Jardines y plantas

Antiguamente, la gente siempre plantaba un laurel en la esquina de su casa; décadas después, los constructores están redescubriendo el por qué

El laurel no debe colocarse pegado al muro. Lo recomendable es dejar una separación aproximada de entre 50 y 80 centímetros

Lo que antes parecía una tradición sin explicación podría tener una base mucho más racional de lo que se pensaba

Su interés surge tanto por su resistencia como por su utilidad en jardines domésticos

El aire acondicionado tiene los días contados: esta es la fecha para el fin de su comercialización según Europa

Marruecos descubre una solución a la sequía y se convierte en referente para el resto del mundo

¿Cómo se dice correctamente, 'la calor' o 'el calor'? El veredicto de la RAE no deja lugar a dudas, aunque en algunas regiones de España se diga distinto

Antiguamente, la gente siempre plantaba un laurel en la esquina de su casa; décadas después, los constructores están redescubriendo el por qué

Durante generaciones, muchas viviendas contaban con un laurel plantado junto a la fachada o en alguna de las esquinas del jardín. Para algunos era una simple costumbre heredada, mientras que otros atribuían a este árbol propiedades protectoras o incluso simbólicas. Sin embargo, más allá de las creencias populares, arquitectos, paisajistas y especialistas en jardinería han empezado a fijarse de nuevo en las ventajas prácticas que ofrece el laurel cuando se sitúa estratégicamente alrededor de una vivienda. Lo que antes parecía una tradición sin explicación podría tener una base mucho más racional de lo que se pensaba.

El laurel (Laurus nobilis) no solo destaca por su valor culinario y ornamental. Se trata de una especie resistente, de hoja perenne y con una gran capacidad para adaptarse a diferentes condiciones climáticas del área mediterránea. Gracias a su denso follaje y a su crecimiento relativamente controlado, puede actuar como una barrera natural frente al viento, el sol y parte de la humedad ambiental. Su interés surge tanto por su resistencia como por su utilidad en jardines domésticos, donde puede realizar funciones mucho más amplias que las puramente decorativas.

Colocar un laurel en la casa: una tradición con fundamento práctico

En la web Truc Mania, un artículo explica que durante décadas fue habitual plantar laureles cerca de las esquinas de las viviendas, especialmente en zonas donde las construcciones estaban más expuestas a los cambios meteorológicos.

Las esquinas suelen ser uno de los puntos que reciben con mayor intensidad las ráfagas de viento y el impacto directo de la lluvia. La presencia de un arbusto compacto como el laurel ayuda a amortiguar parcialmente esos efectos, creando una barrera vegetal que reduce la incidencia directa sobre muros y fachadas.

Aunque no sustituye ningún sistema constructivo, sí puede contribuir a proteger determinadas zonas exteriores frente a la acción continuada de los elementos.

Un regulador natural de la temperatura

Otra de las ventajas más interesantes del laurel reside en su capacidad para generar sombra durante los meses más cálidos.

Al mantener sus hojas durante todo el año, ofrece protección constante frente a la radiación solar. Cuando se planta respetando una distancia adecuada respecto a la vivienda, puede ayudar a disminuir ligeramente la temperatura en determinadas áreas del jardín o de la fachada, reduciendo el calentamiento excesivo de algunas superficies.

En invierno, su follaje también actúa como pantalla frente a los vientos fríos, creando un pequeño microclima alrededor de la vivienda.

La importancia de plantarlo correctamente

Los especialistas coinciden en que la ubicación para dejar el laurel resulta determinante para aprovechar todas sus ventajas.

El laurel no debe colocarse pegado al muro. Lo recomendable es dejar una separación aproximada de entre 50 y 80 centímetros, dependiendo del espacio disponible y del desarrollo previsto de la planta.

Esta distancia permite que las raíces crezcan con normalidad y evita que las ramas rocen continuamente la fachada conforme el ejemplar aumenta de tamaño. Además, facilita la circulación del aire y reduce la acumulación de humedad junto a la pared.

Un árbol resistente y fácil de mantener

Uno de los motivos por los que el laurel ha permanecido durante siglos en jardines y patios es su extraordinaria resistencia.

Tolera bastante bien la sequía una vez establecido, soporta las podas y presenta una larga vida útil con unos cuidados relativamente sencillos. Prefiere los suelos bien drenados y las exposiciones soleadas o de semisombra, aunque también puede desarrollarse correctamente en macetas de gran tamaño.

La Royal Horticultural Society recomienda realizar podas ligeras para mantener una forma compacta y favorecer un crecimiento equilibrado.

Mucho más que un ingrediente de cocina

Aunque la mayoría de las personas relaciona el laurel con guisos y estofados, sus usos van mucho más allá.

Sus hojas contienen aceites esenciales muy apreciados desde la Antigüedad y el árbol posee un importante valor ornamental gracias a su color verde intenso durante todo el año. Además, al tratarse de una especie perenne, aporta estructura al jardín incluso durante los meses de invierno, cuando otras plantas pierden completamente el follaje.

Por este motivo, resulta frecuente encontrarlo formando parte de setos, jardines mediterráneos o entradas de viviendas.

Naturaleza al servicio de la vivienda

Cada vez más arquitectos y paisajistas defienden la integración de vegetación en el diseño de las viviendas para mejorar el confort térmico y la sostenibilidad.

La utilización estratégica de árboles y arbustos permite reducir parcialmente el impacto del sol, mejorar la calidad ambiental y favorecer una mayor biodiversidad en el entorno doméstico. En ese contexto, el laurel representa una alternativa interesante por combinar belleza, resistencia y funcionalidad sin requerir un mantenimiento especialmente complejo.

El Real Jardín Botánico-CSIC recuerda que muchas especies tradicionales del paisaje mediterráneo han sido seleccionadas durante siglos precisamente por su adaptación al clima y por los beneficios que ofrecen tanto a las personas como al entorno.

Plantar un laurel cerca de casa sigue siendo una decisión con múltiples ventajas. Más allá de la tradición, su capacidad para proteger determinadas zonas de la vivienda, proporcionar sombra, soportar diferentes condiciones climáticas y embellecer el jardín explica por qué esta costumbre continúa vigente.

Lo último en Curiosidades

Últimas noticias