Reflexión

La brillante reflexión de Séneca, filósofo estoico nacido en Córdoba: «No es que tengamos poco tiempo, sino que perdemos mucho»

Busto de Seneca. Foto: I, Calidius, CC BY-SA 3.0, vía Wikimedia Commons
Busto de Seneca. Foto: I, Calidius, CC BY-SA 3.0, vía Wikimedia Commons
  • Naiara Philpotts
  • Editora formada en la Universidad de Buenos Aires, con posgrado en lectura crítica. Escribo sobre ciencia, tecnología y actualidad. Soy escritora de novelas y gran aficionada a la ciencia ficción.

Lucio Anneo Séneca nació en Córdoba (la antigua Corduba romana) hacia el año 1 a. C. y murió en Roma en el 65 d. C. Fue una de las grandes figuras del estoicismo romano. Filósofo, escritor y dramaturgo, ejerció también como tutor del futuro emperador Nerón durante más de una década.

La reflexión de Séneca «No es que tengamos poco tiempo, sino que perdemos mucho» es uno de los pasajes más reproducidos de su obra filosófica. Procede del ensayo De Brevitate Vitae («Sobre la brevedad de la vida», en español), escrito hacia el año 49 d. C., en el que Séneca desarrolla una de las ideas más influyentes del pensamiento estoico sobre el uso del tiempo.

¿Qué decía Séneca sobre el tiempo en De Brevitate Vitae?

El ensayo iba dirigido a Pompeyo Paulino, suegro de Séneca, y desarrolla la tesis de que la vida no es en sí misma breve. Lo que la acorta es el tiempo entregado a ocupaciones vacías o inútiles que consumen los años sin dejar nada con sentido.

El ensayo identifica a quienes malgastan su tiempo en distintos grupos. Los ambiciosos (absorbidos por la búsqueda de poder), los entregados al placer y quienes viven presos de la preocupación constante llegan al final de la vida sin haber reflexionado sobre qué hacían con ella. Séneca los llama los «ocupados» (occupati).

En el texto original latino, la frase aparece como:

«Non exiguum temporis habemus, sed multum perdidimus», que en español es: «No es que tengamos poco tiempo, sino que perdemos mucho».

Por qué la reflexión de Séneca sobre el tiempo perdura dos mil años después

La observación de Séneca parte de una premisa estoica, la cual dice que el tiempo es el único recurso que no se recupera. Mientras el dinero se puede ganar de nuevo y la salud a veces se restaura, el tiempo que ya ha pasado no vuelve. Esa idea anticipa debates contemporáneos sobre la atención sostenida, la distracción y el valor de elegir qué merece las horas de cada día.

Las obras de Séneca tuvieron un papel importante en el Renacimiento europeo, cuando los humanistas redescubrieron los textos estoicos. Figuras como Erasmo de Rotterdam y Montaigne los leyeron y los citaron.

En el siglo XXI, el estoicismo es una de las corrientes filosóficas antiguas con mayor presencia en la cultura popular y en el ámbito del desarrollo personal, con Séneca como uno de sus referentes más accesibles en lengua española.

Séneca, el filósofo cordobés que fue consejero de Nerón

Séneca creció en Roma a pesar de haber nacido en Córdoba, en la provincia romana de la Bética. Su padre, conocido como Séneca el Viejo, era un rétor, es decir, un maestro de oratoria, de reconocida reputación en su época.

La familia se trasladó a Roma cuando Séneca era niño, y allí estudió las principales corrientes filosóficas, con especial atención al estoicismo.

Cuando Nerón accedió al trono en el año 54 d. C., Séneca ya era su tutor y pasó a ser uno de sus principales consejeros de Estado. El período inicial del reinado de Nerón fue considerado moderado en parte por la influencia de Séneca y del prefecto Burro, quienes intentaron limitar los excesos del joven emperador.

La relación con Nerón se deterioró con el tiempo. En el año 65 d. C., lo acusaron de participar en la Conspiración de Pisón, un complot para asesinar al emperador. Nerón le ordenó quitarse la vida.

Séneca murió con la serenidad que su propia filosofía prescribía para ese trance.

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