José Mourinho ha cancelado este sábado su rueda de prensa posterior al Real Madrid-Villarreal, el partido de Liga más caliente desde su vuelta al Santiago Bernabéu. El entrenador portugués prefirió no hablar al entender que la tarjeta roja a Vinicius es totalmente injusta y se mordió la lengua para evitar ser sancionado por criticar a los árbitros y perderse así el próximo encuentro contra el Sevilla (18 de octubre) y, sobre todo, el Clásico en el Camp Nou (25 de octubre).
El asiento donde debía sentarse Mourinho frente a los medios de comunicación tras el encuentro lucía vacío más de media hora después de que este terminase. Tras la comparecencia de Iñigo Pérez, ni el portugués ni ningún miembro del club blanco salió a analizar la victoria en un duelo marcado por el gol anulado a Vinicius, que fue expulsado por agarrar del pelo a Saliba.

Mourinho considera que su silencio es la única manera para poder dirigir desde la banda al Real Madrid en los próximos partidos, especialmente el que jugará contra el Barcelona en la Ciudad Condal. El portugués, junto a Vinicius, fue el gran protagonista de la noche. Primero por la novedad de la suplencia del brasileño en su primer once tras el parón y después por su carrera por la banda para abrazarle por su gol que finalmente fue anulado.
Mourinho puede que tuviese preparada una crítica hacia el árbitro Díaz de Mera mayor a la que lanzó contra Ortiz Arias, colegiado del derbi en el Metropolitano, pero el portugués optó por no hablar y así evitar un castigo que le privase de ejercer su labor en el terreno de juego. Esta incomparecencia se produce un día después de que afirmase que la prensa hacía el «ridículo» al criticar el comportamiento de Kylian Mbappé durante el parón de selecciones.