Tradición

Dani, un joven asturiano, compra una cabaña de pastores de más de 200 años y la reforma con la ayuda de su antiguo dueño: «En 1995 había 60 teitos en pie, hoy solo quedan 35 o 40»

Dani
Dani restaura el teito con ayuda de su antiguo dueño. Imagen de Youtube @hilux_aventura.

En las montañas asturianas, muchas construcciones de pastores con cubierta vegetal llevan años cayéndose en silencio: ya no quedan ganaderos que las usen y cada vez hay menos gente que sepa mantenerlas. Un joven de la zona ha decidido plantarle cara a esa pérdida comprando uno de estos teitos para restaurarlo y, de paso, aprender un oficio que corre el riesgo de desaparecer.

Se llama Dani, es de Corés y ha comprado la cabaña a un paisano en la braña de La Pornacal, en Villar de Vildas, dentro de Somiedo. Su antiguo dueño, Eladio, de 83 años, le enseña ahora cómo se arregla el tejado. El dato que mejor resume lo que está en juego lo da el propio Dani: en una fotografía de 1995 se veían 60 cabañas en pie en esa braña y hoy solo quedan entre 35 y 40.

Una cabaña de pastores que se resiste a caer

Nacido y criado en la zona, Dani confiesa en un video de Youtube de @hilux_Aventuras que «ver que los teitos cada año van a menos» le duele. Por eso decidió comprar este en familia: su padre es cantero y su madre, según cuenta, sabe hacer de todo. La idea es restaurar la cabaña sin tocar su estructura ni sus pesebres, dejándola como nueva: se conservará la entrada que desagua el orín de las vacas, se rejuntarán las paredes del mismo color y se sanearán los cabrios atacados por la carcoma.

Así se veían en 1983. Imagen de Youtube @hilux_aventura.
Así se veían en 1983. Imagen de Youtube @hilux_aventura.

La cabaña refleja cómo funcionaban las brañas de verano, adonde las familias subían con el ganado de mayo a octubre. Abajo está la cuadra, arriba el pajar y fuera el cabano, donde vivían los ganaderos, con un banco de madera que, según calcula quien guía el recorrido en el vídeo, tendrá unos 200 años.

Cómo es el oficio de teitar

El tejado se hace con escoba, un arbusto del monte que se agrupa en fardos llamados faces: antes de 30 o 40 kilos, ahora de 20. Cada año se coloca una capa nueva sobre la anterior, sin retirar la vieja, y así la cabaña se va impermeabilizando.

Lo más duro es cortarla: solo sirve una variedad concreta, en sitios de acceso complicado, y Dani y su padre acabaron con los brazos llenos de heridas. Hay que hacerlo con sol y en menguante, cuando la savia está abajo; si no, se rompe. Por eso aprovechan el de septiembre.

Eladio aporta lo que no está en ningún manual: corrige el largo de cada manojo, explica que las escobas menudas son las que mejor tapan y pide apretarlas hacia arriba, dos juntas y una en medio. Dani lo reconoce: sin su ayuda «nos hubieran volado con el primer día de aire».

Qué es un teito y por qué ha durado tanto

La palabra teito es una voz asturleonesa que designa una cubierta de material vegetal y, por extensión, el edificio entero. Procede del latín tēctum, igual que el castellano techo.

En el noroeste de España fue la cubierta predominante hasta el siglo XX por su capacidad aislante: puede mantener en torno a 15 °C una estancia calentada con fuego en invierno, aunque fuera las mínimas medias no superen los 2 °C. Bien hecho y reparado con regularidad, dura unos veinte años.

Su gran inconveniente era el riesgo de incendio, que llegó a destruir pueblos enteros y acabó impulsando su sustitución por la losa o la teja. Hoy son cuatro los vecinos que vuelven a teitar en la braña, y el Ayuntamiento arregló uno hace tres años. Mientras haya quien quiera aprender, apuestan por que estos lugares sigan teniendo futuro.

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