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Truco de cocina

Ni harina ni pan rallado: el sencillo truco japonés para empanar cualquier filete y dejarlo extra-crujiente

El empanado es uno de los recursos más habituales en la cocina diaria, pero no siempre ofrece el resultado esperado. Frente a eso, un truco que llega desde la cocina japonesa propone una alternativa al rebozado clásico para empanar cualquier filete y conseguir una textura extra crujiente, sin recurrir a los ingredientes de siempre.

En ese contexto, una receta inspirada en la cocina japonesa propone darle una vuelta al rebozado tradicional. La clave está en un ingrediente simple, fácil de conseguir y con un uso poco habitual en este tipo de preparaciones.

¿Cuál es el truco japonés para lograr un empanado extra-crujiente sin pan rallado?

El secreto está en usar arroz inflado triturado como una versión casera del panko japonés. En lugar de pan rallado, el arroz inflado aporta una cobertura más liviana, irregular y aireada, que al freírse genera un acabado mucho más crocante. No se tritura hasta convertirlo en polvo: la idea es que queden pequeños trozos desparejos, responsables de esa textura final tan marcada.

La clave: usar arroz inflado triturado para el empanado. Imagen de Freepik.

Este rebozado se combina con una mezcla de harina, maicena y condimentos, y se aplica sobre el pollo previamente pasado por harina y huevo. El resultado es un empanado firme, dorado y con un crujido que se mantiene incluso después de reposar unos minutos.

Cómo preparar pollo empanado extra-crujiente con arroz inflado

La receta original utiliza muslos de pollo deshuesados, aunque puede adaptarse sin problema a pechugas u otros cortes. Primero, el pollo se deja macerar durante una hora en caldo, sal y pimienta. Luego se cocina a baja temperatura, sellado al vacío, durante 90 minutos a 60 °C, lo que permite obtener una carne muy jugosa antes del rebozado.

Mientras tanto, se prepara la cobertura. El arroz inflado apenas se tritura, evitando que quede demasiado fino. Esa base se mezcla con harina, maicena, ajo en polvo, pimienta, sal y comino hasta lograr un conjunto homogéneo. En platos separados se dispone harina común y huevos batidos con una pizca de sal.

Una vez cocido, el pollo se seca bien con papel de cocina. Luego se pasa primero por harina, después por el huevo y, por último, por la mezcla de arroz inflado, presionando ligeramente para que el rebozado se adhiera de manera uniforme.

El paso final para un resultado perfecto

Con aceite abundante bien caliente, el pollo se fríe durante aproximadamente un minuto por lado, solo hasta que el rebozado toma un color dorado intenso. Como la carne ya está cocida, este paso sirve únicamente para lograr el acabado crujiente. Al retirarlo, se deja escurrir sobre papel absorbente para eliminar el exceso de aceite.

El resultado es un pollo empanado distinto al tradicional, con una textura más marcada y un crujido que se percibe desde el primer bocado. Una alternativa simple, inspirada en el panko japonés, que demuestra que cambiar un solo ingrediente puede transformar por completo un plato clásico.

Este truco japonés demuestra que no siempre hace falta recurrir a técnicas complejas para mejorar una receta clásica. Con un pequeño cambio en el empanado, es posible transformar un simple filete en un plato con una textura distinta, más crujiente y atractiva, ideal para salir de la rutina sin complicar la preparación en la cocina diaria.