El oro se desploma más de un 25%: los expertos creen que puede ser la mejor oportunidad de compra del año
Entidades como Bank of America ven las caídas actuales como puntos de entrada atractivos para los inversores
Tras alcanzar máximos históricos a comienzos de 2026, el oro atraviesa un periodo de mayor incertidumbre. En los últimos meses, el metal ha corregido más de un 25% desde sus máximos, lo que ha llevado a algunos bancos de inversión a revisar a la baja sus previsiones a corto plazo.
Aun así, la mayoría de los expertos siguen defendiendo que los fundamentos a largo plazo permanecen sólidos. La actual corrección no responde a un deterioro de la tesis de inversión sobre el oro, sino principalmente a un cambio en las expectativas respecto a la política monetaria de la Reserva Federal (Fed).
Con una inflación más persistente y unos tipos de interés que se mantienen elevados, los inversores han reducido sus expectativas de recortes de los tipos oficiales, impulsando el dólar y las rentabilidades de los bonos del Tesoro estadounidense. Como el oro no genera rendimientos, este contexto penaliza naturalmente su comportamiento a corto plazo.
Confianza en el valor refugio
Lejos de ser un motivo de pánico, Nicolas Cracco, CEO de Gold Avenue, señala que los períodos de debilidad de los precios pueden presentar oportunidades para los inversores que adoptan una visión a largo plazo y reconocen la resistencia histórica del oro.
Además, los expertos de Freedom24 señalan: «La corrección cambia el punto de entrada, pero no su aritmética». En este sentido, la caída ha estado impulsada por factores macroeconómicos, no por un deterioro de los fundamentales.
El principal factor detrás de la caída del precio del oro ha sido el cambio en las expectativas sobre la política monetaria de Estados Unidos. Tras el repunte de los precios del petróleo y la aceleración de la inflación, los inversores prácticamente descartaron la posibilidad de un recorte inminente de los tipos de interés por parte de la Reserva Federal (Fed). Además, el mercado volvió a contemplar la posibilidad de nuevas subidas de los tipos oficiales.
Como consecuencia, aumentaron las rentabilidades de la deuda estadounidense, el dólar se fortaleció y el oro, que no genera rentas en forma de intereses, quedó inevitablemente bajo presión. Precisamente por ello, la actual corrección parece reflejar una reacción a los cambios en el coste del dinero, y no una reevaluación del papel del oro en las carteras de inversión a largo plazo.
Esta es una diferencia fundamental respecto a los mercados bajistas clásicos, en los que los factores estructurales que sustentan la revalorización del activo comienzan a desaparecer de forma gradual.
Qué ha cambiado realmente
Si analizamos los factores estructurales que sustentan el mercado del oro, comprobamos que la mayoría permanece prácticamente inalterada. Los bancos centrales siguen comprando oro a un ritmo significativamente superior al registrado antes de la pandemia. Para muchos países, el metal ha dejado de ser únicamente un activo refugio para convertirse también en un instrumento de diversificación de las reservas internacionales en un contexto de creciente fragmentación geopolítica de la economía mundial.
Sin embargo, el mundo sigue siendo considerablemente menos estable que hace unos años, lo que continúa proporcionando un respaldo estructural a la demanda de activos considerados refugio. Para Freedom24, aquí reside la principal paradoja del mercado: los fundamentos que justifican una posición estratégica en oro permanecen prácticamente intactos, a pesar de la significativa corrección registrada por el precio.
Los bancos revisan previsiones
A primera vista, puede resultar sorprendente que Goldman Sachs haya reducido su precio objetivo para el oro, mientras que JPMorgan, Bank of America y otras entidades siguen anticipando una importante revalorización del metal a largo plazo. Sin embargo, estas previsiones no son contradictorias.
Actualmente, la mayoría de los analistas no debate dónde se situará el precio del oro dentro de varios años. Lo que diferencia sus proyecciones es, sobre todo, la duración prevista del actual periodo de tipos de interés reales elevados. Si la Fed mantiene una política monetaria restrictiva durante más tiempo del previsto, el oro podría seguir moviéndose dentro de un amplio rango lateral durante varios trimestres.
Por el contrario, si la inflación comienza a moderarse y el mercado vuelve a anticipar un ciclo de recortes de los tipos de interés, el potencial de revalorización del metal podría materializarse con relativa rapidez. En otras palabras, los bancos no están revisando la tesis de inversión sobre el oro, sino el momento en el que esa revalorización podría producirse.
Qué significa para el inversor
Precisamente por ello, el mercado actual es diferente al de comienzos de año. En aquel momento, muchos inversores compraban oro tras la fuerte subida de los precios, apostando por la continuidad de ese movimiento.
Hoy, la lógica de inversión es distinta. Invertir en oro ya no representa una apuesta para los próximos meses, sino una decisión de diversificación de cartera con un horizonte de largo plazo. En la práctica, los inversores deben valorar el impacto a corto plazo de unos tipos de interés elevados frente a los factores estructurales que siguen respaldando el mercado.
Con todo esto presente, si el horizonte de inversión se limita a los próximos trimestres, el oro podría seguir cotizando sin una tendencia definida, moviéndose en un rango de entre 4.100 y 4.300 dólares y dependiendo en gran medida de las expectativas sobre la política monetaria de la Fed.
Sin embargo, para los inversores con un horizonte de varios años, la situación actual podría representar un regreso a niveles de entrada más atractivos, tras un periodo de excesivo optimismo.
Para Freedom24, la principal conclusión es que el debate actual en torno al oro no gira en torno al futuro del metal en sí, sino al tiempo durante el cual la economía mundial será capaz de convivir con unos tipos de interés elevados. Mientras sigan presentes factores estructurales como las compras de oro por parte de los bancos centrales, el nivel récord de deuda pública y la persistente incertidumbre geopolítica, la tesis de inversión a largo plazo sobre el oro parece haberse pospuesto, pero no invalidado.
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