Qué quería decir Epicteto cuando dijo: «Es absurdo pedir a los dioses aquello que uno no se puede procurar por sí mismo»
El filósofo estoico defendía que muchas veces buscamos fuera de nosotros soluciones que dependen de nuestras propias decisiones
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Epicteto dedicó buena parte de su filosofía a una pregunta que continúa siendo sorprendentemente actual, ya que ¿qué está realmente bajo nuestro control? El filósofo estoico consideraba que una de las principales fuentes de frustración humana aparece cuando esperamos que otras personas, la suerte o incluso los dioses solucionen aquello que podemos intentar resolver mediante nuestras propias acciones. De ahí surge una reflexión muy propia de su pensamiento. «Es absurdo pedir a los dioses aquello que uno no se puede procurar por sí mismo».
La clave está en actuar
La frase resume uno de los principios fundamentales de la filosofía de Epicteto, ya que hay que distinguir aquello que depende de nosotros de aquello que escapa a nuestro control. En el Enquiridión, recopilación de sus enseñanzas elaborada por su discípulo Arriano, el filósofo Epicteto señala que nuestras opiniones, deseos, aversiones y decisiones pertenecen a la esfera que sí podemos gobernar. En cambio, el cuerpo, las propiedades, la reputación o los cargos dependen de circunstancias externas.
Por eso, el filósofo no planteaba que el ser humano tuviera que dejar de recurrir a los dioses. Su pensamiento religioso estaba profundamente integrado en su visión del mundo. Lo que rechazaba era pedir ayuda sobrenatural para aquello que está al alcance de nuestra propia voluntad. En uno de sus ejemplos más conocidos, llega a plantear que si una persona tiene manos, resulta absurdo sentarse a rezar para que deje de gotearle la nariz en lugar de limpiársela.
No esperar lo que puedes hacer
La enseñanza tiene una aplicación muy sencilla en la vida cotidiana. Si alguien quiere aprender una habilidad, mejorar su comportamiento, estudiar para un examen o reparar una relación, esperar que la situación cambie por sí sola puede convertirse en una forma de renunciar a la propia responsabilidad. Para Epicteto, la acción comienza cuando reconocemos qué parte del problema está realmente en nuestras manos.
Esto no significa que todo dependa de nosotros. Precisamente, el estoicismo establece una frontera muy clara entre nuestras decisiones y los acontecimientos externos. Podemos estudiar, pero no controlar completamente el resultado de un examen, ya que podemos comportarnos correctamente, pero no decidir lo que otra persona pensará de nosotros. El concepto de libertad consiste en concentrarse en aquello sobre lo que sí podemos actuar.
Para Epicteto, esta manera de pensar no era simplemente un método para ser más productivo, sino una vía hacia la libertad interior. En sus Discursos sostiene que nadie puede obligarnos a aceptar como verdadero algo que consideramos falso ni controlar por completo nuestra capacidad de decidir. Incluso frente a circunstancias externas difíciles, nuestra respuesta continúa siendo un ámbito propio.