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Los expertos en plantas coinciden: «Nunca riegues una planta echándole un chorrito de agua»

Regar las plantas
Janire Manzanas
  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

Joan Calderón, experto en jardinería y creador de contenido en redes sociales, advierte sobre uno de los errores más comunes al cuidar plantas. «No riegues nunca tus plantas de esta manera, lo haces a diario pensando que está bien y ni siquiera te das cuenta del daño que les estás causando», comienza explicando. Y continúa: «La mayoría de plantas que terminan muriendo no es por falta de cuidados, sino por la forma en la que las regamos».

Muchas plantas acaban mal por exceso de agua o por un riego incorrecto. El error está en poner un poco de agua cada día, siempre a la misma hora», explica, señalando que «eso sólo consigue mojar la capa más superficial de la tierra, pero el agua no llega a las zonas profundas donde están las raíces que realmente absorben los nutrientes». Como consecuencia, la planta puede estar «mojada por arriba y completamente seca por abajo».

¡No riegues tus plantas de esta forma!

@jardineriacalderoJamás riegues tus plantas de esta forma❌♬ sonido original – JardineriaCalderon

Pero, ¿cuál es la forma correcta de hacerlo? «Lo ideal es regar de forma abundante, echar agua hasta que veas que empieza a salir por los agujeros de drenaje de la maceta. Así consigues que todo el cepellón quede hidratado», comenta, recordando que después hay que retirar el agua sobrante del plato para evitar que las raíces permanezcan encharcadas. Después, recomienda esperar a que la tierra vuelva a secarse antes del siguiente riego.

«No riegues nunca si la tierra todavía está húmeda», avisa, indicando que una forma sencilla de comprobarlo es introducir los dedos en la tierra. «Muchas plantas no mueren porque no tengan agua, sino porque reciben demasiada o porque se riegan de una forma incorrecta», concluye.

Los mejores trucos

Según los jardineros, el mejor momento para regar las plantas es al amanecer, cuando la temperatura del ambiente y de la tierra todavía es baja; de esta manera, el agua tarda mucho más en evaporarse y las raíces tienen más tiempo para absorberla correctamente. Este proceso está relacionado con el propio ritmo natural de las plantas. Si no se puede regar por la mañana, otra buena opción es hacerlo a última hora de la tarde.

Para mejorar la retención de agua y reducir el consumo de riego, es recomendable acolchar la base de las plantas con materiales orgánicos o mulching. Este sistema reduce la evaporación, puede ahorrar hasta un 40 % de agua, limita el crecimiento de malas hierbas y ayuda a mantener el suelo húmedo y menos compacto.

Otra opción es utilizar sustratos con geles, especialmente en suelos que se han secado y tienen dificultad para absorber agua de nuevo. Estos productos ayudan a conservar la humedad y mejoran la capacidad del sustrato para rehidratarse, permitiendo un uso más eficiente del agua y reduciendo la frecuencia de riego.

Especies y tipo de riego

Entre las plantas más resistentes y que necesitan menos agua destacan la adelfa (Nerium oleander), con una floración espectacular y gran capacidad de adaptación; la lavanda (Lavandula), perfecta para zonas soleadas, aromática y muy valorada por atraer polinizadores; y el romero (Rosmarinus officinalis), que soporta bien el calor, aporta valor ornamental y además tiene utilidad culinaria. Asimismo, el Pittosporum tobira, un arbusto robusto y versátil ideal para setos y borduras, y la photinia, apreciada por su buena resistencia a las altas temperaturas, son muy buenas opciones.

Las plantas de flor necesitan un riego constante, manteniendo el sustrato ligeramente húmedo pero sin encharcarlo. Los cambios bruscos entre sequedad extrema y riegos abundantes pueden afectar a la floración, por lo que es importante buscar equilibrio y evitar mojar directamente las flores.

En las plantas aromáticas, el riego depende de la especie: la albahaca o la menta requieren más humedad, mientras que el romero, el tomillo y la lavanda prefieren suelos más secos y con buen drenaje. En general, muchas aromáticas sufren más por exceso de agua que por falta.

En un huerto urbano, la clave es mantener una humedad estable. Cultivos como tomates, lechugas o fresas necesitan una tierra húmeda pero aireada, evitando tanto los periodos de sequía como los encharcamientos. También conviene no mojar demasiado las hojas y asegurar un buen drenaje para evitar problemas. En muchos casos, el riego por goteo es una buena opción para mantener una hidratación regular y favorecer un crecimiento saludable.

Finalmente, incluso con un buen drenaje, mantener la tierra constantemente húmeda puede impedir que el aire llegue correctamente a las raíces y afectar a la salud de la planta. Algunos signos de exceso de riego son la falta de nuevos brotes, las hojas amarillas o un aspecto marchito, aunque este último síntoma también puede indicar falta de agua. Para saber qué ocurre, lo mejor es comprobar la humedad del suelo: si la tierra sigue mojada, probablemente se está regando demasiado; si está seca, la planta necesita más agua.

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