Según un experto espacial, la órbita de la Tierra está llegando a su límite y tendrá consecuencias para la Tierra
La NASA avisa que el agujero negro de la Vía Láctea despertará
Ni chinos ni africanos: los habitantes de una remota isla del Pacífico tienen el mayor porcentaje de ADN neandertal y denisovano del mundo
Experimento futurista: EEUU arroja al mar 8.200 toneladas de arena rica en un raro mineral para acelerar la absorción de CO2 en el oceáno

La órbita terrestre baja se encuentra aproximadamente entre los 160 y los 1.930 kilómetros de altura. En esta zona, los objetos pueden desplazarse a velocidades cercanas a los 28.000 km/h, y completar una vuelta alrededor de la Tierra requiere entre 90 y 120 minutos. Según The Wall Street Journal, en más de 34.000 satélites y fragmentos de basura espacial orbitan la región, y esta cifra podría aumentar considerablemente en los próximos años. Entre 2026 y 2034 está previsto el lanzamiento de al menos 41.000 nuevos dispositivos a la órbita terrestre baja.
Se calcula que cerca de dos tercios estarán vinculados a SpaceX, Amazon y varias empresas chinas. Al mismo tiempo, se están desarrollando centros de datos orbitales, entendiendo como tal grupos de satélites equipados con procesadores especializados en inteligencia artificial. Dallas Kasaboski, analista de Analysys Mason, considera que esta tendencia podría llevar el número total de satélites hasta aproximadamente 1,5 millones.
Preocupación por la saturación de la órbita de la Tierra
Actualmente, de los más de 10.000 objetos relacionados con Starlink, la mayoría son satélites operativos que utiliza SpaceX para ofrecer servicios de Internet de alta velocidad. Cuando la posibilidad de una colisión supera las tres entre diez millones, un satélite de de la compañía mediante un un sistema de propulsión que incorpora un software diseñado específicamente para prevenir colisiones.
Aunque éstas no son muy frecuentes, los residuos pequeños son extremadamente difíciles de detectar. Si bien los sistemas de radar pueden detectar objetos con un tamaño igual o superior a una pelota de beisbol, los elementos más pequeños quedan fuera de los sistemas de seguimiento. Mark Matney, científico planetario del programa de desechos orbitales de la NASA, ha advertido de que incluso un fragmento comparable al tamaño de una partícula de pintura puede provocar daños en un satélite debido a las enormes velocidades a las que se desplazan estos objetos.
Hasta la fecha, la Agencia Espacial Europea (ESA) tiene registrados cuatro incidentes en los que estuvieron implicados objetos catalogados. Uno de los episodios más conocidos tuvo lugar en 2009, cuando un satélite de comunicaciones de Iridium chocó contra un satélite ruso de comunicaciones que se encontraba fuera de servicio. El impacto generó alrededor de 1.800 fragmentos con un tamaño de al menos 10 centímetros.
Por otro lado, la ESA señaló que entre 2019 y 2024 regresaron a la atmósfera terrestre una media de 290 objetos de más de 10 centímetros cada año. La cifra supone un aumento considerable respecto a la registrada hace una década, cuando las reentradas de objetos espaciales apenas alcanzaban las 100 anuales.
«En casi 60 años de actividades espaciales, alrededor de 6.250 lanzamientos han puesto en órbita unos 13.630 satélites, de los cuales alrededor de 8.850 permanecen en el espacio. Sólo una parte, unas 6.600, permanece operativa. Esta enorme cantidad de hardware espacial tiene una masa total de más de 10.100 toneladas», detalla National Geographic.
Posibles soluciones
El principal desafío consiste en evitar que sigan acumulándose nuevos residuos en el espacio, especialmente con el creciente despliegue de constelaciones formadas por pequeños satélites en órbitas bajas para ofrecer conexión a Internet de alta velocidad. Para protegerse frente a los objetos que ya se encuentran en órbita, numerosos satélites cuentan con escudos Whipple, una estructura exterior diseñada para reducir los daños provocados por posibles impactos. Además, existen diferentes estrategias para reducir este problema:
- Algunos satélites se colocan en órbitas elípticas cuyo punto más bajo se encuentra dentro de las capas de la atmósfera. De esta manera, con el paso del tiempo, el objeto pierde altura y termina destruyéndose durante la reentrada.
- La técnica de pasivación consiste en retirar o neutralizar las fuentes de energía que quedan a bordo una vez terminada la misión. Así se reduce el riesgo de explosiones provocadas por combustible, baterías u otros sistemas, tanto en satélites como en etapas de cohetes.
- Otra propuesta consiste en utilizar haces láser de gran potencia para modificar la velocidad de pequeños fragmentos. Al calentar y vaporizar parcialmente su superficie, se puede alterar su trayectoria y favorecer que pierdan altura hasta acabar reentrando en la atmósfera.
Para Jonny Dyer, director ejecutivo de Muon Space, la cantidad de objetos no es necesariamente el mayor riesgo. «Para mí, el riesgo no radica en la cantidad, sino en si hay personas malintencionadas que actúan de mala fe a propósito o por negligencia», afirmó. SpaceX también admite que el aumento de objetos en la órbita terrestre supone un riesgo creciente. En un documento presentado, la compañía advertía de que «a medida que aumenta el número de satélites y otros objetos en órbita terrestre baja, también crece la posibilidad de que se produzcan colisiones accidentales, fragmentaciones u otros incidentes en el espacio».
Los expertos alertan de que incluso los fragmentos más pequeños pueden causar daños importantes al impactar contra un satélite, debido a que los residuos espaciales pueden desplazarse a varios kilómetros por segundo. Por este motivo, advierten de que la órbita geoestacionaria podría terminar transformándose en un auténtico «campo de minas» si no se refuerzan los sistemas de vigilancia y seguimiento.