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El significado del proverbio portugués que hoy es más importante que nunca: «Tener un ojo en el pez y otro en el gato»

proverbio portugués
Gato atento a unos pescados. Foto: Pexels.
Alejo Lucarás
  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

El uso del refrán es una de las formas más antiguas de transmitir experiencia. En pocas palabras, condensa lo que generaciones enteras aprendieron a base de aciertos y tropiezos. Los lusos, como los españoles, tienen un repertorio muy rico, y entre sus dichos más conocidos hay un proverbio portugués que se apoya en una imagen sencilla: un pescado sobre la mesa y un gato al acecho.

La frase se usa en conversaciones de todo tipo, desde el trabajo hasta la vida familiar, y a menudo sin reparar en su sentido completo. Sin embargo, detrás de esa escena doméstica se esconde una reflexión sobre la atención, la previsión y el equilibrio que resulta especialmente útil en un tiempo en el que todo parece reclamar la mirada al mismo tiempo.

¿Qué significa el proverbio portugués «Tener un ojo en el pez y otro en el gato»?

En su versión original, um olho no peixe, outro no gato, el dicho describe la necesidad de atender a dos cosas a la vez, cuando una de ellas amenaza a la otra. El pez representa aquello que se cuida o se persigue; el gato, el peligro que espera su oportunidad.

Su enseñanza principal es que conviene estar preparado para lo inevitable, para que el pez no se escape ni acabe entre las zarpas del gato.

Y en lo que respecta al origen de la expresión, se suele situar en los puestos de pescado y en las cocinas tradicionales. La escena es fácil de imaginar: un pescadero limpia y ordena su género mientras, a pocos metros, un gato finge desinterés, aunque solo aguarda un descuido para llevarse la pieza.

Quien quiera conservar su pescado no puede limitarse a mirarlo, sino que debe vigilar también a quien lo acecha.

Desde luego, el dicho tiene variantes en el mundo lusófono, como um olho no prato, outro no gato (un ojo en el plato, otro en el gato), con el mismo sentido.

Tanto en Portugal como en Brasil, la frase ha pasado del mercado a la oficina, la economía doméstica o las relaciones personales para hablar de cualquier situación que exige concentración y, a la vez, una mirada atenta a lo que ocurre alrededor.

¿Cuántas veces se pierde el pez por no mirar al gato?

La pregunta tiene más fondo del que parece. Muchas personas ponen toda su energía en un objetivo (un proyecto, un ahorro, una relación) y descuidan las señales que anuncian que algo puede torcerse.

El proverbio recuerda que la concentración sin vigilancia es una forma de exposición: se puede hacer todo bien con el pez y perderlo igualmente por no haber levantado la vista a tiempo.

Inclusive, ocurre también lo contrario. Quien vive pendiente solo del gato, obsesionado con los riesgos, acaba descuidando aquello que quería proteger.

Por eso, el dicho no propone desconfiar de todo, sino repartir la mirada con sentido: un ojo en lo que importa y otro en lo que puede ponerlo en peligro. Esa forma de prudencia activa está en la base de la previsión y de la capacidad de anticiparse a los problemas.

Mirar a dos sitios sin perder el rumbo: la atención en la era de las pantallas

Hoy el gato tiene muchas formas: notificaciones, correos, mensajes y redes sociales que compiten por la atención cada pocos minutos. Por eso conviene distinguir entre el equilibrio que propone el refrán y la dispersión.

Mantener un ojo en el riesgo no equivale a saltar de una tarea a otra sin parar, una costumbre que la ciencia relaciona con un peor rendimiento mental.

Y para darle un abordaje a esta cuestión desde la ciencia, podemos citar un estudio de la Universidad de Stanford publicado en la revista PNAS por Eyal Ophir, Clifford Nass y Anthony Wagner, que comprobó que las personas que consumen varios medios a la vez filtran peor las distracciones y cambian de tarea con más dificultad que quienes lo hacen de forma ocasional.

Es decir, intentar mirarlo todo a la vez no hace ver mejor, sino peor. La lección del proverbio portugués, por tanto, no está en multiplicar los frentes, sino en elegir bien cuáles merecen atención.

Un ojo en el pez es foco; el otro en el gato es conciencia del entorno. Lo que el refrán desaconseja es tener los dos ojos puestos en el gato o, peor aún, en una docena de gatos distintos al mismo tiempo.

El refrán español que parece contradecir al proverbio portugués

El refranero español advierte de que no se puede estar en misa y repicando, es decir, que es imposible hacer bien dos cosas a la vez.

Aunque parezca que los dichos chocan, no es así. El refrán español habla de dos tareas que exigen la misma dedicación, mientras que el portugués se refiere a una tarea principal y a una vigilancia secundaria.

Para concluir, más cerca del espíritu luso queda la expresión estar ojo avizor, que describe esa alerta discreta.

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