Los expertos están pidiendo que no hagamos esto con la calefacción: dispara la factura
Subir el termostato para "acelerar" el proceso de calentamiento de la casa es un error del que advierten los expertos
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Ahora que estamos en pleno invierno, y más con los temporales que hemos estado sufriendo en las últimas semanas y días, parece que el gesto habitual en todas las casas, es encender la calefacción en cuanto entramos por la puerta. Sin embargo, hay algo que también hacen muchos y que tal vez esté provocando que el gasto de luz se dispare. Algo tan sencillo que tiene que ver con el termostato con tu calefacción y que provoca que notes que tu factura es más alta este mes de enero.
Y no, no es sólo que haga frío y echemos horas y horas de calefacción, y tampoco es sólo porque aumenten los costes de la energía. Los expertos señalan que hacer algo tan aparentemente básico como subir el termostato un par de grados para que la casa se caliente más rápido es algo que deberíamos evitar a toda costa. No somos conscientes, pero hacer sólo eso ya implica que la factura vaya a tener un importe mayor, pero lo cierto es que este hábito, tan extendido, no es para nada un truco. De hecho, aumentar el termostato no hace que la vivienda se caliente más rápido, ni ayuda a que la temperatura sea más estable. En realidad, lo único que consigue es que la calefacción trabaje durante más tiempo del necesario, empujando hacia cifras que, en la práctica, superan el confort y entran en el terreno del sobrecalentamiento. Y ahí es donde el bolsillo empieza a resentirse. Los expertos llevan tiempo alertando de que no es un simple gesto inocente. Subir de más la consigna del termostato altera el funcionamiento del sistema y provoca consumos que podrían evitarse fácilmente. La diferencia parece pequeña, un grado arriba o abajo, pero su efecto acumulado en todo un invierno puede disparar la factura.
Hacer esto con la calefacción dispara la factura
Uno de los errores más habituales es pensar que el termostato funciona como un acelerador. Pero los organismos energéticos lo desmienten ya que su función no es regular la velocidad del calor, sino marcar una temperatura objetivo. La caldera trabaja hasta alcanzarla y se detiene; si el ambiente baja, vuelve a arrancar. Nada más.
Por eso subir el termostato hasta 24 o 25 grados no sirve para calentar más rápido. Lo único que ocurre es que, si te despistas, el sistema seguirá funcionando hasta llegar a esa cifra. En una tarde cualquiera, ese exceso se traduce en horas de consumo innecesario que luego aparecen reflejadas en el recibo.
Cuánto cuesta realmente subir un grado
El impacto que tiene subir el termostato para intentar calentar las estancias de forma más rápida está más que documentado. El Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE) recuerda en sus guías que cada grado adicional supone alrededor de un 7% más de gasto energético. Puede parecer un dato mínimo para muchas personas, pero lo cierto es que aplicado durante semanas hace que la factura crezca de una forma notable.
La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) ofrece datos muy similares y aún más ilustrativos para el día a día: cuando una vivienda supera los 20 grados y se sube un grado extra, el consumo puede aumentar entre un 7% y un 10%. Es decir, que ese pequeño gesto repetido puede tener un coste inesperado a final de mes.
Qué temperatura recomiendan las guías oficiales
No existe una cifra única válida para todos los hogares, pero los expertos coinciden en un rango razonable de confort. El IDAE sitúa la temperatura diaria en torno a los 21 grados, ya que esta es más que suficiente para mantener la casa agradable sin sobrepasar el umbral en el que el gasto se dispara. No es necesario alcanzar niveles propios de verano para sentir comodidad. Pero más allá de esa frontera, cada grado extra deja de aportar bienestar real y pasa a traducirse directamente en consumo.
Pequeños detalles que también influyen en la factura
Los errores no acaban en el número del termostato. Energy Saving Trust, organismo de referencia en eficiencia energética, recuerda que la posición del termostato también altera el gasto. Si está oculto detrás de una cortina, cerca de un mueble alto o demasiado próximo a un radiador, la lectura del aire será incorrecta. El sistema creerá que la habitación está más fría o más caliente de lo que realmente está y actuará en consecuencia, encendiendo más de la cuenta. Es un fallo sutil, fácil de pasar por alto, pero que a lo largo del invierno puede sumar más horas de calefacción de las estrictamente necesarias.
La conclusión de los expertos es clara: no se trata de pasar frío ni de activar la calefacción menos, sino de utilizarla con lógica. Ajustar el termostato a una temperatura estable, evitar picos innecesarios y revisar su ubicación son medidas sencillas que pueden reducir la factura sin renunciar al confort.
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