Qué significa el proverbio chino: «No presumas cuando inicies tu camino, presume cuando regreses»
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Hay frases que se entienden a la primera y, aun así, cuesta aplicarlas. Una de ellas es este proverbio chino: «No presumas cuando inicies tu camino, presume cuando regreses». Esta circula desde hace años en recopilaciones de refranes orientales, en tazas, en carteles motivacionales y en redes sociales.
Interpretarla es fácil, casi de manual, pero detrás hay una idea que el pensamiento chino repite desde hace más de 2.000 años y que la psicología actual ha empezado a medir. Para entender el proverbio chino, conviene fijarse en sus dos verbos: iniciar y regresar.
¿Qué significa el proverbio chino «No presumas cuando inicies tu camino»?
El mensaje central es una cuestión de orden: el mérito se celebra al final, no al principio. Empezar un proyecto, un viaje o un cambio de vida es relativamente fácil. Lo difícil es sostenerlo hasta el último tramo y volver con el resultado en la mano.
La primera aclaración a realizar es que el proverbio no condena el orgullo en sí. Lo que critica es el orgullo adelantado, el que se exhibe cuando todavía no hay nada que mostrar. Quien presume al salir habla de intenciones; quien presume al volver habla de hechos. La diferencia entre ambas cosas es la que separa un plan de un logro.
Hay además una lección de humildad. Al comienzo de cualquier camino se desconoce casi todo: los obstáculos, el cansancio, los cambios de planes. Presumir en ese momento supone dar por hecho un desenlace que todavía no ha ocurrido y que, muchas veces, no llega a ocurrir.
Y curiosamente, la ciencia ha encontrado algo parecido. En 2009, los psicólogos Peter M. Gollwitzer, Paschal Sheeran, Verena Michalski y Andrea E. Seifert publicaron en la revista Psychological Science el estudio ‘When intentions go public’ (‘Cuando las intenciones se hacen públicas’), basado en cuatro experimentos.
Su conclusión fue que las metas anunciadas ante otros se llevaban a la práctica con menos intensidad que las que nadie conocía. Según los autores, el reconocimiento de los demás produce una sensación prematura de haber alcanzado ya el objetivo, y esa sensación resta impulso para trabajar en él.
El origen de este proverbio chino en los textos clásicos
Resulta difícil rastrear el origen exacto de esta frase. Muchos de los proverbios chinos que circulan en español son adaptaciones libres o refranes de autoría incierta. Sin embargo, la idea que transmite sí tiene una base sólida en la tradición clásica china.
El ejemplo más claro es la expresión «行百里者半九十», que puede traducirse como «quien recorre 100 li considera que 90 son solo la mitad» (el li es una antigua medida china de distancia). Procede del Zhan Guo Ce o ‘Estrategias de los Reinos Combatientes’, una recopilación de la dinastía Han.
Según el relato, un anciano advirtió al rey de Qin de que el último tramo de cualquier empresa es el más duro. Él mismo había recorrido 90 li en diez días y necesitó otros diez para los diez restantes, porque las fuerzas flaqueaban al final.
El Tao Te Ching, atribuido a Lao Tse, insiste en lo mismo. Su capítulo 64 (el mismo que incluye la célebre frase del viaje de mil li que empieza con un paso) advierte de que la gente suele fracasar cuando está a punto de terminar, y recomienda ser tan cuidadoso al final como al principio.
Otra máxima clásica, recogida en el Shangshu o ‘Libro de los Documentos’, completa el cuadro: 满招损,谦受益, que se traduce como «la soberbia atrae la pérdida, la modestia recibe el beneficio».
¿Por qué cuesta tanto no celebrar antes de tiempo?
Anunciar un propósito produce una satisfacción inmediata. Decir en voz alta que se va a correr una maratón, aprender un idioma o montar un negocio genera reconocimiento sin haber dado todavía un solo paso. Esa recompensa temprana es, precisamente, la que el proverbio pide dejar para más tarde.
Y lamentablemente (según el punto de vista, claro) las redes sociales han multiplicado ese impulso. Publicar el primer día de gimnasio, la matrícula en un curso o el billete de un viaje se ha convertido en algo habitual.
El problema no está en compartir, sino en que el aplauso llega antes que el esfuerzo, y a veces lo sustituye.
Por eso la frase incomoda un poco. Obliga a preguntarse cuántas cosas se empezaron con anuncio y cuántas se terminaron en silencio, o al revés.
¿Y qué se trae de vuelta al final del camino?
El segundo verbo del proverbio, regresar, también tiene su peso. No basta con llegar a la meta: hay que volver. El regreso es el momento en que la experiencia se convierte en relato, cuando quien ha recorrido el camino puede explicar lo que ha visto, lo que salió mal y lo que aprendió.
Visto así, presumir al volver deja de ser vanidad. Es dar cuenta de algo real, con pruebas. Quien regresa ya no necesita exagerar, porque los hechos hablan por él.
Por otro lado, la cultura occidental tiene sus propias versiones de esta idea:
- En la Biblia, el rey Acab responde a un enemigo que le amenaza: «No se alabe tanto el que se ciñe las armas como el que las desciñe» (1 Reyes 20, 11).
- El refranero español advierte de que no conviene vender la piel del oso antes de cazarlo.
- Heródoto atribuye al legislador griego Solón la idea de que no se puede llamar feliz a nadie hasta conocer el final de su vida.
Según el propio Heródoto, Creso, el rey de Lidia que se tenía por el hombre más afortunado del mundo, recordó aquellas palabras de Solón años después: ya derrotado por Ciro, y atado sobre la pira en la que iban a quemarle.