Ciencia
Científicos

Dmitri Mendeléyev: el químico que creó la tabla periódica moderna

Dmitri Mendeléyev fue el creador de la tabla periódica: así organizó los elementos y cambió para siempre la historia de la química.

La Tabla periódica, guía esencial

Científico español y la tabla periódica

Cambios en lo que sabíamos de la Tabla Periódica

  • Francisco María
  • Colaboro en diferentes medios y diarios digitales, blogs temáticos, desarrollo de páginas Web, redacción de guías y manuales didácticos, textos promocionales, campañas publicitarias y de marketing, artículos de opinión, relatos y guiones, y proyectos empresariales de todo tipo que requieran de textos con un contenido de calidad, bien documentado y revisado, así como a la curación y depuración de textos. Estoy en permanente crecimiento personal y profesional, y abierto a nuevas colaboraciones.

Si hoy entras en cualquier aula de ciencias, lo más probable es que en una pared haya un póster lleno de casillas de colores. Lo miramos y pensamos: “Ah, sí, la tabla periódica”. Tan normal. Pero hubo un momento en que esa tabla no existía y la química era, en muchos sentidos, un caos elegante: muchos elementos descubiertos, muchas propiedades anotadas… y ninguna historia que los uniera.

El hombre que se atrevió a buscar esa historia fue Dmitri Mendeléyev.

Y no lo hizo desde un laboratorio futurista ni con ordenadores. Lo hizo con papel, paciencia y una obsesión casi testaruda por encontrar patrones.

Un chico de Siberia que no lo tuvo fácil

Mendeléyev nace en 1834, concretamente en la ciudad helada y remota de Tobolsk, en Siberia. No empieza su vida en medio de las comodidades de la investigación científica ni con grandes librerías europeas. Era el hijo menor de una familia de muchos hijos, y cuando su padre quedó ciego la situación económica se tornó complicada. Fue su madre, a la que le estaba decidido que su hijo estudiara, la que se recorrió miles de kilómetros para llevarlo a San Petersburgo.

Esa escena ya dice mucho: detrás de cada gran científico suele haber alguien que creyó en él cuando todavía no era nadie.

Dmitri creció con esa mezcla de esfuerzo y oportunidad. Era brillante, sí, pero también trabajador. No era el típico genio distraído que vive en las nubes. Tenía carácter, determinación y una cierta rebeldía intelectual que más adelante resultaría clave.

La química antes del orden

En el siglo XIX, los químicos ya conocían más de 60 elementos. Sabían que el oxígeno ayudaba a arder, que el sodio reaccionaba violentamente con el agua, que el oro era resistente y brillante. Había datos, experimentos, fórmulas. Pero todo parecía una colección desordenada.

Imagina tener las piezas de un puzle sin saber cuál es la imagen final. Sabes que encajan, pero no ves el dibujo completo. Muchos científicos intentaron clasificar los elementos antes que él. Algunos los ordenaron por peso atómico, otros por semejanzas químicas. Pero ninguna propuesta terminaba de convencer. Siempre había excepciones incómodas, elementos que no encajaban.

El momento de las tarjetas

La escena es casi cinematográfica: Dmitri preparando un manual de química para sus estudiantes. Necesitaba explicar los elementos de forma clara. Así que escribió cada uno en una tarjeta con sus propiedades principales y empezó a colocarlas sobre la mesa.

Las movía, las intercambiaba, las agrupaba. Buscaba una lógica que no fuera artificial, sino natural. Y entonces empezó a notar algo: ciertas características se repetían de manera regular. Cada cierto número de elementos, aparecían comportamientos similares.

En 1869 presentó su primera versión de la tabla periódica. Pero lo verdaderamente audaz no fue ordenar lo que ya se conocía. Fue dejar huecos.

Sí, huecos. Espacios en blanco en mitad del esquema. Mendeléyev estaba convencido de que esos vacíos correspondían a elementos que aún no se habían descubierto. Y no solo eso: se atrevió a describir cómo serían. Su peso aproximado, su comportamiento, incluso algunas propiedades físicas.

Tener razón… antes de tiempo

Al principio, muchos colegas miraron su propuesta con escepticismo. No era fácil aceptar que alguien afirmara que existían elementos invisibles, basándose solo en un patrón.

Pero el tiempo empezó a jugar a su favor. Cuando se descubrieron nuevos elementos y coincidían casi exactamente con lo que él había anticipado, la duda se transformó en respeto.

No fue un triunfo instantáneo. Fue un reconocimiento que creció poco a poco, como una marea que sube sin hacer demasiado ruido.

Más que una tabla en la pared

Con el paso del tiempo, la tabla periódica se convirtió en algo más que una herramienta académica. Es una especie de mapa de la materia. Cada casilla representa un tipo de átomo, un ladrillo básico de todo lo que existe: desde el hierro de un puente hasta el calcio de nuestros huesos.

Mendeléyev no descubrió los elementos. Descubrió la melodía que los conecta.

Un legado que sigue creciendo

Dmitri Mendeléyev murió en 1907. Nunca recibió el Premio Nobel, algo que muchos consideran una deuda histórica. Sin embargo, su nombre quedó grabado en la ciencia de forma permanente: el elemento 101 se llama mendelevio en su honor.

Pero más allá de homenajes oficiales, su verdadero legado está en algo mucho más cotidiano: cada vez que alguien consulta la tabla para comprender una reacción química, está utilizando su visión.

Dmitri Mendeléyev no solo organizó los elementos químicos. Organizó una manera de pensar. Nos mostró que el conocimiento no es una colección caótica de datos, sino un tejido con estructura. Y que, si miramos con atención suficiente, incluso en el aparente desorden puede aparecer un patrón claro.

Y quizá por eso su tabla sigue colgada en las paredes. No solo como herramienta científica, sino como recordatorio de que entender el mundo es, ante todo, aprender a ver el orden que otros pasan por alto.

Lecturas recomendadas

Mendeléyev y la tabla periódica

Historia tabla periódica elementos químicos