Un estudiante de 22 años con matrícula de honor vive con un jubilado y paga 520 euros de alquiler en París: “Pensé que tendría un piso más grande y alguien con quien hablar”
Un joven explica cómo alquiló una habitación en casa de un jubilado de París para acabar sus estudios universitarios
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Encontrar un alquiler cuando todavía se está estudiando no es precisamente sencillo, aunque esta no es una problemática que afecte sólo a España. Otros muchos países se encuentran con estudiantes que afrontan este reto tal y como es el caso de Francia, donde Thomas Anselin un joven estudiante que consiguió una plaza para continuar sus estudios en la Sorbona debía encontrar un lugar en el que vivir. Con 22 años, tenía que mudarse a París y buscaba un lugar que pudiera pagar, pero también una vivienda en la que estuviera cómodo. La solución llegó de una forma diferente: compartiendo casa con un jubilado de 77 años.
Y su historia se ha hecho viral, no sólo por el alquiler que ha pagado, 520 euros con todos los gastos incluídos, por una habitación en un piso de 93 metros cuadrados en el distrito 14 de París, sino porque además ha podido compartir casa con Bernard, jubilado que no dudó en echarle una mano a tenor de todo lo que el joven había pasado durante sus tres primeros años de universitario La anterior vivienda en Estrasburgo era un estudio de apenas 14 metros cuadrados y solía regresar a casa de sus padres los fines de semana. El cambio ha coincidido también con su mejor año académico. Thomas cursa el máster de Finanzas de Mercado y Gestión de Riesgos en la Universidad París 1 Panthéon-Sorbonne y ha terminado como el primero de su promoción, con una media de 15,4 sobre 20. En una entrevista con Le Figaro Étudiant, reconoce que vivir cómodamente le ha permitido dedicar mucho tiempo a estudiar.
Un estudiante de 22 años vive con un jubilado y paga 520 euros de alquiler en París
Thomas procede de un pueblo cercano a Mulhouse, en Alsacia. En 2022 terminó el bachillerato con una nota de 16 sobre 20 y después comenzó sus estudios de MIASHS en la Universidad de Estrasburgo. Durante tres años vivió en un estudio de 14 metros cuadrados que, especialmente en invierno, se le hacía difícil de llevar. En aquella etapa sus notas se movían entre el 10 y el 12 sobre 20. También trabajaba durante los veranos y fue entonces cuando empezó a interesarse por las finanzas mientras aprendía a gestionar su propio presupuesto.
Tras conseguir plaza en la Sorbona, comenzó a buscar alojamiento en París con ayuda de sus padres. Una conocida le habló de Colette, una plataforma especializada en convivencia intergeneracional. La propuesta le gustó: «Nunca tuve miedo de vivir con alguien. Pensé que tendría un piso más grande, alguien con quien hablar y, además, pagaría menos», explica a Le Figaro Étudiant. Y en junio de 2025 encontró el anuncio de Bernard. Mantuvieron una videollamada para hablar sobre sus costumbres y las normas de la casa. Las referencias terminaron de convencerlo: una estudiante había vivido allí durante tres años. Thomas reservó la habitación desde septiembre de 2025 hasta mayo de 2026.
Así es la convivencia entre Thomas y Bernard
Thomas se instaló el 1 de septiembre. En casa mantienen bastante independencia. Cada uno hace su compra y cocina por separado e incluso tienen despensas diferentes. Coinciden principalmente por las mañanas y las tardes, aunque algunos fines de semana comparten el momento de comer. Con los meses, la relación ha ido mucho más allá de compartir vivienda ya uqe Bernard se ha interesado especialmente por la política y sus conversaciones ayudan a Thomas a seguir la actualidad. También ven la televisión juntos y el joven asegura que recibe buenos consejos de su compañero.
Antes de conocerlo tenía algunas dudas. Le preocupaba encontrarse con una persona de mentalidad cerrada y que apenas saliera de casa. La realidad fue distinta. Bernard, a sus 77 años, practica karate, va habitualmente al cine y todavía trabajaba el año pasado. En su entrevista, el joven universitario llega a decir que «reemplaza un poco» a su familia en París y lo describe como una especie de abuelo. La diferencia de 55 años entre ambos no ha impedido que hayan terminado encontrando puntos en común.
Una alternativa al alquiler para estudiantes
La convivencia intergeneracional pone en contacto a jóvenes que buscan alojamiento con personas mayores dispuestas a compartir su vivienda. Para Thomas ha significado pagar 520 euros mensuales con todos los gastos incluidos por vivir en un piso de 93 metros cuadrados en París. Su contrato inicial tenía además otra ventaja: no tuvo que pagar los meses de julio y agosto. Unas condiciones que el joven compara con las de algunos compañeros que viven en estudios pequeños y afrontan alquileres mucho más elevados.
Y parece que el cambio ha sido positivo en cuanto a resultados académicos. Este año Thomas ha conseguido una media de 15,4 sobre 20 y ha terminado primero de su promoción. No atribuye sus resultados únicamente a la vivienda, pero sí reconoce que disponer de un espacio cómodo le ha permitido estudiar mucho y trabajar en mejores condiciones. De este modo, lo que iba a ser una solución temporal ha terminado funcionando mejor de lo previsto. El joven ya ha renovado su estancia en casa de Bernard hasta diciembre de 2026 y cuando observa lo que pagan otros estudiantes por vivir en París, admite que se da cuenta de la suerte que ha tenido.