código Penal, por ejecutar una obra sin permisos en una zona verde protegida.

Aunque la presión social y legal obligó a paralizar los trabajos, el daño y el gasto ya estaban hechos. «Han vertido una gran cantidad de cemento que se debe retirar. Si lo hubieran intentado hacer en el Parque del Oeste o en el Retiro, no se lo habrían aprobado», recalca el ex presidente vecinal.

Hartazgo en el barrio: «Es súper invasivo y un horror»

A pie de calle, la paciencia de los residentes se ha agotado. La paralización de la obra dejó el lugar vallado e inutilizable, privando a los niños y jóvenes de su espacio habitual de juego.

«Está fatal. A los chavales les impide jugar en condiciones a la pelota o montar en bici. Llevo más de un año viéndolo y solo pido que lo quiten de una vez por todas», exige una vecina del barrio.

Las familias coinciden en el diagnóstico: la costosa instalación no solo es estéticamente cuestionable, sino que ha restado calidad de vida al entorno. «Todo mal. Quitaron un montón de espacio, taparon las canchas y encima lo han dejado con las vallas. Desde que empezaron a ponerlo fue súper invasivo», explica una de las vecinas afectadas, que desconfía de las promesas de retirada de la administración: «Con la excusa de que lo van a quitar, a saber cuánto tardan. Es un horror».

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