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El Madrid empata contra doce

  • Miguel Serrano
  • Me confundieron con un joven prodigio pero acabé de periodista. Escribo cosas de deportes y del Real Madrid en OKDIARIO, igual que antes las escribía en Marca. También a veces hablo por la radio y casi siempre sin decir palabrotas. Soy bastante tocapelotas. Perdonen las molestias.

Con la espada de Damocles de la destitución pendiendo de su cabeza, Rafa Benítez optó por equilibrar al Madrid en el centro. James fuera y Kovacic dentro. El colombiano, que ha empezado el año pisando el acelerador en la M-40 y no en el césped, es uno de esos futbolistas que no termina de llenar el ojo a su técnico. Buscaba Benítez con el croata un jugador posicional que ayudara al equipo más en la elaboración que en la definición.

Sin novedad en el resto del once. Por parejas, Danilo y Marcelo en los laterales, Pepe y Ramos como experimentado dúo de entrales y Kroos y Modric por delante. Arriba, la BBC, que por separado suenan como a chiste –un galés, un francés y un portugués– pero cuyos nombres propios impresionan: Bale, Benzema y Cristiano Ronaldo.

Enfrente un Valencia que lleva toda la temporada en Fallas. Fuera de la Champions y con demasiados fallos en la Liga, el proyecto de Nuno se cortó de raíz. Con Gary Neville, el equipo ha sido un poco Torrebruno: no ha terminado de crecer. El técnico inglés optaba también por blindar el centro del campo y dejar arriba solo a Paco Alcácer.

Cantaba Mestalla por Rafa Benítez, porque allí le quieren mucho más que en el Bernabéu. Dominaba el Madrid, con Cristiano y Bale con más ganas de fiesta que un adolescente en Nochevieja. La primera jugada en el área fue del Valencia, después de un buen desmarque de ruptura de Alcácer ante el que tuvo que echarse a los pies Keylor Navas para evitar males mayores.

El duelo no tenía pausa. Era una cabalgata de Reyes de ida y vuelta. Las dos defensas adelantadas estrechaban el campo y restaban protagonismo a los centrocampistas. A los nueve minutos la tuvo Parejo en el primer palo a la salida de un córner, pero su cabezazo se marchó a la izquierda de Keylor Navas.

Los jugadores del Madrid celebran el gol de Benzema. (Getty)

Un francés, un galés y un portugués

A los 15 minutos la BBC decidió sintonizarse el alta definición. Benzema recuperó un balón en tres cuartos de campo, dribló a un par de rivales y conectó con Bale. El galés, de espaldas, se sacó un taconazo imposible para conectar con Cristiano, que controló y se la puso con el exterior al francés, que llegaba libre de segunda línea. Karim definió con estilo, talento y sobriedad, como un seductor del gol. Nada pudo hacer Jaume en su estirada para sacar el envenenado y raso disparo de Benzema. Fue un golazo. El Madrid encarrilaba el partido y Benítez tomaba una bocanada de aire.

El partido seguía siendo una peli de Tarantino. Velocidad, vértigo y algunas salpicaduras de sangre. Ni un segundo de descanso para pestañear. Quizá también algunas pérdidas de más fruto de la precipitación, como quien compra los regalos de Reyes a última hora. El Madrid defendía con siete y dejaba descolgada a la BBC como elemento disuasorio. Cualquier contra podía ser letal para los de Neville.

A la media hora tuvo en su cabeza el empate Cancelo después de un centro medido de Rodrigo de Paul, pero su testarazo lamió el palo derecho de Keylor. Pero era un espejismo en el oasis de fútbol de los blancos –en Mestalla azules marinos–, con un Kroos manejando el centro del campo como en sus mejores días. El alemán (por fin) ejercía de parabrisas en el medio, bien secundado por los dos croatas a su lado.

De repente, el Valencia empezó a apretar y el Madrid a sufrir. En un córner se rondó el empate, pero a Abdennour se le quedó la pelota atrás. Los de Benítez pedían la hora con las ganas de quien espera las campanadas de Nochevieja. Pero 45 minutos en Mestalla también son molto longos. En el 43, el joven Sánchez Martínez se comió un penalti a Bale. Era la jugada que cambiaría el partido porque podría haber sido el 0-2. Un minuto después, Pepe se encargó de ponerle emoción al partido al filo del descanso.

Los jugadores del Valencia celebran el gol de Parejo. (EFE)

El portugués, una sombra del central poderoso que fue en su juventud, quedó retratado en un mano a mano con André Gomes, que le reventó en velocidad. Pepe no paró de tirarle agarrones y tarascadas hasta que le derribó. El penalti era incontestable y Parejo lo marcaba para poner el 1-1 justo antes de que el público de Mestalla se comiera el bocadillo con una sonrisa de oreja a oreja.

El Madrid aprieta, pero no ahoga

Salió a tumba abierta el Madrid en el segundo tiempo, quizá consciente que la Liga pasaba por Mestalla. Dominaban los de Benítez, con Marcelo y Danilo convertidos en extremos y atacando con todo el equipo menos los centrales. El Valencia se pertrechaba atrás a la espera de cazar alguna contra. Bale ganaba en protagonismo, pero a los visitantes les costaba crear ocasiones entre la maraña de murciélagos en torno al área de Jaume Domènech.

A los 62 minutos un zurriagazo de André Gomes, el mejor del Valencia, estuvo a punto de colársele a Keylor, que metió los puños a la remanguillé y pudo despejar a córner. El partido volvía a ser un acordeón, pero esta vez la melodía la ponían los de Gary Neville. A Benítez se le empezaba a poner cara de Artur Mas.

La tuvo Cristiano tres minutos después, pero su volea desde la frontal se marchó alta. Entonces Benítez hizo un cambio que puede costarle el puesto. Quitó a Benzema y sacó a Lucas Vázquez. Metía trabajo y quitaba gol. Y dejaba en el banquillo a Isco y James. Quizá por castigo divino, el partido se le enredó para mal. Primero, en una acción en el área de Cristiano con Abdennour que Sánchez Martínez también dejó sin sanción, pero el banquillo del Madrid reclamó como penalti. Después, con una entrada alevosa de Kovacic que le supuso una merecida roja directa.

Al Madrid se le complicaba el partido y a Benítez el futuro. Cristiano se quedaba de chupagoles y los blancos se recomponían con dos líneas de cuatro por detrás del luso. El Valencia tampoco parecía volverse loco por aprovechar su superioridad, como si se estuviera haciendo el remolón. Neville prefería guardar la ropa antes que nadar.

El minuto de oro

El minuto de oro del partido fue el 81. Lo inauguró Bale con un cabezazo espectacular a una falta botada por Kroos. El galés volvía a resurgir en Mestalla, el estadio donde impresionó al mundo en aquella final de Copa ante el Barça. El Madrid se veía con los tres puntos en el bolsillo. Craso error.

A Benítez no le dio tiempo ni a sacar a Casemiro. Sacó de centro el Valencia, abrió a la banda derecha para De Paul, que la puso al área, donde Pepe y Ramos sólo estaban de cuerpo presente. En el segundo palo el otro Rodrigo, Moreno, cabeceó para asistir a un Alcácer que marcó a placer también de cabeza. Al Madrid se le escapaba la victoria otra vez.

En el último suspiro pudo marcar Negredo, pero su mano a mano lo sacó Keylor Navas. En la jugada de vuelta, también la tuvo Bale, pero al final el duelo acabó con un empate que no les vale a ninguno de los dos equipos. El Madrid se fue de Mestalla con la sensación de dejarse dos puntos en un partido que tenía ganado y de desperdiciar una nueva ocasión de acercarse al Barcelona, aunque esta vez tuviera que jugar contra doce.