La psicología aclara que las personas que no beben alcohol no son aburridas, en realidad han desarrollado autoconciencia
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El alcohol actúa como un depresor del sistema nervioso central, ralentizando la actividad cerebral. Aunque a corto plazo puede provocar una sensación de relajación y desinhibición, su consumo prolongado afecta al funcionamiento del lóbulo prefrontal, relacionado con la toma de decisiones y el autocontrol. También altera los circuitos cerebrales del placer y la recompensa, relacionados con la dopamina. Con el tiempo, el cerebro desarrolla mecanismos de adaptación para compensar la presencia constante de alcohol, lo que favorece la aparición de tolerancia y dependencia.
Al dejar de consumir alcohol, el cerebro experimenta una reorganización neuroquímica que explica buena parte de los síntomas físicos y emocionales de este proceso. Los niveles de dopamina, alterados por el consumo, necesitan tiempo para recuperar su equilibrio, lo que puede provocar inicialmente desmotivación o dificultad para sentir placer. También se producen cambios en el GABA y el glutamato, dos neurotransmisores que regulan la actividad cerebral y cuyo desequilibrio puede favorecer la ansiedad, el insomnio y la irritabilidad. Por su parte, la serotonina, relacionada con el estado de ánimo y el sueño, también necesita tiempo para estabilizarse.
Qué dice psicología sobre las personas que no beben alcohol
“Cuando tú quedas con tu amigo Alberto y con tu amiga Sonia un sábado a las 10 de la noche para salir y te das cuenta de que es la una, te has tomado tres Coca-Colas, has ido al baño cinco veces, estás incómodo porque ellos están bebiendo y tú no. Al salir del establecimiento, miras hacia atrás y ves a tus amigos riéndose. No se ríen de ti, se están riendo porque ya se sienten aliviados de poder disfrutar la noche sin ti y con el alcohol. Eso es muy duro porque te das cuenta de que no tienes amigos», reflexiona el doctor Gabriel Rubio, psiquiatra experto en adicciones.
Pero, ¿realmente las personas que no beben alcohol son aburridas? En realidad no. Ser abstemio favorece una mayor estabilidad emocional, ya que el alcohol intensifica las emociones negativas y dificulta la manera de afrontar determinadas situaciones. Al evitar las bebidas alcohólicas, es mucho más sencillo aprender a reconocer y gestionar los sentimientos y las emociones de forma más consciente, desarrollando herramientas para afrontar el estrés y las dificultades de una manera más saludable.
Dejar el alcohol también puede ayudar a conocerse mejor y a mostrarse ante los demás de una forma más auténtica. En ocasiones, esta sustancia se convierte en un recurso para afrontar la inseguridad en contextos sociales y, al prescindir de ella, se aprende a enfrentar las propias vulnerabilidades y a desarrollar mejores habilidades de comunicación. Aunque al principio puede resultar difícil, con el tiempo las conversaciones pueden volverse más naturales y las relaciones personales, más sinceras y profundas.
Una de las creencias más extendidas es que el alcohol facilita las relaciones sociales porque reduce temporalmente las inhibiciones y genera una sensación de desinhibición. Sin embargo, divertirse no depende necesariamente de beber. Las personas abstemias pueden desarrollar estrategias para desenvolverse en situaciones sociales, como iniciar conversaciones, expresar sus opiniones o participar en actividades que les resulten interesantes. Estas habilidades se construyen mediante la experiencia y la confianza personal.
Otra característica que acompaña a la decisión consciente de no beber es la capacidad para establecer límites personales. En ocasiones, rechazar una copa puede provocar preguntas insistentes, y aprender a responder sin sentirse obligado a justificarse es una habilidad fundamental. No es necesario dar explicaciones detalladas sobre los hábitos personales ni convencer a los demás de la decisión.
«Para una persona adulta con una autoestima basada en la experiencia, estas situaciones pueden gestionarse, aunque resulten incómodas. Pero para una adolescente, que aún necesita sentirse incluida y validada por el grupo, esta presión puede ser especialmente peligrosa. Si ya es difícil decir «no» cuando apenas conoces tus propios límites, mucho más cuando tu entorno responde con extrañeza o burla ante la decisión de no beber. Esa necesidad de encajar puede llevar a consumir alcohol sin desearlo realmente», explica Madrid Salud.
El mito de la copa de vino
Uno de los estudios más amplios sobre el consumo de alcohol, publicado en la revista médica The Lancet, concluyó que no existe un nivel de consumo completamente seguro para la salud. Según el informe, el alcohol estuvo relacionado con 2,8 millones de muertes en todo el mundo en 2016. Además, se considera uno de los principales factores de riesgo de muerte prematura y discapacidad.
A pesar de estas evidencias, el 18 % de los españoles sigue creyendo que beber alcohol con moderación puede ser saludable. Durante años, incluso algunos profesionales sanitarios recomendaron tomar una copa de vino al día. La Sociedad Española de Cardiología recuerda que el vino, especialmente el tinto, contiene polifenoles, compuestos con propiedades antioxidantes y antiinflamatorias. Sin embargo, esto no significa que deba consumirse con fines medicinales. Aunque algunas investigaciones han apuntado a posibles beneficios cardiovasculares en determinados grupos de edad, la evidencia actual indica que estos no compensan los riesgos asociados al consumo de alcohol.