5 zonas del cuerpo que provocan el olor a viejo después de los 60 años: «Hay que lavarlas todos los días»
Los humanos caminamos en sentido contrario a las agujas del reloj
Las chinches de cama llegan en otoño pero los expertos coinciden: hay un truco infalible para mantenerlas alejadas de tu casa
Julio Cortázar, escritor argentino, sobre la resiliencia: "Nada está perdido si se tiene el valor de proclamar que todo está perdido y hay que empezar de nuevo"

La higiene diaria no tiene por qué ser complicada ni implicar una gran cantidad de productos. Lo más importante es que la rutina sea suave y adaptada a las necesidades de la piel y del organismo. Después de los 60 años, conviene prestar especial atención a la boca, la piel, los pies y aquellas zonas del cuerpo donde tienden a acumularse la humedad y el sudor.
Sin embargo, es importante recordar que algunos cambios no se pueden solucionar simplemente mejorando la higiene. Un olor desagradable persistente, erupciones, heridas, dolor, alteraciones en la piel o problemas en el sentido del olfato pueden requerir una valoración profesional. Por eso, cuidar el cuerpo no significa luchar contra el paso de los años; al contrario, es una forma de cuidar el bienestar y prestar atención a la salud.
Las zonas del cuerpo que provocan olor a viejo
En una entrevista concedida a El País, el químico José María Antón, experto en biotecnología del CSIC y presidente fundador del grupo Prima-Derm, explicó que el olor a viejo está relacionado con una molécula concreta. Las primeras investigaciones sobre este fenómeno se llevaron a cabo en Japón, donde los científicos identificaron y dieron nombre al denominado olor a anciano. «Lo causa el 2-nonenal, una molécula que se genera en la piel al oxidarse de forma natural los ácidos grasos de la barrera lipídica (…). El 2-nonenal huele realmente mal. Tanto que cuando abrimos una cápsula con esa molécula en el laboratorio, todo apesta».
La lengua
La limpieza de la lengua suele quedar en segundo plano, aunque es fundamental para la higiene bucal, ya que en su superficie se acumulan residuos, bacterias y restos de alimentos, lo que puede contribuir al mal aliento. En las personas mayores, la higiene bucal adquiere especial importancia. El Instituto Nacional sobre el Envejecimiento señala que con los años son más frecuentes las enfermedades de las encías, y algunos medicamentos provocan salivación excesiva.
Por ello, es importante cepillarse los dientes con regularidad utilizando pasta dental con flúor, prestando especial atención a los espacios interdentales y a la lengua. Para ello, se puede utilizar un cepillo de cerdas suaves y un raspador lingual, evitando ejercer demasiada presión. El mal aliento que persiste a pesar de mantener una buena higiene no debería ignorarse, ya que en algunos casos puede estar relacionado con enfermedades de las encías, infecciones en la boca, sequedad bucal u otros problemas de salud.
Las fosas nasales
La nariz desempeña una función clave en la respiración, ya que calienta, humedece y filtra el aire que inhalamos. Sin embargo, durante los meses fríos, especialmente cuando el aire de las viviendas se reseca debido a la calefacción, la mucosa nasal puede irritarse.
En las personas mayores, los cambios en el sentido del olfato también pueden ser más pronunciados, y una pérdida o alteración prolongada del olfato puede estar relacionada en ocasiones con diferentes problemas de salud. Para la higiene diaria se puede utilizar suero fisiológico, pero no se recomienda limpiar la nariz de forma agresiva ni realizar lavados frecuentes sin necesidad.
Las axilas
Las axilas son una de las zonas del cuerpo donde se pueden acumular el sudor y las bacterias, lo que puede provocar mal olor, especialmente durante los días calurosos. Para mantener limpia esta zona, es suficiente con lavarlas con regularidad con un producto suave y secar bien la piel. No es necesario utilizar jabones agresivos ni frotar con fuerza, ya que estas prácticas pueden irritar todavía más la piel.
Hay que prestar especial atención si aparecen enrojecimiento, picor, heridas, erupciones, dolor o cambios que no desaparecen. En las personas con diabetes o sobrepeso, las irritaciones y las infecciones pueden ser más frecuentes. Los desodorantes o antitranspirantes pueden ayudar a controlar el mal olor y la sudoración, pero no sustituyen el lavado de la piel.
Los pies
Los pies soportan cada día una gran presión, por lo que requieren especial atención, sobre todo durante la vejez. Hay que lavarlos con frecuencia con agua templada y un jabón suave y, posteriormente, secarlos cuidadosamente, sobre todo entre los dedos. Un ambiente húmedo favorece la aparición de determinadas infecciones por hongos, por lo que conviene mantener los pies limpios y secos.
Después del lavado, se puede aplicar una crema hidratante para la piel seca, aunque es preferible evitar las cremas grasas entre los dedos, donde no es conveniente añadir humedad. Asimismo, en las personas mayores es importante revisar regularmente observar posibles heridas, grietas, cambios de color, hinchazón, callosidades o alteraciones en las uñas.
El ombligo
El ombligo es otra zona del cuerpo a la que a menudo no se presta suficiente atención, pero puede acumular sudor, restos de jabón, células muertas y otras impurezas. Por ello, hay que lavarlo suavemente durante la ducha y secarlo bien después. No es necesario frotar con fuerza ni utilizar productos agresivos.
Temas:
- Cuerpo humano
- Curiosidades
- OKD