Todos los españoles decimos esta popular expresión, pero casi nadie sabe que nació en la Edad Media y era literal
La expresión que decimos a diario sin saber que nació en un pueblo de Madrid
La curiosa frase que sólo entiende la gente que ha nacido en Valencia
Esta expresión se usa en toda España, pero es más madrileña que el chotis
Algunos todavía cometen el error de ver la Edad Media como una época donde la cultura quedó relegada a un segundo plano, pero la realidad es que fue mucho más que eso. De hecho, hay alguna expresión que todavía usamos y nació en esos años.
Una de las más famosas es dar gato por liebre. La utilizamos para describir cuando nos dan algo de baja calidad como si fuera de primera o, directamente, para una mentira.
Sin embargo, lo que muy poca gente sabe es que la expresión no es reciente, sino que nació en la Edad Media. Y, lo peor de todo, es que se usaba de una forma literal.
El origen de la expresión ‘dar gato por liebre’ está en la Edad Media
En la Edad Media los controles sobre la calidad de los alimentos brillaban por su ausencia. Si ahora ya es difícil saber qué te sirven exactamente en un restaurante, hace siglos era imposible.
Por ello, comer en un mesón o una taberna era una auténtica aventura; por muy necesario que resultase en algunas ocasiones. Los largos viajes obligaban a muchas personas a pernoctar y algunos taberneros con pocos escrúpulos intentaban maximizar sus beneficios.
Aprovechando el desconocimiento de los clientes, intentaban hacer pasar la carne de gato (barata, fácil de conseguir e incluso de animales callejeros que cazaban) por carne de liebre (muy valorado y difícil de cazar).
La práctica se hizo tan común que comenzó a popularizarse la expresión dar gato por liebre como sinónimo de intentar hacer pasar algo de escasa calidad por un producto magnífico.
¿Cómo conseguían los taberneros medievales ‘dar gato por liebre’?
Puede parecerte una locura que los taberneros de la época lograsen hacer pasar la carne de gato como si fuera de liebre, pero usaban trucos muy convincentes.
Por ejemplo, cocinaban el guiso de liebre en estofados o calderetas con muchas hierbas, salsas y especias que disimulasen el sabor. El cliente nunca veía cómo lo cocinaban, así que era fácil que cayeran en la trampa.
De hecho, llegaban a raspar la piel del gato para que se asemejase a la de una liebre, con lo que conseguían una presentación mucho más convincente.
Por suerte, esa práctica ya desapareció pero la expresión ha perdurado hasta nuestros días y sigue siendo de las más utilizadas en castellano.
Otras expresiones españolas con origen en la Edad Media
El refrán dar gato por liebre no es el único que se extendió en España durante la Edad Media. Otro de los más famosos, tomar las de Villadiego, también es de la misma época.
Puede parecer un refrán dicho al azar, pero su historia es mucho más profunda. De hecho, el filólogo Alberto Buitrago, intentó explicarla en su libro Diccionario de dichos y frases hechas.
Según relata Buitrago, el origen del refrán está en el pueblo que se menciona: Villadiego, en el norte de la provincia de Burgos.
Para comprender el nacimiento de la expresión debemos remontarnos a los tiempos del rey Fernando III el Santo.
Este monarca eligió Villadiego para alojar a los judíos de Burgos, aunque dictó diversos fueros para protegerlos de ataques, humillaciones públicas y detenciones arbitrarias. Es decir, intentó darles un lugar relativamente seguro.
Eso sí, no estaban exentos de cumplir con una medida muy común en la época: los judíos debían llevar un distintivo visible en su ropa, para que el resto de la población pudiera identificarlos.
En el resto de Castilla, lo habitual es que los judíos llevasen un parche distintivo en el hombro. En cambio, en Villadiego se optó por algo tan particular como unas calzas de color amarillo.
Al ser algo tan curioso, las calzas del pueblo burgalés fueron ganando fama en el país hasta que nació la expresión tomar las de Villadiego, como sinónimo de ponerse dicha prenda.
O, mejor dicho, como sinónimo de ser judío y estar obligado a huir o esconderse ante un peligro.
Con el paso del tiempo, la frase se transformó en un refrán que equivale a cualquier huida precipitada en la que se pretenda dejar atrás la carga original.
Como curiosidad, el rey Fernando III era un experto en aparecer en los refranes más populares. Según la leyenda, también jugó un papel relevante en la creación de irse por los cerros de Úbeda o quedarse entre Pinto y Valdemoro.
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