Liga: Racing-Real Madrid

Canales y Mourinho, la historia que el Real Madrid dejó a medias

El cántabro se reencuentra con el entrenador que le dio la titularidad en su estreno liguero y con el que terminó quedándose sin protagonismo

La llegada de Özil cambió el escenario de una promesa que eligió el club blanco después de enamorarse de Valdebebas y del Bernabéu

La gran obsesión de Mourinho

Sergio Canales Real Madrid
Mourinho y Canales.

Sergio Canales se reencontrará este domingo con el Real Madrid y con José Mourinho, los dos grandes protagonistas de un sueño que comenzó a toda velocidad y terminó demasiado pronto. El cántabro llegó al club blanco como una de las mayores promesas del fútbol español, convenció durante la pretemporada y fue titular en el estreno liguero del portugués. Después llegaron la competencia de Mesut Özil, los partidos sin minutos y una salida que dejó la sensación de una historia pendiente. Ahora vuelve a cruzarse con aquel pasado desde un lugar muy diferente.

Para entender lo que significó aquel fichaje hay que regresar a 2010. Canales era el chico al que todos miraban. Había irrumpido en el Racing con una zurda que levantaba aficionados del asiento y una tranquilidad impropia de su edad. Su doblete contra el Sevilla, en el Sánchez-Pizjuán, disparó una expectación que ya no dejó de crecer. Tenía 18 años y media Europa pendiente de sus botas.

Valdebebas terminó con las dudas

La familia escuchó propuestas y conoció distintas instalaciones, pero el Madrid tenía algo que los demás no podían enseñar. Según recuerdan quienes acompañaron aquel proceso, su padre siempre ha señalado la visita a Valdebebas y al Santiago Bernabéu como el momento decisivo. Una vez que Sergio entró allí, el debate perdió sentido. Quería jugar de blanco.

Fue una apuesta del club, impulsada desde la dirección deportiva de Jorge Valdano, anterior a la llegada de Mourinho. Canales aterrizó en un vestuario construido para ganar de inmediato y en un equipo que comenzaba otra etapa. El talento le había abierto la puerta. Hacerse un hueco exigía bastante más.

Durante unas semanas pareció que todo podía encajar. El cántabro completó una pretemporada ilusionante y se ganó una oportunidad de las que cuentan. Mourinho lo eligió para salir de inicio en Mallorca, en la primera jornada de Liga, por delante de nombres que habían llegado con mucho más ruido. El técnico incluso lo presentó públicamente como un ejemplo de que el rendimiento podía imponerse al cartel.

La conversación que no cambió su destino

Sin embargo, la incorporación de Özil había alterado el escenario. Canales acudió al despacho del entrenador para hablar de su situación. Quería saber qué espacio tendría. Mourinho lo convenció para quedarse y pelear por sus oportunidades.

Aquella conversación alimentó una confianza que luego no encontró continuidad sobre el césped. El estreno en Mallorca no fue el principio de una presencia habitual. Los minutos empezaron a escasear y el protagonismo del verano se fue diluyendo entre suplencias y partidos vistos desde fuera.

La convivencia deportiva se desarrolló, además, en un Madrid atravesado por las diferencias entre Mourinho y Valdano. Canales había llegado de la mano de aquella dirección deportiva, como Pedro León. Ese contexto acompañó su temporada, aunque no basta por sí solo para explicar las decisiones del entrenador. La competencia era enorme y el margen para esperar, pequeño.

Una carrera mucho más grande que aquel año

Canales salió hacia el Valencia al verano siguiente. Necesitaba jugar, recuperar sensaciones y dejar de medir su crecimiento por oportunidades que apenas llegaban. Entonces apareció un obstáculo mucho más duro que cualquier suplencia. Dos graves lesiones de rodilla en Valencia y otra posteriormente en la Real Sociedad pusieron a prueba su carrera.

Respondió reconstruyéndose. Cambió hábitos, fortaleció su cuerpo y aprendió a convivir con una exigencia que ya no dependía únicamente del balón. Su posterior trayectoria, especialmente en el Betis, terminó demostrando que aquel talento tenía recorrido para muchos años.

Con el tiempo también revisó su experiencia madridista desde la autocrítica, reconociendo que no estaba preparado para afrontar aquel salto. Este domingo, cuando vuelva a mirar al banquillo de Mourinho, ya no estará allí el adolescente que preguntaba por su sitio. Estará un futbolista que tuvo que recorrer un camino larguísimo para encontrarlo.

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