Éxito sorprendente de la biotecnología: un proyecto pionero de Argentina consigue que cada vaca produzca 1.5 litros más de leche
La biotecnología aplicada al campo viene ganando terreno en la ganadería argentina, y el sector lechero es uno de los que más está aprovechando estos avances para mejorar su rentabilidad sin ampliar el rodeo. Y es que el desafío en este marco es casi siempre el mismo: producir más leche por vaca sin disparar los costes de alimentación ni sumar más animales al tambo.
Hay que explicar que los tambos, en Argentina y otros países de la región sudamericana, son los establecimientos físicos de ganado que se destinan a la producción y venta de leche (u otros o productos lácteos).
En una jornada técnica realizada en Villa María, Córdoba, a comienzos de junio, se presentaron los resultados de un programa que promete justo eso. Finalmente, se consiguió más litros por vaca, con la misma dieta de base.
¿Qué hay detrás del aumento de 1,5 litros de leche por vaca?
El protagonista de esta noticia es Smartamine M, un producto de metionina protegida desarrollado por la compañía francesa Adisseo y llevado a los tambos argentinos a través de una alianza con la empresa local Bioter S.A.
Lo realmente innovador en este caso no es la molécula en sí, sino el programa nutricional que la incorpora de forma sistemática a la dieta de los tambos argentinos, algo que hasta ahora no se aplicaba de manera extendida en el país.
Según los datos presentados, la incorporación de este suplemento a la dieta logró un incremento de entre 1 y 1,5 litros de leche por vaca al día, además de una mejora de entre 0,10 y 0,15 puntos en la proteína láctea.
«La alianza con Adisseo nos permite ofrecer al productor lechero argentino algo que antes no existía: tecnología de clase mundial integrada a un programa nutricional adaptado a la realidad local», explicó Álvaro Echenique, director comercial de Bioter S.A., durante la presentación.
¿Cómo actúa exactamente la metionina protegida dentro de la vaca?
La clave aquí está en un cambio de enfoque nutricional. En lugar de calcular la dieta solo por proteína bruta, este programa balancea los aminoácidos de forma individual, empezando por la metionina, que suele ser el más limitante para una vaca lechera.
El problema de la metionina común es que se degrada en el rumen antes de llegar al resto del sistema digestivo, y buena parte de su valor nutricional se pierde en el camino.
Smartamine M resuelve eso con una protección física que resiste el pH ruminal y se libera recién en el abomaso, lo que le da una biodisponibilidad superior al 80%.
Esa metionina, ya disponible para el organismo, cumple funciones que van mucho más allá de la leche: interviene en procesos inmunológicos, hepáticos y reproductivos de la vaca.
Beneficios que van más allá de los litros de leche
El impacto no se limita a la cantidad de leche producida. Según Adisseo, corregir este aminoácido también mejora la salud y la reproducción del animal, reduce la tasa de eliminación del rodeo y aumenta la longevidad productiva de cada vaca.
Un caso documentado en un tambo de 220 vacas en Asturias ilustra el potencial del producto. ¿Cómo? Pues la proteína láctea pasó de un 3,15% a un 3,39%, con una producción de 31 litros por vaca al día durante la primavera.
Ese antecedente europeo, previo a la llegada del programa a la Argentina, es parte de lo que respaldó la decisión de adaptarlo a los tambos del país.
Parte de una ola más amplia de biotecnología en el campo argentino
El caso de Smartamine M no es un hecho aislado. La ganadería argentina viene incorporando distintas herramientas de biotecnología para mejorar su productividad sin depender solo de ampliar el rodeo.
Un ejemplo distinto, esta vez enfocado en carne y no en leche, es el trasplante embrionario que aplica un productor de 9 de Julio, en la provincia de Buenos Aires, junto al laboratorio InOva Biotech.
Con esta técnica, que combina extracción de óvulos, fertilización en laboratorio e implantación en vacas receptoras, logra hasta veinte terneros de alta genética por cada vaca donante al año.
Son caminos distintos (uno nutricional, otro reproductivo), pero desde luego apuntan en la misma dirección: producir más y mejor sin multiplicar el número de animales en el campo.