Psicología

Los psicólogos expertos coinciden: los adultos que piden perdón constantemente no lo hacen por educación, en realidad es una señal de baja autoestima

Imagen generada con IA.
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Aitana Pascual
  • Aitana Pascual
  • Aitana Pascual Cuesta (2001) es estudiante de Periodismo en la Universidad Francisco de Vitoria de Madrid desde el 2023. Escogió esta profesión por su gran vocación con la comunicación y la escritura. Hoy en día, tiene mucho interés por la historia, deportes y actualidad. Su principal objetivo es seguir formándose y aprender a contar los sucesos de forma clara y rigurosa.

«Perdona por molestar», «lo siento por preguntar» o «perdón, quizá sea una tontería». Algunas personas utilizan estas expresiones tantas veces al día que terminan convirtiéndolas en una respuesta automática. Aunque pedir disculpas es una herramienta fundamental para reparar errores y cuidar las relaciones, hacerlo incluso cuando no se ha causado ningún daño puede estar relacionado con el temor a incomodar a los demás. La psicología señala que detrás de este comportamiento pueden existir diferentes motivos, desde una costumbre comunicativa hasta la necesidad de aprobación o una percepción negativa de uno mismo.

Cuando pedir perdón deja de ser educación

Disculparse es saludable cuando reconocemos que hemos cometido un error, hemos herido a alguien o tenemos una responsabilidad que asumir. El problema aparece cuando una persona siente que debe disculparse por necesidades cotidianas, como pedir ayuda, expresar desacuerdo o solicitar que se respete su tiempo.

En esas situaciones, el «perdón» puede funcionar como una forma de reducir la tensión y anticiparse a una posible crítica. Si la persona ha aprendido que disculparse evita discusiones o reacciones negativas, puede terminar utilizando esa estrategia incluso cuando no existe un conflicto real. Sin embargo, no se puede determinar la causa únicamente por escuchar esta palabra con frecuencia.

La relación con la autoestima y el miedo al rechazo

La psicóloga Olga Merino explica que este hábito puede estar relacionado, en algunos casos, con una autoestima baja y con la manera en que una persona interpreta sus propias acciones. Quien teme molestar puede llegar a considerar que sus preguntas, opiniones o necesidades suponen una carga para los demás.

La investigación científica también ha estudiado las consecuencias sociales de disculparse con demasiada frecuencia. Un trabajo publicado en 2023, firmado por Karina Schumann, Emily G. Ritchie y Amanda Forest, encontró que las personas que se disculpan habitualmente suelen ser percibidas como más cercanas y amables, pero también como menos asertivas. Esto no demuestra que tengan necesariamente baja autoestima, sino que el comportamiento puede influir en cómo las valoran los demás.

Las señales que conviene observar

Entre los comportamientos que pueden acompañar este patrón están la dificultad para decir «no», la necesidad de justificar decisiones personales, el miedo a decepcionar y la sensación de culpa al expresar una necesidad. También puede aparecer ansiedad ante la posibilidad de que otra persona se enfade.

Ninguna de estas señales constituye por sí sola un diagnóstico. La frecuencia de las disculpas, el contexto y las emociones que las acompañan son importantes para comprender qué está ocurriendo.

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